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Jorge Luis Borges es una inagotable fuente de sorpresas.Sus Obras, sus pensamientos, su particular idiosincracia,en este jardín de senderos que se bifurcan

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Poema Soy

Soy el que sabe que no es menos vano

que el vano observador que en el espejo

de silencio y cristal sigue el reflejo

o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.


Soy, tácitos amigos, el que sabe

que no hay otra venganza que el olvido

ni otro perdón. Un dios ha concedido

al odio humano esta curiosa llave.


Soy el que pese a tan ilustres modos

de errar, no ha descifrado el laberinto

singular y plural, arduo y distinto,


del tiempo, que es uno y es de todos.

Soy el que es nadie, el que no fue una espada

en la guerra. Soy eco, olvido, nada.
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La firma de Borges

Cuando Borges visitó la Gutiérrez


La historia se hace presente en la biblioteca de múltiples formas. La más evidente sea tal vez a través de su arquitectura colonial que nos remonta a la época en que funcionaba como parada para diligencias en el camino a Chascomús. También la historia la encontramos en algunos ejemplares de libros que nos llevan a otras épocas y lugares.
Sin embargo, hay otra forma de acceder a la propia historia de la Gutiérrez y es a través del libro de visitas donde podemos encontrar firmas de ilustres personalidades que concurrieron y contribuyeron al desarrollo de las actividades culturales con su presencia. Como dice el historiador Juan Stoppini “desde su fundación, la Biblioteca Gutiérrez, realizó innumerables actividades para fomentar la cultura desde sus instalaciones. En este sentido, su salón de conferencias se enriqueció con la presencia de grandes y prestigiosas personalidades de las letras, de la ciencia y de las artes, en sus más amplias expresiones”. De esta manera, la biblioteca cuenta con la visita de personalidades como Vicente Forte, José Luis Romero, Pedro Miguel Obligado y Ernesto Sábato.

Jorge Luis Borges visitó la biblioteca en dos oportunidades. La primera vez para dar una conferencia sobre Goethe y la segunda para referirse a Estanislao del Campo, según cuenta Stoppini.

Del libro de visitas logramos rescatar la firma de Borges de una de esas visitas que aquí reproducimos como testimonio de la historia que recorrió la biblioteca desde su fundación en 1938 hasta el día de hoy.


Fuente: la Gutierrez, la Biblioteca Lomense
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La Biblioteca de Babel - según Juanito Ramírez Gronda



Estimados amigos:

En el año 1995, releyendo ese magnífico cuento del "maestro" La Biblioteca de Babel" pensé que se podía, siguiendo el texto, dibujar el espacio de la Biblioteca.

Me pasaron varias cosas curiosas. Una fue que me di cuenta de que él lo escribió dos veces: una primera donde describía un hexágono con 5 caras con libros. Después se tiene que haber dado cuenta que así no se podía conectar a otra igual, y lo cambió entonces a 4 lados con libros y dos lados libres.

JUANITO RAMÍREZ GRONDA
Arquitecto (CAPBA)
La Plata - Argentina
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Este texto es parte de la nota que Juanito adjuntó a la reproducción de su dibujo, que ponemos a consideración del mundo, ya que de muchos países siguen atentamente las publicaciones en este espacio.

El Mundo de Olga y Daniel
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Borges de puño y letra

Una tarde especial se vivió en la Feria del Libro cuando se leyó directamente desde su manuscrito original en cuento "Emma Zunz" de Jorge Luis Borges. Las páginas que atrayeron al público reflejan que el escritor tenía una concentración suprema y que se atenía a un orden previo.

Buenos Aires (ABA).- La mujer se acerca a la hoja, la mira desde todos los ángulos y se aleja, con asombro. En el margen superior pueden leerse las primeras palabras. "Emma Zunz", dice, a modo de título, con letra imprenta.

"Es la letra de él. Te lo digo en serio, no puede ser falso", le dice a su acompañante, que no puede quitar los ojos del papel amarillento que descansa con fragilidad en manos de su dueña.

La situación transcurre en un stand de la 27 Feria Internacional del Libro, e involucra a dos mujeres que no pueden creer que están en presencia de un manuscrito original del célebre escritor argentino Jorge Luis Borges.

Es que con motivo de celebrarse el Día Mundial del Libro, las autoridades de la mega exposición cultural organizaron una novedosa actividad: leyeron para más de cien personas el cuento "Emma Zunz" directamente desde las hojas caligráficas en las que Borges lo escribió, allá por 1945.

La iniciativa, pensada para atraer un número reducido de gente, terminó desbordando la sala y provocó la satisfacción completa de los organizadores, que por supuesto no esperaban tanta convocatoria.

La propietaria del histórico documento, Solange Ordóñez, coordinó el acto, que fue coronado con la lectura del texto.

Se trata de un relato que fue publicado por primera vez en 1949, en la revista Sur, pero cuyo original, escrito cuatro años antes, terminó por herencia familiar en manos de Ordóñez.

Según esta mujer explicó a "Río Negro", el cuento es único entre las obras del reconocido escritor, ya que nació de un argumento que la intelectual Cecilia Ingenieros le sugirió a Borges, una situación que jamás volvió a repetirse en toda su carrera.

"Es la única vez que Borges aceptó escribir con un argumento que no es suyo. Y eso es algo que destaca a este relato dentro de su basta obra", dijo.

Ese fue, además, uno de los principales motivos por los cuales decidieron utilizarlo como el texto apropiado para celebrar el Día Mundial del Libro.

"No es uno de los cuentos preferidos de Borges, pero está escrito de una manera magistral. Es, además, un cuento realista, con un final muy fiel a su estilo. Esos motivos son suficientes para que sea el texto indicado para esta jornada", expresó Ordóñez.

La propietaria del manuscrito afirmó además que el hecho de leer el cuento directamente desde el puño y la letra del autor produce un efecto de cercanía entre éste y el lector-oyente.

"Es como si el mismo Borges estuviera acá con nosotros, relatando su propio cuento. Y ese efecto se potencia cuando uno ve la letra del escritor, porque se sabe que la letra es un reflejo, un espejo de las personas", enfatizó.

Tanto es así que para Ordóñez, en el manuscrito de Emma Zunz pueden verse rasgos distintivos de las características de la escritura de Borges.

"Lo que este texto nos muestra es el taller de Borges, la manera en la que él trabaja sus textos. Hay escritores que trabajan en forma desordenada, caótica. Están los que llenan la hoja y no dejan margen; después los que programan su trabajo y dejan un amplio margen para hacer llamadas y correcciones", explicó.

"¿Y en el caso de Borges?", preguntó "Río Negro".

"El manuscrito nos habla de una concentración suprema y de un orden previo que aplicaba a su trabajo".

"La letra es impecable, ordenada y bien distribuida. No hay casi correcciones, y, por sobre todo, nunca tacha nada", dijo.

Y agregó: "Su método de trabajo consistía en comenzar una línea con tres opciones. Y hace cada posibilidad en cada renglón y luego elige, sin tachar. Pero hay un problema: cuando lees el manuscrito, te puedo asegurar que no sabés con cuál quedarte, porque las tres son fabulosas".

Lucas Colonna
Fuente:http://www.rionegro.com.ar/arch200104/c26j01.html
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El viaje en globo de Borges

Como lo demuestran los sueños, como lo demuestran los ángeles, volar es una de las ansiedades elementales del hombre. La levitación no me ha sido aún deparada y no hay razón alguna para suponer que la conoceré antes de morir. Ciertamente el avión no nos ofrece nada que se parezca al vuelo. El hecho de sentirse encerrado en un ordenado recinto de cristal y de hierro no se asemeja al vuelo de los pájaros ni al vuelo de los ángeles. Los vaticinios terroríficos del personal de a bordo, con su ominosa enumeración de máscaras de oxígeno, de cinturones de seguridad, de puertas laterales de salida y de imposibles acrobacias aéreas no son, ni pueden ser, auspiciosas. Las nubes tapan y escamotean los continentes y los mares. Los trayectos lindan con el tedio. El globo, en cambio, nos depara la convicción del vuelo, la agitación del viento amistoso, la cercanía de los pájaros. Toda palabra presupone una experiencia compartida. Si alguien no ha visto nunca el rojo, es inútil

que yo lo compare con la sangrienta luna de San Juan el Teólogo o con la ira; si alguien ignora la peculiar felicidad de un paseo en globo es difícil que yo pueda explicársela. He pronunciado la palabra felicidad; creo que es la mas adecuada. En California, hará unos treinta días, Maria Kodama y yo fuimos a una modesta oficina perdida en el valle de Napa. Serían las cuatro o las cinco de la mañana; sabíamos que estaban por ocurrir las primeras claridades del alba. Un camión nos llevó a un lugar aún mas distante, remolcando la barquilla. Arribamos a un sitio de la llanura que podía ser cualquier otro. Sacaron la barquilla, que era un canasto rectangular de madera y de mimbre y empeñosamente extrajeron el gran globo de una valija, lo desplegaron en la tierra, separaron el género de nylon con ventiladores, y el globo cuya forma era la de una pera invertida, como en los grabados de las enciclopedias de nuestra infancia, creció sin prisa hasta alcanzar la altura y el ancho de una casa de varios pisos. No había ni puerta lateral ni escalera; tuvieron que izarme sobre la borda. Éramos cinco pasajeros y el piloto que periódicamente henchía de gas el gran globo cóncavo. De pie, apoyamos las manos en la borda de la barquilla. Clareaba el día; a nuestros pies a una altura angelical o de alto pájaro se abrían los viñedos y los campos. El espacio era abierto, el ocioso viento que nos llevaba como su fuera un lento río, nos acariciaba la frente, la nuca o las mejillas. Todos sentimos, creo, una felicidad casi física. Escribo casi porque no hay felicidad o dolor que sean sólo físicos, siempre intervienen el pasado, las circunstancias, el asombro y otros hechos de la conciencia. El paseo, que duraría una hora y media, era también un viaje por aquel paraíso perdido que constituye el siglo diecinueve. Viajar en el globo imaginado por Montgolfier era también volver a las páginas de Poe, de Julio Verne y de Wells.Se recordará que sus selenitas, que habitan el interior de la luna, viajaban de una a otra galería en globos semejantes al nuestro y desconocían el vértigo.
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Algunos Borges de Jorge Luis Borges


"Sol de medio día. Algunas personas entran al cementerio de Plaimpalais, Ginebra, acompañando el cajón donde está el cuerpo de un mito llamado Jorge


Luis Borges. Él quedará cerca de una sepultura que, se supone, pertenece a Calvino. El cementerio se destina solamente a las grandes personalidades, pero todo es simple, conforme el deseo del escritor". Así, el diario O Estado de Sao Paulo, del jueves 19 de junio de 1986, iniciaba la noticia "Jorge Luis Borges: punto final", sobre el entierro del escritor argentino, realizado el día anterior. Esto es periodismo, "aunque el periodismo se parece peligrosamente a la literatura", ha dicho Borges (2). Pero ¿existe Borges? ¿existió? No el otro, ¿Borges? El Mercurio de Santiago del domingo 5 de diciembre de 1999, publica el artículo "El Inexistente", firmado por Leonardo Sciascia, escritor siciliano que muere en Palermo en 1986, y cuya última novela publicada en 1990 fue Una historia sencilla: "En cierto sentido –en un sentido propiamente borgiano- Borges lo ha querido. Su insistencia en el olvido, la inexistencia, el deseo de ser olvidado, el no querer ser ya Borges, de alguna manera y con los aires que soplan en el periodismo, no podía sino generar la noticia de que Borges no existe. Y he aquí como la recoge Le Monde: ‘Según la revistaargentina de derecha Cabildo, José Luis Borges no existe. En su último número la publicación afirma que en realidad Borges ha sido enteramente creado por un grupode escritores entre los cuales están Leopoldo Marechal (muerto), Adolfo Bioy Casares y Manuel Mujica Lainez, quienes para dar vida a su personaje han tomado a su servicio a un actor de segunda, Aquiles Scatamacchia. Y este actor, afirma el redactor de la revista, es quien encarna al inexistente Borges para los mass media. La impostura, que habría sido descubierta por la Academia Real de Suecia encargada de la concesión del Nobel, ha impedido que el falso Borges fuese premiado, señala la revista argentina, que hace de Ajar sin saberlo. Pero, ¿con qué fin?"

No, no se preocupen, Borges sí existió. Yo estuve con él y les puedo asegurar que no era ningún Aquiles Scatamacchia. Mejor dicho, estuve con los dos. También estuve con el otro. Dejo a la curiosidad de ustedes el contenido de este artículo que es, en verdad, una parodia al estilo borgiano.

Quiero detenerme en el nombre. Borges fue muchos nombres y, aunque no lo crean, también fue ninguno. A partir de este momento, mi presentación tendrá esta orientación: conversarles acerca de estos ‘Borges aparecidos’ en tantos diarios y revistas que fueron moldeando su comprensión de la literatura como una literatura universal. Pues bien, con el nombre de José Luis Borges aparece en la legendaria revista Grecia, del 20 de enero de 1920, el texto "Paréntesis Pasional". Su final está tan lejos del tiempo, los laberintos y espejos, que no deja de sorprendernos: ‘Ahora mi paladar es rojo yugo que unce la llama roja de tu lengua... La oscuridad se llena de auroras. Ahora tu cuerpo, deliciosamente, como una estrella, tiembla en mis brazos... Ya todas las tinieblas se han dormido" (3).

El propio Borges reconoce que ‘todo el mundo me llama José Luis. A la larga seré José Luis. Y está bien, creo que es más eufónico" (4). Pero Borges fue también Francisco Isidoro. Más aún, fue bautizado como Jorge Francisco Isidoro Luis Borges. Cuando Roberto Alifano le preguntó por qué no usaba su nombre completo, Borges le respondió "que eran demasiado para un solo hombre". Por último, ‘José’ es el nombre que Borges usa en lugar de ‘Jorge’ en la biografíaapócrifa que es el epílogo de sus Obras Completas. (5)

José Tuntar es un nombre importante en la biografía literaria de Borges. En alemán ‘tun’ significa ‘hacer’. Recordemos aquí que el libro que, en definitiva, va a significar la consolidación de la poética borgiana es, precisamente, El Hacedor, de 1960. Con este seudónimo, Borges escribirá cuatro textos en la "Revista Multicolor de los Sábados" del diario Crítica (6). En este punto resulta interesantísimo el trabajode la profesora Irma Zangara en el libro editado por Atlántida, 1995, Borges en Revista Multicolor, con la venia, claro está, de la viuda del escritor, María Kodama. Nosotros, por razones de tiempo y espacio no nos referiremos a él.

Otro de los nombres que utiliza Borges en la mencionada revista es el de Andrés Corthis. El cuento que escribe Corthis se llama "Hermanos enemigos" (7). La historia se desarrolla en las costas de Barcelona y trata de dos hermanos mellizos que, ante el temor del castigo divino de matarse el uno al otro, deciden quemar a la mujer en el rancho que ambos incendian. La importancia de esta historia es evidente y ustedes ya están pensando en "La intrusa", el cuento que, en 1966, Borges agrega a la sexta edición de El Aleph, es decir, 33 años después. Cuatro años más tarde, Borges incluirá este cuento en El informe de Brodie. Pero "Hermanos enemigos", no es solo el génesis de "La intrusa". Recordemos aquí también la clásica "Milonga de dos hermanos":

"Cuando Juan Ibarra vio


Que el menor lo aventajaba,

La paciencia se le acaba

Y le fue tendiendo un lazo

Le dio muerte de un balazo,

Allá por la Costa Brava.

Así de manera fiel

Conté la historia hasta el fin;

Es la historia de Caín

Que sigue matando a Abel" (8).

Ser uno y varios al mismo tiempo, es uno de los temas transversales de la obra de Jorge Luis Borges. Es la visión panteísta que se constituye como uno de los temas fundamentales de esta poética. Ser uno y ser otro al mismo tiempo es una inquietud estético-literaria que se inicia prácticamente con el joven Borges. Entre 1924 y 1926 Borges escribe "Boletín de una noche toda". Se trata de un ‘texto manuscrito’ de un cuaderno de notas que el autor entregó al profesorDonald A. Yates. Cito textualmente el final del artículo: "El Tiempo –maquinaria incansable- sigue funcionando, o quizá fluyendo de mí. Soy limosnero de recuerdos un rato ¿largo, breve? que los relojes no gobiernan y que se ancha casi en eternidad. Después, voy despojándome de mi nombre, de mi pasado, de mi conjetural porvenir. Soy cualquier otro. Ya me dejó la visión, luego el escuchar, el soñar, el tacto. Soy casi nadie: soy como las plantas (negras de oscuridad en negro jardín) que no despertará el pleno día. Pero no en día, sino en tenebrosidad soy yacente. Soy tullido, ciego, desaforado, terrible en mi cotidiano desaparecer. Soy nadie" (9).


Antes, en 1923, en el prólogo de Fervor de Buenos Aires, leemos: "Si en las siguientes páginas hay algún verso logrado, perdóneme el lector el atrevimiento de haberlo compuesto yo antes que él. Todos somos unos; poco difieren nuestras naderías, y tanto influyen en las almas las circunstancias, que es casi una casualidad esto de ser tú el leyente y yo el escribidor –el desconfiado y fervoroso escribidor- de mis versos" (10).
Pero es en la primera publicación de Borges donde larvariamente se encuentra el inicio de esta búsqueda estético-filosófica que representa esta visión panteísta de su literatura. Se trata de "Himno del mar", publicado en la revista Grecia el 31 de diciembre de 1919. Cito la última estrofa del poema:


Oh mar! oh mito! oh largo lecho!


Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.

Que ambos nos conocemos desde siglos.

Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.

(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).

Oh proteico, yo he salido de ti.

¡Ambos encadenados y nómadas;

Ambos con un sed intensa de estrellas;

Ambos con esperanzas y desengaños;

Ambos, aire, luz, fuerza, obscuridades;

Ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria! (11)

De este modo Borges va construyendo, como buen hacedor que es, su literatura. Una literatura que es esencialmente lúdica, y que tiene en el lector, en el otro, uno de sus valores trascendentales. Es la búsqueda permanente del ser y, el ser borgiano, este que hemos vislumbrado a través de estos primeros ejercicios poéticos, tiene en la configuración del otro, una de las clave de su interpretación literaria. Desde siempre Borges ha sido muchos nombres, muchos otros. Fue Alex Ander, Benjamín Beltrán, Pascual Guida, Bernardo Haedo, Ortelli y Gasset (12). Creo que, como Shakespeare, se cansó de ser muchos y ninguno. El último párrafo del texto "Everything and nothing" dedicado al poeta ingléses bellamente definitivo: "La historia agrega que, antes o después de morir, se supo frente a Dios y le dijo: Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo. La voz de Dios le contestó desde un torbellino: Yo tampoco soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estás tú, que como yo eres muchos y nadie" (13). Más de alguna vez he llegado a pesar que Borges se regaló este texto a sí mismo. Pero Borges no podía dejar pasar esta oportunidad. La historia agrega que, después que Dios le respondió lo que ustedes han oído, le preguntó:


"¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza de


De polvo y tiempo y sueño y agonía? (14)

La obra de Borges es, como dice el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal, por definición, inagotable. Siempre el acercamiento que emprendamos será parcial. Una lectura nos lleva a otra y esta a otra y así hasta el infinito. Pero no debemos sentirnos mal por eso. La semana pasada hablábamos con Roberto Alifano que, en relación a Borges no somos más que eternos aprendices que jugamos su juego y eso, ¿por qué no decirlo?, es una forma también de justificar nuestra existencia. La obra de Borges es un libro abierto pero difícil de leer; somos como escolares felices cuando conseguimos dar un paso más en su lectura. Después de todo, ni el propio Borges pudo con el otro. Borges, el hombre que camina por Buenos Aires, el hombre que yo conocí, al que le gusta la prosa de Stevenson y el sabor del café ‘fue poco a poco cediéndole todo’ al otro. Dice: "Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy, pero me reconozco menos en sus libros que en mucho otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegoscon el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro

No sé cuál de los dos escribe esta página" (15).


Pero nuestro tiempo no es eterno y ustedes ya deben estar cansados de este juego. He querido de un modo lúdico mostrarles uno de los caminos hallados por nuestro autor para escribir su literatura, y puesto de manifiesto en sus primeros trabajos literarios en diferentes revistas. He querido también proyectarlos en el tiempo, en su tiempo, por medio de algunas lecturas del escritor ya consagrado, y observar el hilo creativo que los une. Ojalá que se hayan cumplido estos objetivos. De cualquier manera, las notas y bibliografía abrirán puertas mayores al que desee abrirlas.

"Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita" (16). Esto es literatura.

Notas y Bibliografía


1.Conferencia dictada en el Tercer Congreso Periodismo y Literatura, en enero de 2002, en la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación(Uniacc), bajo el título "Mi sepultura será el aire insondable". Con esta frase del cuento "La biblioteca de Babel", Ficciones, 1944, el periodista Léo Gílson Ribeiro escribe un artículo sobre la obra de Jorge Luis Borges en el diario O Estado de Sao Paulo del 15 de junio de 1986. Es un homenaje al gran escritor.

2.Alifano, Roberto. El humor de Borges, Ediciones Proa, Buenos Aires, 2000, pág. 44. Unas líneas más arriba, ante la pregunta de otro periodista acerca del límite entre el escritor y el periodista, Borges responde: "Bueno, yo no sé si el periodismo debe ser celebrado; yo creo que no. Ya sé que decir algo así es una herejía. Pero bueno, tengamos paciencia, quizá algún día desaparezca el periodismo –Borges ríe y luego se disculpa-. Es mejor que eso no ocurra en seguida, ya que ustedes se quedarían sin trabajo".

3.Grecia, Sevilla, Año 3, N.38, 20 de enero de 1920. Nosotros citamos por Jorge Luis Borges: Textos Recobrados (1919-1929), Emecé Editores, Barcelona, 1927, pág. 29.

4.Alifano, Roberto. Ob. cit., pág. 175.

5.Obras Completas, Emecé Editores, Buenos Aires, 1974. Dice el autor: "Borges, José Francisco Isidoro Luis: Autor y autodidacta, nacido en la ciudad de Buenos Aires, a la sazón capitalde la Argentina, en 1899. La fecha de su muerte se ignora, ya que los periódicos, género literario de la época, desaparecieron durante los magnos conflictos que los historiadores locales ahora compendian", pág. 1143.

6.Los textos que Borges publica con este seudónimo son: "El lento suicidio de Diocleciano", "Ovidio en el país de las flechas", "Espías en la Roma imperial" y "Las grandes orgías romanas". Nosotros trabajamos con el texto Borges en Revista Multicolor, Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1995. La "Revista Multicolor de los Sábados formaba parte del diario Crítica, que Borges llamaba ‘a yellow –press daily’. Se trataba de un suplemento literario que, de acuerdo con el deseo del director del periódico, Natalio Botana, debía competir con los suplementos literarios de La Prensa y La Nación. Se funda en 1933 y sus directores son Ulyses Petit de Murat y Jorge Luis Borges.

Es importante resaltar que en el prólogo, María Kodama, la viuda de Borges, refiriéndose al famoso poema "instantes" dice: "Lo más notable es comprobar que esa misma gente que no aprueba la publicación de las tres obras mencionadas, frente al poema ‘Instantes’ o ‘Momentos’ de la escritora norteamericana Nadine Stair, atribuido falsamente –quiero creer que por ignorancia- a Borges, esa gente, repito, nada dijo ni del estilo ni del contenido de esos versos. Aunque resulte infantil el lenguaje empleado y totalmente contradictorio el mensaje transmitido por el poema, con respecto a los principios que Borges sustentó hasta el final de su vida". Las obras a las cuales alude María Kodama son: El tamaño de mi esperanza, 1926, reeditado en 1993; El idioma de los argentinos, 1928 e Inquisiciones, 1925. Los dos últimos fueron reeditados en 1994.

7.Corthis, Andrés. Ver: Borges en Revista Multicolor, Ob. cit., págs. 105 a 113.

8.Borges, Jorge Luis. Para las seis cuerdas, Emecé Editores, Buenos Aires, 1965. Es la segunda milonga.

9.El texto completo se encuentra en la ya citada obra Jorge Luis Borges: Textos Recobrados, ("Textos Recobrados" a partir de ahora) págs. 185 y 186. De acuerdo con el profesor Yates, en un artículo titulado "Behind Borges and I", publicado en Modern Fiction Studies, volumen19, N.3, West Lafayette, Indiana, "este sería uno de los primeros textos de Borges en el que reflexiona sobre su propio yo". Dice Yates que "Boletín de una noche toda" fue probablemente escrito en la casa de Quintana 222, donde vivió la familia del escritor al volver de Europapor segunda vez. El texto figura en una lista manuscrita de títulos que Borges consideró para publicar en El tamaño de mi esperanza en 1926. Sin embargo, la primera mención de este juvenil trabajo borgiano, la hace Emir Rodríguez Monegal en 1978, versión en inglés de Jorge Luis Borges. A Literary Biography, E.P.Dutton, Nueva York. Nosotros trabajamos con la versión en español Borges, una biografía total, Fondo de CulturaEconómica, México, primera reimpresión, 1993. El texto se encuentra citado en la pág. 252 bajo el título "Boletín de una noche".

10.El prólogo completo se encuentra en el citado "Textos Recobrados" entre las páginas 162 y 164. El autor excluyó este prólogo en las sucesivas reediciones. Para la reedición de sus Poemas, en 1943, Borges reescribió este párrafo y lo incluyó bajo el título "A quien leyere" en la primera página de Fervor de Buenos Aires. De hecho, en las Obras Completas, Volumen I, Emecé Editores, Barcelona, 1996, leemos: "Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor".

11.La versión completa del poema se encuentra en "Textos Recobrados" entre las páginas 24 y 26, pero fue publicado por primera vez en Grecia, Revista Quincenal de Literatura, Sevilla, Año 2, N.37, 31 de diciembre de 1919. En su obra La literariedad en la obra de Jorge Luis Borges, Impresos Esperanza, Santiago,1995, el profesor Alejandro Carreño cita el libro de Carlos Meneses, Poesíajuvenil de Jorge Luis Borges Olañeta, Barcelona, Palma de Mallorca, 1978, págs. 57 y 58. "Himno del mar" es importante no solo por ser el primer poema escrito por Borges. También lo es porque él formaría parte de uno de los dos libros destruidos por el autor: Los salmos rojos o Los ritmos rojos o Los himnos rojos. El otro fue Los naipes del tahúr. En el cuento "El otro" incluido en El libro de arena, Emecé Editores, Buenos Aires, 1975, Borges alude al primero de los libros destruidos: "Le pregunté qué estaba escribiendo y me dijo que preparaba un libro de versos que se titularía Los himnos rojos. También había pensado en Los ritmos rojos", págs. 15 y 16.

12.Borges escribió con todos estos seudónimos en "La Revista Multicolor de los Sábados", menos el de Ortelli y Gasset que lo usó junto con Carlos Mastronardi en la revista Martín Fierro. Ambos escriben un texto respuesta titulado "A un meridiano encontrao en una fiambrería". Según Mastronardi se trata de una "respuesta humorística a una nota asaz española que La Gaceta Literaria publicó bajo el título de "Madrid, meridiano intelectual de Hispano-América". Ver "Textos Recobrados", pág. 305. Pero también no usó ningún nombre. Literalmente fue ninguno. Así escribió "El dragón" y "Los elfos", que volverán a ser tratados en el Manual de zoología fantástica en colaboración con Margarita Guerrero y en la segunda versión de la obra El libro de los seres imaginarios. En "La Revista Multicolor de los Sábados", el final de "El dragón" anticipa el famoso cuento "La casa de Asterión": "Alguna vez sólo se trata de esperar unos siglos, el predestinado acero del héroe -Sigurd o San Jorge o Tristán- penetrará en la sórdida cueva y lo acometerá, lo herirá de muerte y lo salvará". Mientras tanto, en el cuento que forma parte de El Aleph, leemos: "El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió". Cito por la edición de Emecé Editores, Buenos Aires, 1957, pág. 70.

13.Borges, Jorge Luis. El hacedor, Alianza Editorial, Madrid, 1972, pág. 61. Innumerables son los trabajos borgianos donde se plantea el tema de la identidad y pluralidad del ser. Quiero citar aquí uno prácticamente desconocido. Se trata del ensayo "Sentirse en muerte" que forma parte del libro El idioma de los argentinos, M. Gleizer Editor, Buenos Aires, 1928, uno de los tres que, como ya vimos, fueron reeditados por María Kodama. En este ensayo Borges comenta la experiencia, su experiencia, de una noche ‘en mil novecientos y tantos...’: "Esa pura representación de los hechos homogéneos –noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano de la madreselva, barro fundamental- no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos ni repeticiones, la misma. El tiempo, si podemos intuir francamente esa identidad, es una delusión: la indisolubilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, basta para desordenarlo", pág. 150.

14."Ajedrez II" en El Hacedor, Ob. cit., pág. 81.

15."Borges y yo" en El hacedor, Ob. cit., pág. 70.

16."La biblioteca de Babel" en Ficciones, que integra las Obras Completas, Volumen I, ya citado, pág. 467.



Alejandro Carreño T.






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Two English Poems-Jorge Luis Borges (1934)

Two English Poems
I

The useless dawn finds me in a deserted street-

corner; I have outlived the night.

Nights are proud waves; darkblue topheavy waves

laden with all the hues of deep spoil, laden with

things unlikely and desirable.

Nights have a habit of mysterious gifts and refusals,

of things half given away, half withheld,

of joys with a dark hemisphere. Nights act

that way, I tell you.

The surge, that night, left me the customary shreds

and odd ends: some hated friends to chat

with, music for dreams, and the smoking of

bitter ashes. The things my hungry heart

has no use for.

The big wave brought you.

Words, any words, your laughter; and you so lazily

and incessantly beautiful. We talked and you

have forgotten the words.

The shattering dawn finds me in a deserted street

of my city.

Your profile turned away, the sounds that go to

make your name, the lilt of your laughter:

these are the illustrious toys you have left me.

I turn them over in the dawn, I lose them, I find

them; I tell them to the few stray dogs and

to the few stray stars of the dawn.

Your dark rich life ...

I must get at you, somehow; I put away those

illustrious toys you have left me, I want your

hidden look, your real smile -- that lonely,

mocking smile your cool mirror knows.

II

What can I hold you with?

I offer you lean streets, desperate sunsets, the

moon of the jagged suburbs.

I offer you the bitterness of a man who has looked

long and long at the lonely moon.

I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts

that living men have honoured in bronze:

my father's father killed in the frontier of

Buenos Aires, two bullets through his lungs,

bearded and dead, wrapped by his soldiers in

the hide of a cow; my mother's grandfather

--just twentyfour-- heading a charge of

three hundred men in Peru, now ghosts on

vanished horses.

I offer you whatever insight my books may hold,

whatever manliness or humour my life.

I offer you the loyalty of a man who has never

been loyal.

I offer you that kernel of myself that I have saved,

somehow --the central heart that deals not

in words, traffics not with dreams, and is

untouched by time, by joy, by adversities.

I offer you the memory of a yellow rose seen at

sunset, years before you were born.

I offer you explanations of yourself, theories about

yourself, authentic and surprising news of

yourself.

I can give you my loneliness, my darkness, the

hunger of my heart; I am trying to bribe you

with uncertainty, with danger, with defeat.
- Jorge Luis Borges (1934)
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Poema: Los Enigmas por Pedro Aznar -

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Poema: "A un gato" por Pedro Aznar -

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La pasión de Borges por el idioma inglés

Harvard transcribirá seis clases inéditas

En esa universidad norteamericana hallaron una serie de conferencias que el escritor dio entre 1967 y 1968
En ellas habló sobre literatura inglesa
Ahora las publicarán en un libro

WASHINGTON.- Era un rumor. Decían que en los archivos de la Universidad de Harvard se podían encontrar grabaciones de una serie de conferencias que Jorge Luis Borges había dictado sobre su pasión por la lengua y la literatura inglesas en Cambridge, Massachusetts, entre 1967 y 1968.


"Escuché el rumor y decidí investigar. En los archivos me dijeron que tenían los cassettes, me hicieron copias y resultaron ser seis conferencias maravillosas", contó por teléfono Lindsay Waters, editor ejecutivo de Literatura y Filosofía de Harvard University Press, a La Nación .
Waters también descubrió que Borges había firmado un contrato que le permitía a la editorial publicar un libro basado en las transcripciones y compiló las presentaciones con el título "This craft of verse" ("Este arte de la poesía").
Harvard University Press empezó a distribuir una primera edición de 10.000 ejemplares  en los EE.UU y una partida llegará  a las librerías que venden publicaciones en inglés en la Argentina, pero además se puede encargar por Internet en www.hup.harvard.edu. La editorial también pondrá a la venta, a partir del 1º de noviembre próximo, una colección de cuatro compact discs con el audio de las seis clases magistrales que Borges dictó en inglés, sin leer de un texto. Cuando llegó a Harvard, ya se encontraba casi completamente ciego.
Waters sostiene que fue una experiencia que debe de haber marcado mucho al escritor, porque sus vivencias en Cambridge están reflejadas en el cuento "El otro", en la escena en la en que el protagonista se encuentra con su doble a las orillas del río Charles. "En un giro del destino que el autor hubiera celebrado, estas conferencias vuelven ahora a nosotros, para recuperar la historia de un amor de toda una vida con la literatura y el idioma inglés", dice la página web de presentación del libro, que ya tiene contrato para su traducción al castellano.
"This craft of verse" está basado en la participación de Borges en las conferencias creadas en honor de Charles Eliot Norton, un ex presidente de Harvard.
"Norton era experto en literatura italiana y el programa en su honor fue establecido en 1926. Los invitados son por lo general artistas, músicos y compositores; es todo un acontecimiento", relató Waters.
Borges fue el primer escritor de América latina que participó del programa, que tiene un formato de seis conferencias espaciadas en el tiempo, de una hora cada una, entre el 24 de octubre de 1967 y el 10 de abril de 1968.
No existían, hasta que Waters fue a los archivos de la universidad hace cinco años y encontró una transcripción de las conferencias, que ahora se han transformado en un texto que el editor describe como "uno de los libros más extensos que haya escrito Borges". Sin contar una breve introducción y las notas, "This craft of verse" ocupa 142 páginas.
"Lo primero que hay que entender sobre este libro es que cuando Borges habla de un verso o de una poesía está aludiendo a la literatura en general. Entiende la poesía como un término abarcativo, que comprende a toda la literatura", interpretó Waters.
Las conferencias componen, según el editor, un relato de tono muy autobiográfico sobre la historia de la literatura, porque "la presencia del padre de Borges se siente en las páginas del libro".

Por María O´Donell
Corresponsal en EE.UU.
Fuente: la Nación.com
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Borges y el ajedrez


ajedrez 2
El ajedrez es un juego de variaciones infinitas. Si las jugadas que se hacen sobre el tablero correspondieran a la realidad, las variantes imaginadas, pero no hechas, equivaldrían a ficciones literarias. Pero ocurre que en los laberintos del juego, igual confluyen espíritu y materia, idea y acción. Táctica y estrategia conforman una dialéctica que lleva a las cimas más altas del pensamiento o a sus peores hondonadas. Quizá por eso Jorge Luis Borges, como en su tiempo Cervantes,Dante Alighieri, Shakespeare o Goethe, alude con frecuencia al ajedrez tanto en ensayos como en ficciones y poemas


En estas alusiones, Borges no pretende descifrar variantes ni aclarar paradojas; se limita a mostrar y a preguntar. En el poema "Ajedrez", por ejemplo, que consta de dos sonetos, primero menciona a los protagonistas: "En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas"; luego califica las formas: "torre homérica, ligero caballo, armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores"; y por último recuerda sus orígenes: "en el oriente se encendió esta guerra/ cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra".

El segundo soneto está inspirado en el pensamiento del poeta y matemático persa Omar Khayyam, quien también vio en el ajedrez una clara alegoría del destino humano. Dice Borges: "Sobre lo negro y blanco del camino/ buscan y libran su batalla armada", después hace una precisión determinista: "No saben que la mano señalada/ del jugador gobierna su destino..." y más adelante agrega: "También el jugador es prisionero/ (la sentencia es de Omar) de otro tablero/ De negras noches y de blancos días". Y al final formula la pregunta más fascinante que hayan concebido tanto la poesía, como la filosofía y la teología juntas: "Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. / ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza/ de polvo y tiempo y sueño y agonías?"
Es evidente que su padre lo introdujo tanto en la filosofía como en el ajedrez. En el prólogo a "El oro de los tigres", 1972, dice: "Mi lector notará en algunas páginas la preocupación filosófica. Fue mía desde niño, cuando mi padre me reveló, con ayuda del tablero del ajedrez (que era, lo recuerdo, de cedro) la carrera de Aquiles y la tortuga".

De alguna manera Borges ve en el anigma de la poesía un ajedrez de orden onírico. En su prólogo a "El otro, el mismo", 1964, dice: "Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto". También lo compara con la novela policial inglesa: "En Inglaterra el género policial es como un ajedrez gobernado por leyes inevitables". Al comentar un cuento de G. K. Chesterton para la revista "El hogar", mayo de 1937, de Argentina, dice: "No es menos arduo y elegante que un severo problema de ajedrez o que una contre rimé de Toulet". En una reseña sobre Brighton Rock, novela de Graham Greene publicada en 1939, Borges dice: "Tiene la intensidad de un tigre y la variedad que puede lograr un duelo de ajedrez". En la primera pieza de "Ficciones", evoca la escena de un ingeniero inglés, amigo de su padre: "Solían ejercer un intercambio de libros y de periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente...".

Más adelante alude a Tlön, un laberinto urdido por hombres: "El contacto y hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles". Y en un diálogo de "El jardín de los senderos que se bifurcan", dice: "-En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez ¿cuál es la única palabra prohibida? Reflexioné un momento y repuse: -La palabra ajedrez".

Harold Alvarado Tenorio, en "La Jornada Semanal", México, noviembre de 1993, publica cinco sonetos transcritos por María Panero mientras Borges se los recita: En uno de ellos éste improvisa: "El pasado está hecho de jardines, los amantes, las naves, la curiosa enciclopedia que nos brinda ayeres, los ángeles del gnóstico, los seres que soñó Blake, el ajedrez, la rosa".

En "El milagro secreto", cuenta que la noche del 14 de marzo de 1939, en un departamento de la Zeltnergasse de Praga, el escritor Jaromir Hladik, soñó con un largo ajedrez. "No lo disputaban dos individuos sino dos familias ilustres; la partida había sido entablada hace muchos siglos; nadie era capaz de nombrar el olvidado premio, pero se murmuraba que era enorme y quizá infinito; las piezas y el tablero estaban en una torre secreta; Jaromir (en el sueño) era el primogénito de una de las familias más hostiles; en los relojes resonaba la hora de la impostergable jugada; el soñador corría por las arenas de un desierto lluvioso y no lograba recordar las figuras ni las leyes del ajedrez. En ese punto se despertó. Cesaron los estruendos de la lluvia y los terribles relojes. Un ruido acompasado y unánime, cortado por algunas voces de mando, subía de la Zeltnergasse. Era el amanecer, las blindadas vanguardias del Tercer Reich entraban en Praga".

En "Cuentos breves y extraordinarios" compilados con Bioy Casares, citan una leyenda celta, "La sombra de las jugadas": Dos reyes enemigos juegan ajedrez mientras en un valle cercano sus ejércitos luchan y se destrozan. "Llegan mensajeros con noticias de la batalla; los reyes no parecen oirlos e, inclinados sobre el tablero de plata, mueven las piezas de oro... Hacia el atardecer, uno de los reyes derriba el tablero porque le han dado jaque mate y poco después un jinete ensangrentado le anuncia: tu ejército huye, has perdido el reino"


"Literaturas germánicas medievales" fue escrita en colaboración con María Esther Vázquez en 1966. Ahí está "La Edda mayor" que trata de héroes y dioses. La escena ocurre durante una batalla: "Los dioses combaten contra los gigantes glaciales. Los gigantes quieren escalar el cielo subiendo por el arco iris, que se rompe. El sol se oscurece, la tierra se anega en el mar, del firmamento caen las claras estrellas.


ajedrez
La sibila hace un esfuerzo último y ve la tierra que resurge y los dioses que vuelven a la pradera, como al principio, y encuentran las piezas de ajedrez en el pasto y hablan de las batallas que fueron". Vida, literatura y ajedrez: juegos de un juego que Borges convierte en poesía. "Pensar, analizar, inventar no son actos anómalos, dice uno de sus personajes, son la normal respiración de la inteligencia... Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será


Por :Javier Vargas Pereira
para la Revista Colombiana de ajedrez.
 Javier Vargas Pereira es columnista de ajedrez y temas culturales en el periódico Reforma, de México. En Chile, su país natal, fue dirigente estudiantil universitario en la década de los 60, profesor de Filosofía en el Liceo Coeducacional de Parral y Consejero de Asuntos Juveniles del presidente Salvador Allende Gossens (1970 1973). En México, donde reside desde 1975, ha sido vendedor de libros, editor y ajedrecista por afición.
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Poema: Alguien-Jorge Luis Borges

Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.
Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.
Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.
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Diálogo entre Jorge Luis Borges y Seamus Heaney

La siguiente es la transcripción de un diálogo entre Jorge Luis Borges y Seamus Heaney (Premio Nobel de literatura de 1995), en el que éste último adopta el rol de entrevistador del autor argentino.


El diálogo o entrevista data de 1981.

Richard Kearney: Su prosa pone de manifiesto una continua obsesión con el mundo de la ficción y de los sueños, un universo de laberintos inconscientes. En ocasiones es algo tan onírico que se vuelve imposible distinguir entre el autor (usted), los personajes de la ficción y el lector (nosotros)
Seamus Heaney: Esta interacción entre la ficción y la realidad parece ocupar un lugar central en su obra. ¿Cómo afecta su obra el mundo de los sueños? ¿Usa conscientemente material onírico?

Borges: Cada mañana, cuando despierto, recuerdo sueños y los grabo o los escribo. A veces me pregunto si estoy dormido o si estoy soñando. ¿Estoy soñando ahora? ¿Quién puede saberlo? Nos soñamos unos a otros todo el tiempo. Berkeley afirmaba que Dios era quien nos soñaba. Tal vez tenía razón... ¡pero cuán tedioso para el pobre Dios! Tener que soñar cada grieta y cada mota de polvo en cada taza de té y cada letra en cada alfabeto y cada pensamiento en cada cabeza. ¡Debe estar exhausto!

Heaney: ¿Su mundo onírico alimenta de manera directa su forma de escribir? ¿Toma prestado y traspone el contenido de sus sueños a la literatura? ¿O se trata acaso de una habilidad narrativa que le da a las imágenes su contorno y su forma?

Borges: El relato ficticio da un orden al desorden del material onírico. Pero no puedo decir si el orden está impuesto o si ya está latente dentro del desorden y tan sólo espera quedar realzado a través de su repetición en la ficción. ¿Inventa el escritor de ficción un orden completamente nuevo ex nihilo? Supongo que si pudiera contestar semejantes preguntas ¡no escribiría ficción en absoluto!

Heaney: ¿Podría darnos algunos ejemplos reales de lo que quiere decir?

Borges: Sí. Le contaré un sueño recurrente que me interesó mucho. Un pequeño sobrino mío, quien solía quedarse conmigo con cierta frecuencia y me contaba sus sueños cada mañana, soñó el siguiente tema recurrente. Estaba perdido en un sueño y luego llegaba a un claro en donde me veía salir de una casa blanca de madera. En ese punto, solía interrumpir su resumen del sueño y preguntarme, "Tío, ¿qué hacías en esa casa?". "Estaba buscando un libro", le contestaba. Y se quedaba muy contento con esa respuesta. Como niño, todavía era capaz de deslizarse de la lógica de su sueño a la lógica de mi explicación. Tal vez así funcionen mis propias ficciones...

Heaney: ¿Es entonces el modo más que el material de los sueños lo que principalmente influye e inspira su obra?

Borges: Yo diría que son las dos cosas. He tenido varios sueños recurrentes a lo largo de los años que han dejado su huella en mi ficción de una u otra forma. Los símbolos difieren con frecuencia, pero los patrones y las estructuras siguen siendo los mismos. Por ejemplo, con frecuencia he soñado que estoy atrapado en un cuarto. Trato de salir, pero vuelvo a entrar a un cuarto. ¿Se trata del mismo cuarto?, me pregunto. ¿O acaso escapo a un cuarto exterior? ¿Estoy en Buenos Aires o en Montevideo? ¿En la ciudad o en el campo? Toco la pared para intentar descubrir la verdad sobre mi paradero, para encontrar una respuesta a estas preguntas. Pero ¡la pared es parte del sueño! De modo que la pregunta, al igual que el que la hace, regresa eternamente a ese cuarto. Este sueño me dio el tema del laberinto que aparece con tanta frecuencia en mis ficciones. También estoy obsesionado con un sueño en donde me veo en un espejo con varias máscaras o rostros que se superponen unos sobre otros; los desprendo de manera sucesiva y me dirijo al rostro que está frente a mí en el espejo; pero no me contesta, no puede oírme o no me escucha, es imposible saberlo.

Heaney: ¿Qué clase de verdad cree que Carl Jung intentaba explorar en su análisis sobre los símbolos y los mitos? ¿Cree que los arquetipos jungianos son explicaciones válidas de lo que experimentamos en el mundo inconsciente de la ficción y de los sueños?

Borges: He leído a Jung con gran interés, pero sin convicción. En el mejor de los casos, fue un escritor imaginativo e inquisitivo. Es más de lo que uno puede decir acerca de Freud... ¡Qué basura!

Kearney: La sugerencia que usted hace aquí de que el psicoanálisis tiene valor como un estimulante imaginativo más que como un método científico me hace recordar la afirmación que usted hace en el sentido de que todo el pensamiento filosófico es "una rama de la literatura fantástica".

Borges: Sí, creo que la metafísica es un producto de la imaginación al mismo nivel que la poesía. Después de todo, la idea ontológica de Dios es el invento más espléndido de la imaginación.

Kearney: Pero ¿inventamos nosotros a Dios o es Dios quien nos inventa a nosotros? ¿Es divina o humana la imaginación creativa primaria?

Borges: Ah, ésa es la pregunta. Puede ser ambas.


Heaney: ¿Acaso su experiencia infantil de la religión católica alimentó sus ensibilidadde alguna forma duradera? Me refiero más a sus ritos y misterios que a sus preceptos teológicos. ¿Existe algo llamado imaginación católica, que podría expresarse en obras literarias como, por ejemplo, en el caso de Dante?

Borges: Para el argentino, ser católico es más una cuestión social que espiritual. Significa que uno se alínea con la clase, el partido o el grupo social correcto. Nunca me interesó este aspecto de la religión. Sólo las mujeres parecían tomar la religión en serio. Cuando era niño, cuando mi madre me llevaba a misa, yo rara vez veía a un hombre en la iglesia. Mi madre tenía una gran fe. Creía en el paraíso; y quizá su creencia significa que ahora ella está allí. Aunque ahora ya no soy un católico practicante y no puedo compartir su fe, sigo entrando en su habitación todos los días a las cuatro de la mañana, la hora en que murió hace cuatro años (¡tenía 99 años y le aterraba cumplir cien años!) para rociar agua bendita y rezar el Padre Nuestro como ella lo pidió. ¿Por qué no? La inmortalidad no es más extraña ni increíble que la muerte. Como mi padre agnóstico solía decir: "Dado que la realidad es lo que es, el producto de nuestra percepción, todo es posible, incluso la Trinidad". Creo en la ética, que las cosas en nuestro universo son buenas o malas. Pero no puedo creer en un Dios personal. Como lo dice Shaw en Major Barbara: "He dejado atrás a la Desposada del Cielo". Me siguen fascinando los conceptos metafísicos y alquímicos de lo sagrado. Pero esta fascinación es más estética que teológica.

Kearney: En Tlon, Uqbar y Orbis Tertius, usted dijo que la eterna repetición del caos gradualmente hace surgir o revela un patrón o un orden metafísico. ¿Qué tenía usted en mente?

Borges: Me divertí mucho escribiendo eso. Nunca dejé de reirme, de principio a fin. Todo era una enorme broma metafísica. La idea del eterno regreso es, claro está, una vieja idea de los estoicos. San Agustín condenó esta idea en Civitas Dei, cuando compara la creencia pagana en un orden cíclico del tiempo, la Ciudad de Babilonia, con el concepto lineal, profético y mesiánico del tiempo que se encuentra en la Ciudad de Dios, Jerusalén. Este último concepto ha prevalecido en nuestra cultura occidental desde San Agustín. Sin embargo, creo que puede haber algo de verdad en la vieja idea de que, detrás del aparente desorden del universo y de las palabras que usamos para hablar de nuestro universo, podría surgir un orden oculto... un orden de repetición o coincidencia.

Kearney: Usted escribrió alguna vez que, a pesar de que este orden cíclico no puede demostrarse, sigue siendo para usted "una elegante esperanza".

Borges: ¿Eso escribí? Eso es bueno, sí, muy bueno. Supongo que en 82 años tengo derecho a haber escrito unas cuantas líneas memorables.. El resto puede "echarse a perder", como solía decir mi abuela.

Heaney: Usted habló de reir mientras escribe. Sus libros están llenos de diversión y picardía. ¿Escribir siempre ha sido para usted una tarea placentera o ha sido alguna vez una experiencia difícil o dolorosa?

Borges: Sabe, cuando todavía podía ver, me encantaba escribir, cada momento, cada frase. Las palabras eran como juguetes mágicos con los que yo jugaba y movía de toda clase de formas. Desde que perdí la vista a los cincuenta años, no he podido regocijarme con la escritura con esta naturalidad. He tenido que dictarlo todo, volverme un dictador más que un jugador de palabras. Es difícil divertirse con juguetes cuando uno está ciego.

Heaney: Supongo que la ausencia física de la pluma y el estar encorvado sobre el escritorio hace una gran diferencia...

Borges: Sí, así es. Pero extraño poder leer más que poder escribir. A veces me regalo a mí mismo un pequeño engaño, me rodeo de todo tipo de libros, sobre todo diccionarios, en inglés, español, alemán, italiano, islandés. Se convierten en seres vivos para mí, me susurran cosas en la oscuridad.

Heaney: ¡Sólo un Borges podría practicar semejante acto de ficción! Sus sueños siempre han sido, de una manera bastante evidente, importantes para usted. ¿Diría usted que su capacidad o necesidad de habitar el mundo de la ficción y de los sueños aumentó de alguna manera por haber perdido la vista?

Borges: Desde que me volví ciego lo único que me queda es la alegría de soñar, de imaginar que puedo ver. A veces mis sueños se extienden más allá del sueño y se adentran en mi mundo de vigilia. Con frecuencia, antes de dormir o al despertar, me descubro soñando, balbuciendo frases oscuras e inescrutables. Esta experiencia simplemente confirma mi convicción de que la mente creativa siempre está activa, siempre está más o menos soñando tenuemente. Dormir es como soñar la muerte. De la misma manera en que despertar es como soñar la vida. A veces ya no puedo distinguir cuál es cuál.

Jorge Luis Borges: Como argentino, me siento alejado de la corriente española. Me crié en Argentina teniendo la misma familiaridad con la cultura inglesa y francesa que con la española. Así que supongo que soy doblemente extranjero... pues incluso el español, la lengua en la que escribo precisamente como un extraño, se encuentra al margen de la principal tradición literaria de Europa.

Seamus Heaney: ¿Cree usted que existe algo semejante a una tradición hispanoamericana... aceptando el hecho de que todas las tradiciones deben ser imaginadas antes de aparecer?

Borges: Es cierto que la idea de la tradición implica un acto de fe. Nuestras imaginaciones alteran y reinventan el pasado todo el tiempo. Sin embargo, debo confesar que a mí nunca me convenció mucho la idea de una tradición hispanoamericana. Por ejemplo, cuando viajé a México, me encantó su rica cultura y literatura nativa. Pero sentí que no tenía nada en común con ella. No pude identificarme con su culto al pasado de los indios. Argentina y Uruguay difieren de la mayor parte de los demás países latinoamericanos en el sentido de que poseen una mezcla de las culturas española, italiana y portuguesa que ha dado lugar a un ambiente más europeo. Por ejemplo, la mayor parte de nuestras palabras coloquiales en el español argentino son de origen italiano. Yo mismo desciendo de ancestros portugueses, españoles, judíos e ingleses. Y los ingleses, como nos lo recuerda Lord Tennyson, son una mezcla de muchas razas: "sajones y celtas y daneses somos". No existe tal cosa como la pureza racial o nacional. Y, aunque así fuera, la imaginación trascendería tal cosa dado que no existe una cultura específicamente argentina que pudiera llamarse "latinoamericana" o "hispanoamericana". Los únicos verdaderos americanos son los indios. Los demás son europeos. Por lo tanto, me gusta pensar que soy un escritor europeo en el exilio. Ni hispánico ni americano ni hispanoamericano, sino un europeo expatriado.

Heaney: T. S. Eliot habló de "toda la mente de Europa". ¿Cree haber heredado parte de esta mente a través del tamiz español?

Borges: En el argentino no existe ninguna alianza exclusiva a una sola cultura europea. Como dije, podemos tomar cosas de varias lenguas y literaturas europeas distintas... tal vez adoptar "toda la mente de Europa", si es que existe algo semejante. Pero precisamente debido a nuestra distancia de Europa también tenemos la libertad cultural o imaginativa para mirar, más allá de Europa, hacia Asia y otras culturas.

Richard Kearney: Como lo hace usted en su propia ficción al invocar con frecuencia las doctrinas místicas del budismo y del Extremo Oriente.

Borges: El hecho de no pertenecer a una cultura "nacional" homogénea tal vez no sea una pobreza sino una riqueza. En este sentido, soy un escritor "internacional" que reside en Buenos Aires. Mis ancestros provinieron de muchas naciones y razas distintas, como lo he mencionado, y pasé gran parte de mi juventud viajando por Europa, en particular por Ginebra, Madrid y Londres, en donde aprendí varias lenguas nuevas, alemán, inglés antiguo y latín. Este aprendizaje multinacional me permite jugar con las palabras como hermosos juguetes, entrar, como lo dijo Browning, en "el gran juego del lenguaje".

Heaney: Me parece muy interesante que su inmersión en varias lenguas durante su infancia, y sobre todo en el español y el inglés, le haya dado ese sentimiento del lenguaje como un juguete. Sé que mi propia fascinación con las palabras estuvo estrechamente relacionada con el hecho de que aprendiera latín cuando era niño. Y la fatigué. También aprendí mucho de él.

Kearney: ¿Y qué opina de Beckett, tal vez el discípulo literario irlándes más cercano a Joyce? El parece compartir con usted una obsesión con la ficción como un laberinto autoescrutador de la mente, como una parodia eternamente recurrente de sí misma...

Borges: Samuel Beckett es muy aburrido. Vi su obra Esperando a Godot y eso me bastó. Me pareció que era una obra muy pobre. ¿Para qué tomarse la molestia de esperar a Godot si él nunca llega? Qué cosa tan tediosa. Después de eso, ya no tuve deseos de leer sus novelas.
(Traducción de Katia Rheault)
Creadores
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Las ruinas circulares

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas. El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar. Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y¥ procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimirõa a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo. A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y si de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de bueno afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos. Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía. Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido. En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó. El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada días las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido. . . En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy. Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje. Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas. El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches, después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, Estos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.



Jorge Luis Borges

El jardín de senderos que se bifurcan (1942)
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Despedida

Entre mi amor y yo han de levantarse

trescientas noches como trescientas paredes

y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.

Oh tardes merecidas por la pena,

noches esperanzadas de mirarte,

campos de mi camino, firmamento

que estoy viendo y perdiendo...

Definitiva como un mármol

entristecerá tu ausencia otras tardes.

Jorge Luis Borges
Fervor de Buenos Aires (1923
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Borges y las musas

María Kodama, presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, es una mujer tranquila, amable, elegante, con un ligero acento argentino. Charlamos recientemente con ella en la Casa de México en París, después de una conferencia que dio para presentar una parte de la biografía de Jorge Luis Borges que está preparando.
- Se dice que Borges fue decisivo en dos sentidos para usted, ¿Cuáles fueron estos?
- Primero porque sobrepasaba la medida de aquello que estábamos habituados a hacer y, segundo, porque fue alguien que tocaba sus textos de manera que nos encantaba como el flautista de Hamelin, alguien que se constituía como una instancia moral, insobornable, en un mundo que no era así.
- ¿Cómo conoció usted a Borges?
- En mi juventud me lo encontré en las calles de Buenos Aires. Me invitó a estudiar el anglosajón, nos citábamos en varios bares y era muy lindo. Cuando lo conocí a los 16 años no estaba enamorada de él, o lo estaba y no lo sabía. Nos divertíamos mucho durante estas entrevistas.
- ¿Cómo fue desarrollándose su relación?
- Yo estudiaba literatura en Buenos Aires. Comencé a estudiar con él a los 16 años. Esto hizo que la relación fuera muy profunda. Primero me pidió que le ayudara con unas notas, posteriormente me fue dictando sus obras, que revisaba una y otra vez hasta encontrar la perfección de la palabra. Fue una relación larga, muy matizada y compleja. Era sumamente perfeccionista, revisaba innumerables veces sus poemas y, ya revisados, los publicaba en periódicos. Luego los volvía a revisar y ya cuando sentía que estaban perfectos,
los enviaba a la editorial para publicar el libro.
- ¿Quién era la musa de Borges?
- Él decía que su musa llegaba a través de los sueños, a veces de las pesadillas. Los dejaba reposar y luego analizaba si el material de los mismos servía o no para un poema o una prosa. Se sentaba en una silla con una pierna colgando y cerraba los ojos como para interiorizar ese sentimiento e iba contando con los dedos las sílabas en el aire y luego a corregir y corregir. En una ocasión hubo un poema que hizo en Estados Unidos que se lo dictó un sueño y que él no iba a corregir porque no se sentía con derecho. Yo admiraba que no se sintiera ciego, actuaba como si viera.
- ¿Qué era para Borges la inspiración? ¿Tenía algún horario fijo de trabajo?
- Ésta era como la musa para los griegos, es como un soplo que llega sin saber de dónde para poder hacer algo. Generalmente no tenía un horario estricto, sólo cuando debía entregar un libro. No era un escritor metódico, salvo en las entregas ya programadas, entonces sí se sentaba y no paraba hasta terminar el libro.
- ¿Cuál fue el episodio más debatido en la vida de Borges?
- Cabe destacar que yo nunca escuchaba sus conversaciones telefónicas, pero en una ocasión que lo hice, porque él me tomó del brazo para que no me fuera de la sala, y por las respuestas que daba, descubrí que hablaba con alguien sobre el premio Nóbel y su nominación. Al parecer, por lo que Borges contestaba, el interlocutor le pedía que renunciara a ir a recoger el premio Honoris Causa que el presidente de Chile, Pïnochet, le otorgaría, con el fin de que al hacerlo obtendría el premio Nóbel. Borges rechazó la petición diciendo: "Le agradezco lo que me dice, que soy un candidato para el Nóbel, pero lo que usted me propone no lo puedo permitir porque dos cosas que un hombre no puede aceptar es sobornar o dejarse sobornar." Después de esta conversación, fue a recibir su reconocimiento a Chile y, por consiguiente, no obtuvo el aclamado reconocimiento, lo que no le resultó tan dramático ya que esta tan sonada situación lo hizo más famoso que haber obtenido el Nóbel, y se volvió una broma entre nosotros y los amigos.
- Usted, que tantos años fue los ojos y las manos de Borges, ¿nos puede decir cómo nacía un poema en Borges desde la voz de otro poeta?
- Borges fue muy agradecido con todos aquellos que lo habían ayudado a construir su obra, empezando por su abuela inglesa que desde pequeño le contaba cuentos y le leía la Biblia. Así, uno de los primeros ecos poéticos que llegan a Borges son los versículos de la Biblia. Luego iba con su padre a la biblioteca y leía los libros que estaban al alcance de sus manos, pero su padre también le hablaba de filosofía. Desde muy pequeño estuvo sujeto a una disciplina que no le era impuesta y que lo llevó después a la comprensión de los textos.
- ¿Cuáles fueron algunos de los autores que influyeron y gustaban a Borges?
- Dante Alighieri, Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Whithman, Virgilio, Homero. Borges hojeaba los libros y les hacía anotaciones. Luego de leerlos los firmaba y les ponía fecha para que, tiempo después,cuando los releyera, viera, comparara y valorara su pensamiento de ayer con el actual.
-¿Quedaron muchas obras de Borges sin publicar?
- De cartas hay todavía por publicar unas cuantas. Tampoco ha salido a la luz el guión de un film que escribió cuando estaba muy enfermo en Venecia, ni se conocen algunos de sus prólogos. En concreto, el año pasado salió un volumen de los textos recobrados que es todo lo que la fundación pudo juntar de material inédito; es decir, aquello que no fue publicado como libro sino en diarios y revistas. Ya empezó el editor en Buenos Aires, el año pasado, a publicar el primer volumen.
- Por supuesto que ha de conservar muchos recuerdos de Borges, ¿Hay alguno en especial que le guste traer a la memoria?
- Sí: uno de los más hermosos fue cuando le di como regalo llevarlo a ver los tigres. Todavía distinguía las cosas en blanco y negro. Yo conocía al dueño de un zoológico que me comentó que cuando los tigres nacían, él sabía si eran buenas o malas bestias. A Borges eso le llamó mucho la atención. Fue un día extraordinario para él, poder tocarlos, sentirlos. El tigre era su animal preferido porque significaba la fuerza y la elegancia. Esta figura le era recurrente porque de pequeño iba mucho al zoológico a verlos.
Por: Lina Zenón
fuente:http://www.elatinoweekly.com/article.cgi?article_id=452
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Las cartas de Leonor Acevedo

Las cartas iban y venían, cruzando la frontera argentino-uruguaya. De este lado del río, Leonor Acevedo, la madre de Jorge Luis Borges. Del otro, Esther Haedo de Amorim, su prima segunda casada con Enrique Amorim, afincada en Salto, Uruguay.

Durante más de tres décadas -entre 1937 y 1971-, Esther guardó meticulosamente todas las cartas que le enviaba Leonor. Se juntaron doscientas. Y gracias al trabajo de Alejandro Vaccaro, un biógrafo de Borges, hoy -y sólo por hoy- quienes se acerquen al Centro Cultural que lleva el nombre del escritor (Viamonte y San Martín, de 18 a 21) podrán encontrarse con ellas y revivir, aunque sea por unos minutos, las últimas noticias sobre "Georgie" (así lo llama su madre en las cartas) y Norah, la hermana.
cartas, cegueraPero, también, la preocupación y la angustia de una madre que asiste impotente a la progresiva pérdida de visión de su hijo. Será la primera vez que el público pueda acceder a estos escritos. Las cartas, además, abundan en referencias de la señora al gobierno peronista, que detestaba profundamente.
Leonor Acevedo tuvo una relación muy estrecha con su hijo. De hecho, Borges vivió toda su vida con ella hasta el momento de su muerte, en 1975, con excepción de los dos años en que el escritor estuvo casado con Elsa Astete, a fines de la década del 60. Las cartas tienen un valor incalculable para quien se siente tentado a espiar la vida del escritor desde lo cotidiano.
Hace pocos años, la destinataria de las cartas murió. Así, Alejandro Vaccaro se acercó a la familia, sin imaginar el tesoro que le aguardaba. "Así somos nosotros -dice-, como los buitres, porque en general la gente siempre conserva algo."
Anteojos para Georgie
El biógrafo guarda las cartas dentro de folios, en carpetas. Están asombrosamente bien conservadas. Algunas, escritas en hojas rayadas. Otras, con membrete de algún hotel, enviadas durante los viajes, o en papel de color.
En todas se repite esa letra angulosa y chatita de Leonor, que invariablemente se dirige a su prima como "Mi preciosa".
El trazo se va volviendo más frágil en las últimas, de mediados de los 70, cuando la mujer tenía más de 90 años. En algunas, al final del texto de Leonor, aparece la letra de imprenta prolija y muy pequeña de Jorge Luis Borges.
Sacar las cartas de los folios donde se conservan, desplegarlas y descifrar los garabatos de tinta negra es una experiencia casi mágica. ¿Qué se lee allí?
Por ejemplo, al final de una, fechada el 16 de agosto de 1950, Leonor le cuenta a Esther las novedades. Y le dice que "Georgie ha vuelto radiante de su viaje aéreo al Chaco y Misiones". Al final, el autor agrega unas líneas, para el marido de Esther, que grafican sutilmente su genialidad: "Querido Enrique: gracias por el fluido Bonjour á la Seine . Otro río menos ilustre y más hermoso que el Sena, he conocido en estos días: el Alto Paraná. Un abrazo, Georgie".

En otras, Leonor no puede contener la angustia por la salud de Georgie, como en ésta, fechada el 6 de junio de 1955: "... A ver si el año próximo le pueden dar a Georgie anteojos para leer y escribir, pues el hacerlo dictando no acaba de satisfacerlo. Me siento tan necesaria que tiemblo con la idea de enfermarme o que la vejez haga de las suyas, ya que ahora soy sus ojos..."


Fernando Halperin
Foto: Sergio Llamera
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Biografía

"Autor contemporáneo Argentino que goza de mayor fama internacional ". Hijo de Jorge Guillermo Borges profesor y escritor y de Leonor Acevedo Haedo. Nació en Buenos Aires, el 24 de Agosto de 1899. El 4 de Marzo de 1901, nace su hermana, Norah, compañera de juegos con la que no peleaba nunca y con la que compartió sus miedos infantiles. Su padre a menudo le recitaba poesías en inglés; " idioma que se alternaba en el hogar con el español por la influencia de su abuela paterna Haslam Arnet ( inglesa )" , de Swiburne y de Keats, sus preferidos. La madre Leonor, afirmaba que fue su marido quien guió a su hijo en los gustos literarios; poseían la misma inteligencia, el mismo tipo de " humour " y conversaban de literatura mano a mano, desde que Jorge fue muy joven. El chico aprendió a leer en inglés y más tarde en Castellano, pero ni él ni su hermana fueron a la escuela, después de recibir en su hogar la instrucción que le imparte una institutriz inglesa, ingresó en el cuarto grado de la escuela primaria del Estado. El inglés fue el idioma de su infancia y en 1908 tradujo " El Príncipe Feliz ", de Oscar Wilde. Viajó luego a Europa con su familia, donde visitó París y se instaló en Ginebra, Suiza, donde los niños realizarían sus estudios refugiándose de la guerra. Estuvo luego en Francia, Alemania y España donde se inició como poeta y unió al grupo de los ultraístas, cuyo movimiento difundió en la Argentina. En 1922 funda la revista " Proa ", junto con González Lanuza, Macedonio Fernández y Norah Lange. De regreso en Buenos Aires se entregó a la poesía, dentro del movimiento ultraísta porteño, y publicó su primera colección Fervor de Buenos Aires ( 1923 ) y más tarde Cuaderno de San Martín. Integró el grupo literario Martín Fierro y participó en varias revistas. Transitó luego al relato y al ensayo corto y dio a conocer su Historia Universal de la Infamia ( 1935 ), que llamó poderosamente la atención del público literario por la novedad de los ensayos y la agudeza de los razonamientos, características que habría de conservar en su prosa para siempre. Dentro de esta línea publicó más tarde dos importantes colecciones de cuentos, Ficciones ( 1944 ) y El Aleph ( 1949 ). Fue más tarde profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras y se lo designó director de la Biblioteca Nacional ese mismo año. Obtuvo el " Prix International des Editeurs " en 1961, compartido con el escritor irlandés Samuel Beckett. Viajó por Europa y América dictando cursos y conferencias en numerosas universidades e instituciones culturales del país y del extranjero. Continuó publicando cuentos, poesías y ensayos en diversas revistas y diarios, que compiló más tarde en otros volúmenes. En 1946, al asumir Perón el gobierno, elegido en elecciones realizadas en ese año, es transferido en julio por el intendente Emilio Siri de su puesto de bibliotecario al de inspector de pollos, gallinas y conejos en las ferias municipales. Se trataba de una humillante venganza por su decidida oposición al peronismo. Borges renuncia y sigue dando conferencias (siempre vigiladas por policías o pesquisas del gobierno peronista) en el Instituto de Cultura Inglesa para ganarse la vida. Borges ha sido recompensado en su país y en el extranjero con un gran número de distinciones; entre ellas podemos nombrar: el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, que fue creado especialmente para él; de la cual fue presidente desde 1950 a 1953, el Primer Premio Nacional de Literatura ( 1956 ), el Premio Alfonso Reyes de México, el Premio Interamericano de Literatura Matarazzo Sobrinho de Brasil, en 1965 el embajador de Italia le entrega la medalla de oro del IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia, en 1966 recibe de la comuna de Milán el IX Premio Internacional Madonnina, el 22 de Mayo de 1968 el embajador de Italia le entrega las insignias de la Orden del Mérito de la República Italiana en el grado de Gran Oficial, a fines de Agosto de 1976 el gobierno de Chile lo condecora con la orden al mérito Bernardo O' Higgins en el grado de Gran Cruz, en Agosto de 1979 recibe de la República de Santo Domingo el premio denominado Canoabo de oro, el 3 de Junio de 1981 recibe en Cambridge (E.E.U.U) el doctorado Honoris de la Universidad de Harvard, a fines del mismo mes se le otorga el Doctorado Honoris Causa en Letras de la Universidad de Puerto Rico, fue designado doctor " honoris " causa de la Universidad Nacional de Cuyo y de la Universidad de Michigan (E.E.U.U ), etc. Desde 1962 fue miembro de la Academia Argentina de Letras. Su nombre fue propuesto varias veces para el Premio Nobel de Literatura. Sus obras se han traducido a veintiún idiomas. Como narrador, es considerado uno de los grandes cuentistas de la literatura universal. Sus obras han influido en escritores de todas las latitudes. Trabajaron en conjunto con Adolfo Bioy Casares, bajo el nombre de Bustos Domecq. Algunas de sus obras fueron: Dos fantasías memorables (1946 ); Seis problemas para don Isidro Parodi ( 1942 ); Cuentos breves y extraordinarios ( 1955 ) y algunos más. En 1973, la Municipalidad de Buenos Aires, lo declara ciudadano ilustre.A causa de su creciente ceguera, que motivó múltiples operaciones, se le prohibe leer y escribir, órdenes que son cumplidas por su madre y amigos. Finalmente, el 14 de junio de 1986 muere a sus 87 años en Ginebra. Obras LOS CUENTOS DE BORGES Aunque la poesía de Borges es digna de elogio, su fama internacional se debe a sus cuentos y ensayos. Se ha dicho que nadie en lengua española moderna ha creado como él un estilo " tan estilo ". En efecto, su personalidad artística se respalda no sólo en una temática novedosa, sino también en una técnica y en un estilo literario propio. Sus temas son en general de procedencia libresca, en cuanto parecen suscitados por lecturas del autor, quien una vez tomado el asunto en sus manos les da una perspectiva y una derivación originales, y convierte así, esa materia erudita y muerta, en un asunto de vitalidad e interés actuales. FICCIONES DE BORGES La infatigable oriqinalidad de Jorqe Luis Borges encuentra en este libro oportunidad de amplio lucimiento. Ficciones dio lugar en su momento a la enjundiosa admiración de la crítica sobre él, poco pueden agregar estás líneas que no buscan presentar al libro, sino simplemente repetir que Ficciones es imprescindible en la actualidad para juzgar la literatura contemporánea. El crítico y humanista Roger Caillois ha pronunciado palabras definitivamente consaqratorias: "Actualmente puede decirse sin paradoja que Borges es más conocido, más admirado y, sobre todo, más estudiado en las márgenes del Sena que en las del Río de la Plata." Traducido a varios idiomas, Ficciones fue galardoneado en 1961 con el Premio Internacional otorgado a los editores de Francia, EE.UU., lnqlaterra, ltalia, Alemania y España. A la edición primitiva, Borges agregó tres cuentos: El Fin, La Secta del Fénix y El Sur. Vuelven, pues, de nuevo a manos del lector Funes el memorioso, El jardín de senderos que se bifurcan, Tlón, Ugbar, Orbis Tertius. Con cada uno de los cuentos de Ficciones podría hacerse una selección por separado que incluyera los mejores del género. Todos pertenecen a la clásica categoría de las piezas antológicas. Medido y filoso, el estilo de Borges describe con acertada rapidez, la nota humorística de Pierre Menar, autor del Quijote, o el suspenso matemático de La muerte y la brújula, o la penetrada filosofía de El Sur; sin hablar de la Biblioteca de Babel, página premonitora y lúcida del actual director de la Biblioteca Nacional. LA COSMOVISIÓN DE BORGES Hay un trasfondo filosófico en todos ellos que se refleja en su concepción peculiar del tiempo, el espacio, la muerte, el infinito, la existencia humana y el mundo. Borges toma el mundo existente y real como si fuera una alucinación o una idealización dentro de la cual vivimos, sin darnos cuenta. La muerte es para él la clave de la vida y cada uno tiene su vida personal. El destino humano es incomprensible para el ser humano, y la vida se repite con nosotros simétricamente, es un inexplicable laberinto de destinos: el destino es como otra persona que llevamos dentro de nosotros mismos. El tiempo es un eterno retorno, un regreso hacia el infinito que se repite constantemente. Borges, debe toda esta concepción a su constante lectura de los filósofos. TÉCNICA Y ESTILO Aunque Borges se inició poéticamente con temas de repercusión popular, como la ciudad de Bs.As., sus calles, patios, compadritos, etc.; parece haber renunciado a esta modalidad ya que sus cuentos son materia literaria para otro tipo de público. Se requiere una erudición particular para poder entender a fondo el simbolismo de ellos, y esta erudición no siempre está al alcance de todos. Los géneros preferidos del escritor fueron el cuento fantástico, de contenido metafísico desarrollado dentro de una estructura algo parecida a la del relato policial, el tiempo y lo intemporal, la paradoja, la naturaleza, etc. Sus cuentos como sus relatos y sus poesías, son de una arquitectura estructural muy bien pensada, lógicamente desarrollados, y escritos con una economía de recursos certeramente planeada. Nada sobra en ellos, pero nada falta. Escribe lo estrictamente necesario para decir lo que tiene que narrar, y no se excede en ningún momento. Su estilo es otra de la novedades. Se ha dicho que sus ensayos y sus cuentos constituyen una serie de problemas literarios y filosóficos que , introduce con brevedad y resuelve con gracia y elegancia. OTRAS DE SUS OBRAS SON: " Poesía y Prosa "; El hacedor ( 1960 ); Elogio de la Sombra ( 1969 ); El Oro de los Tigres ( 1972 ). " Ensayos "; Inquisiciones ( 1925 ); El tamaño de mi Esperanza ( 1926 ); Evaristo Carriego ( 1930 ); Aspectos de la Literatura Gauchesca ( 1950 ); Otras Inquisiciones ( 1952 ); Borges Oral ( 1979 ); Historia de la Eternidad ( 1936 ); Libro de los Sueños ( 1976 ); Nueve Ensayos Dantescos ( 1982 ); Prólogos ( 1975 ), y algunos más. " Ficción "; El Jardín de Senderos que se Bifurcan ( 1941 ); La muerte y la Brújula ( 1951 ); El Libro de los Seres Imaginarios ( 1968 ); El Libro de Arena ( 1975 ) y Rosa y Azul ( 1977 ).

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