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Jorge Luis Borges es una inagotable fuente de sorpresas.Sus Obras, sus pensamientos, su particular idiosincracia,en este jardín de senderos que se bifurcan

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Un poema desconocido de Borges y mil libros suyos hallados en Argentina

30/09/2010


BUENOS AIRES.- Un poema desconocido del escritor argentino Jorge Luis Borges y un millar de libros suyos con anotaciones de su propia mano, acaban de ser hallados en la Biblioteca Nacional de Argentina, un descubrimiento excepcional para uno de los autores más estudiados en el mundo. "Llaman investigadores de todo el mundo: desde las universidades de Virginia y Pittsburgh, en Estados Unidos, hasta Leipzig y Hamburgo, en Alemania", dijo Laura Rosato, una de las descubridoras. "Varios de ellos ya nos anunciaron que van a venir antes de fin de año", agregó con orgullo Germán Álvarez, quien al igual que Rosato, trabaja en la Biblioteca Nacional argentina, de la que Borges fue director entre 1955 y 1973. Rosato y Álvarez reunieron y publicaron sus descubrimientos en "Borges, libros y lecturas", una obra de 400 páginas. La historia de estos libros comienza en 1973, cuando el regreso del general Juan Perón a Argentina obliga al muy antiperonista Borges a jubilarse tras 18 años al frente de la institución. Al ser acusado de robar libros por un empleado que pretendía desestabilizarlo, el autor de "Ficciones" pidió a un notario hacer un inventario. De los libros que le pertenecían, se lleva algunos y dona alrededor de un millar a la Biblioteca. Pero los empleados, muchos de ellos peronistas, "olvidan" poner a cada ejemplar el sello de 'Donación Jorge Luis Borges'. La colección cae así en el olvido y los libros quedan apilados en paquetes. En 1992, cuando la Biblioteca dejó la calle México en el histórico barrio de San Telmo para mudarse al edificio ultramoderno de La Recoleta, se abrió el interrogante sobre la suerte que correría la colección, pero cinco directores lo ignoraron. Recién en 2004, bajo la dirección de un peronista, Horacio González, Rosato y Álvarez iniciaron el trabajo de hormiga que los llevó a analizar los más de 900 mil ejemplares de la Biblioteca. La perla entre los hallazgos es un poema inédito, manuscrito por Borges sobre un ejemplar en alemán sobre la religión en los tiempos de la Reforma, del teólogo Christian Walch. Se reconoce allí el trazo fino y preciso característico: "Es de lejos el hallazgo más importante", dijo Álvarez. "La esperanza/como un cuerpo de niña...", se lee. "Es el primer Borges, el más íntimo, casi erótico", agregó Rosato, es "la época de la gran separación de Concepción Guerrero", completó Germán. Borges fecha esas líneas el "11 de diciembre de 1923", cuando estaba con su familia en Ginebra, donde regresaría para morir en 1986, y se disponía a partir para España
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Mi experiencia con el Japón conferencia


Señoras, señores:

Un amigo mío, el gran escritor belga Henri Michaux, escribió un libro titulado Un bárbaro en Asia. Yo lo traduje al castellano y me llevó largo tiempo comprender que era irónico el título. El contaba sus experiencias en la China y la India. Pero lo repito ahora con este candor, con toda inocencia, porque yo también me he sentido un bárbaro en el Asia, concretamente en el Japón. Eso no me ha entristecido. El hecho de compartir de algún modo una cultura que me parece harto más compleja que la nuestra, me alegró. Yo he pensado muchas veces: qué importa que yo sea desdichado si alguien es feliz, qué importa que yo sea desdichado si existe la felicidad, qué importa que yo sea relativamente un bárbaro si existe la cultura.

Pasé aquella temporada en Japón, donde me sentía continuamente agradecido, continuamente atónito, continuamente indigno de lo que yo podía ver a través de mi ignorancia y de mi ceguera. Yo voy a empezar con un mínimo ejemplo; espero que ustedes me hagan preguntas después. Yo no podré resolver ningún enigma, ya que el Japón es un enigma para mí. Pero un enigma que puede ser encantador. Por ejemplo, si tomamos los versos de Jaimes Freyre, que suelo recordar siempre: "Peregrina paloma imaginaria / que enardece entre los últimos amores / alma de luz de música y de flores / peregrina paloma imaginaria;" o aquel verso del famoso poeta irlandés William Butler Yeats, nos preguntamos qué quieren decir y no sabemos, pero eso es lo de menos, notamos que hay un enigma y ese enigma nos encanta.

Yo de algún modo me he ido preparando para esa sorpresa casi total que es el Japón. Mi primer encuentro con Japón fue con una pantalla japonesa que había en casa, la que, me di cuenta, era apócrifa. Luego con un libro: Tales of Old Japan. Desgraciadamente me he olvidado de los argumentos de esos cuentos de hadas pero recuerdo las ilustraciones, unos demonios verdes, debidamente demoníacos, debidamente japoneses. Recuerdo esas ilustraciones como si estuviera viéndolas. Es un poco triste reflexionar que uno lee un libro y lo que queda es que estaba encuadernado de verde, que estaba en tal o cual anaquel y que lo demás se ha ido o no se ha ido, quizá lo hayamos incorporado. De Quincey creía que la memoria era perfecta y comparó el cerebro humano con un palimpsesto. La memoria va siendo una pila infinita de palimpsestos, uno encima de otro, pero nada se pierde. Un estímulo y de pronto uno recuerda algo. Todo está en la memoria. De modo que algo de aquellos cuentos queda en mí.

Luego, mi otro encuentro con Japón fue cuando leí libros de Lafcadio Hearn, en cuya casa estuve. Me impresionaron mucho, sobre todo uno con hermoso título: Some Chinese Ghosts (Algunos fantasmas chinos). Creo que la fuerza está en la palabra some, "algunos", pues Chinese Ghosts no tiene por qué impresionarnos. Algunos los vuelve más precisos y a la vez más lejanos.

Un discípulo de María Kodama, japonés, a quien le había enseñado castellano, me preguntó cierta vez si no tenía interés en ir a Japón, y yo le contesté que no estaba totalmente loco, que naturalmente que sí, y pensé que había dicho eso para llenar un hueco. Pero al cabo de unos meses llegó una invitación de la Japan Foundation, y nos ofrecieron aquello que yo había creído increíble: un viaje al Japón. Fuimos María Kodama y yo. Pero ella tiene jóvenes ojos, una joven memoria; en cambio yo, viejos ojos ciegos; mi memoria es pobre, pero traté de no ser indigno de aquel viaje. Visitamos siete ciudades. Yo he escrito un libro con Alicia Jurado titulado Qué es el budismo; había un capítulo sobre budismo zen, una de la sectas típicas del Japón. Siempre me interesó el budismo, que es una religión que no exige de nosotros ninguna mitología; las otras religiones exigen mitología. Por ejemplo, el cristianismo nos exige la creencia en una divinidad que se hace hombre, tenemos que creer en premios y castigos. Pero el budismo no nos exige ninguna mitología y la permite también. Una prueba de tolerancia, que es una de las virtudes del Japón, es el hecho de que hay dos religiones oficiales. Una es el shinto, una suerte de panteísmo; creo que hay ocho millones de dioses, lo cual para nosotros es casi infinito y el infinito se parece bastante a cero. Creo que el Emperador profesa la fe del Buda y el shinto. Si además de eso un japonés quiere convertirse a cualquiera de la sectas cristianas, puede, ya que se considera que todas son facetas de la misma verdad.

Nuestro viaje se había organizado un poco alrededor de ese mísero librejo de Alicia Jurado y mío que había sido vertido al japonés; sin duda, quienes lo tradujeron sabían mucho más que nosotros sobre el tema. Les interesaba saber qué podía pensar un occidental, un mero bárbaro, de la fe del Buda, y así pudimos visitar ciudades, ríos, santuarios, monasterios, jardines. Yo pude conversar con un monje de un monasterio budista. Este muchacho, de unos treinta años, había estado dos veces en Nirvana; me dijo que él no podía explicármelo, y yo le entendí. Toda palabra presupone una experiencia compartida. Si yo digo "amarillo", se entiende que el interlocutor ha visto el color amarillo. Si no lo ha visto, la palabra es inútil. Bien, él no podía explicarme nada porque yo no había alcanzado el Nirvana. Me dijo que después de esa experiencia, le acontecían las mismas cosas que al resto de los hombres, sin excluir el dolor físico, el placer físico, la soledad, la incertidumbre y por qué no, el dolor, la traición; todo eso le es dado con no menos generosidad que a los otros hombres. Pero como él había estado en Nirvana sentía todo eso de un modo distinto, de un modo que no podía explicarme. El podía hablar de eso con otro monje en un monasterio lejano; cuando se encontraban podían hablar de esa experiencia, pero yo estaba excluido.

Bueno, he usado hace un rato, la palabra jardín. Hay un admirable jardín japonés aquí en Palermo que ha sido donado por el gobierno japonés, pero ya me doy cuenta de que usar la palabra, el concepto jardín es distinto al nuestro. Hay páginas de Chesterton en que habla de "amplios y ociosos jardines". Si uno piensa en los jardines como un lugar donde uno se pierde

(hay jardines en Inglaterra como laberintos), piensa en el jardín como un lugar donde errar; en cambio, si no me equivoco, los jardines japoneses están hechos más bien como espectáculos, están hechos sobre todo para la vista, y hay uno, cuyo nombre he olvidado, en el cual no se entra, se lo ve desde afuera; creo que hay cinco piedras. En el jardín japonés la piedra es un elemento constante, de igual modo que el agua y las plantas. Creo que son cinco piedras pero uno sólo puede ver cuatro a un tiempo. El jardín como espectáculo o como una serie de espectáculos. El hecho es que uno no abarca nunca la totalidad del jardín, uno ve hasta cierto punto; cuando uno llega a ese punto hay un desvío, aparece algo imprevisto, puede ser un arroyo, un puente, un pabellón, otro desvío; y así el jardín es una serie de espectáculos. Pero puedo equivocarme en esto.

Desde luego a mí me había interesado la literatura japonesa. Yo he leído sobre todo las versiones de Arthur Waley, la versión de Genji Monogatari de Murasaki Shikibu, y la poesía japonesa. Ya en esa poesía pude apreciar una diferencia. Porque nosotros pensamos sobre todo en largos poemas, en La Divina Comedia, en el Paraíso Perdido, en La Odisea, en La Eneida, en canciones de gesta medievales. En cambio, la poesía japonesa empezó, si es que los estudios de literatura no nos engañan, por poesías relativamente breves, de cincuenta a sesenta versos, pero luego se sintió que eran demasiado largos y se llegó a la tanka, que consta de treinta y una sílabas, en versos de 5-7-5 sílabas, y luego vendría a ser el alejandrino: 7-7. Para nosotros las treinta y una sílabas nos parecen muy breves, en cambio para los japoneses eso fue demasiado largo, y les llevó a crear el haiku, especie de joya de diecisiete palabras: 5-7-5.

El fin de los poemas es apreciar un instante precioso. Un haiku bien hecho tiene que cumplir una mención de una de las estaciones del año. Creo que hay libros en los cuales hay por ejemplo cincuenta maneras de indicar el otoño, cincuenta maneras de indicar el estío, o lo que fuere. Uno puede repetir una de esas fórmulas y no importa, porque no hay la idea de plagio. El autor tiene que tratar de hacer algo bello. Si eso bello no es enteramente original no importa. Bueno, yo he intentado con escaso éxito el haiku. En algún libro mío hay diecisiete haiku, pero no sé si lo he logrado. Pero para qué recordar lo que se ha hecho en castellano. Prefiero rcordar un famoso haiku que dice así: "El viejo estanque / salta una rana / ruido del agua". Son 5-7-5 sílabas. Hay otro que a mí me parece mejor pero que es menos famoso y que vuelve ahora a mi memoria: "Sobre / la gran campana de bronce / se ha posado una mariposa". En ambos haiku no hay metáfora, no se compara una cosa con otra. Es como si los japoneses sintieran que cada cosa es única. La metáfora es una pequeña operación mágica. Hablamos por ejemplo del tiempo y lo comparamos con un río, hablamos de las estrellas y las comparamos con ojos, la muerte con el sueño. En la poesía japonesa se busca el contraste. Vemos el contraste entre la perdurable campana y la mariposa efímera.

Estando en Japón ya sentía continuamente la cortesía, que solía tomar la forma del silencio. Entramos en un teatro para asistir a una representación de no y yo pensaba que en la sala no había nadie, pero sin embargo estaba llena de gente, pero nadie alzaba la voz. Luego otro rasgo curioso es que el interlocutor siempre tiene razón. Yo recuerdo que visitamos el santuario del Buda en Nara, me dijeron que el rostro era terrible. El edificio era de madera, quizá el edificio de madera más antiguo del mundo. El Buda está sentado sobre una flor de loto. Hay una escalera por donde uno puede llegar a tocar los pétalos de la flor y uno sabe que más allá continúa el Buda de rostro terrible; me dijeron que la cabeza del Buda casi toca el techo de la cúpula. Vimos aquello y alguien al salir preguntó si la imagen del Buda era de madera. Un sacerdote que dominaba el inglés contestó: "Sí, es de madera". Dejó pasar el tiempo y otro preguntó al mismo sacerdote: "¿De qué está hecha la imagen del Buda?" El sacerdote, sin contradecirlo, sin ofenderlo, pudo decir: "De bronce, señor". Todo eso corresponde a un modo muy complejo. A un mundo de buenos modales, a un mundo de gente

educada, culta, y eso para mí, que era un bárbaro en Asia, me sorprendió.

Ahora veamos por ejemplo la historia reciente del Japón. Japón sufrió una derrota terrible, la aceptaron. No hubo ninguna hipocresía y sin modificar sus estructuras, sin perder su reverencia al emperador, el país resolvió cambiar, aceptar ese mecanismo occidental que los había destruido, y ahora se da este hecho increíble para nosotros. El hecho increíble es que Japón ahora posee dos culturas: su cultura oriental y la cultura occidental. A ésta, la ejercen mejor que los occidentales, a juzgar por las máquinas que se fabrican en Japón que son más evolucionadas, más refinadas y más elegantes también, porque el sentido estético del Japón perdura. Así el Japón ha ido recibiendo influencias. Por ejemplo, cuando se habla de China, a pesar de las diferencias políticas, se habla con una reverencia filial. Yo pienso que la introducción de los kanji, del budismo, tiene que haber sido para ellos una revolución no menos grande que la revolución actual de la cultura occidental que ellos han aceptado. Son ciento veinte millones de hombres que están ejerciendo dos culturas. Lo hacen sin lamentos, sin una elegía. Ellos han adquirido algo más, ellos han visto en esa derrota una secreta victoria.

He estado tratando de saber algo de japonés. Por ejemplo, nosotros contamos uno, dos, tres, cuatro, cinco y usamos las mismas palabras para cualquier cosa. Decimos "un" y lo que viene después puede ser un ancla, un ángel, un sol, lo que fuere. Pero en japonés creo que hay nueve modos de contar las cosas, y las palabras varían también según los números. Por ejemplo hay un sistema que sirve para contar cosas largas y cilíndricas; este bastón o un lápiz o un taco de billar. Hay otro para contar animales chicos o grandes. Todo eso me ayuda a comprender la brevedad de la poesía japonesa. Me dicen que no es algo que atañe a unos pocos. No, todo el mundo versifica. Creo que por año se escriben un millón de haiku; los escribe un campesino, un obrero, el Emperador, y si buscan ese límite es porque sin duda tienen un idioma más complejo que el nuestro. Yo sospecho que el japonés es a nuestras lenguas occidentales lo que nuestras lenguas son al guaraní o al quechua. Es más complejo. Una prueba de ello es que buscan formas breves porque saben que el idioma les permite hacer poemas admirables de diecisiete sílabas. Ellos se han impuesto esto porque sin duda saben que pueden hacerlo. He empezado a estudiar ese idioma que no sabré nunca, pero es algo así como si supiera que algo es inmortal, que de algún modo seguiré estudiando japonés después de mi muerte corporal. ¿Por qué no creer en la transmigración, que es algo que en los países orientales no se trata de explicar?

Conferencia pronunciada el 8 de julio de 1985 en la sala Promúsica de Buenos Aires.
Fuente:  http://bibliotecaignoria.blogspot.com/
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Rescatan las huellas del mundo árabe en la obra de Borges

En el Instituto Cervantes de El Cairo, dos conferencias evocaron al autor argentino, uno de los más importantes creadores de la Literatura Fantástica.

Reunimos a dos amigos para hacer lo que a ellos les gustaba: hablar de literatura." Con esas palabras, Ana del Puerto, jefa de la biblioteca del Instituto Cervantes de El Cairo, presentó el encuentro simbólico que anteayer protagonizaron en esta ciudad Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares cuando, precisamente en la biblioteca que ha sido bautizada con el nombre del autor de "La invención de Morel", se realizaron dos conferencias en homenaje a Borges, con motivo de haberse cumplido veinte años de su muerte, el 14 de este mes.

Cerca de la hora prevista para que comenzara el acto, los asientos dispuestos en la biblioteca se llenaron de jóvenes egipcios, en su mayoría universitarios, que estudian español en el Instituto. Los encargados de hablar de Borges fueron el presidente de la Asociación Borgesiana, Alejandro Vaccaro, y Santiago de Luca, doctor en Letras especializado en la obra de Borges. Las ponencias fueron complementarias y permitieron un completo acercamiento al escritor, tanto biográfico como literario.

De Luca dedicó su conferencia a analizar ciertos aspectos formales de la obra de Borges y la influencia que en ella tuvo la cultura árabe.

Según De Luca, "Borges es una música y la construcción perfecta de tramas. Música, porque sentía la pasión del lenguaje, como llamó alguna vez a la circunstancia de asombrarse del fenómeno humano de la lengua. Borges percibía la belleza de las palabras, se detenía en su sonoridad. Era, ante todo, un gran escuchador".

Uniendo a la musicalidad de Borges la vertiente árabe que De Luca encuentra en su obra, el especialista argentino trabajó sobre "Las mil y una noches".

"En «Siete noches» -contó De Luca- Borges reúne siete conferencias concebidas en encuentros que tuvo con estudiantes. Uno de ellos está dedicado a «Las mil y una noches» y a lo que Borges denominó diálogo entre Oriente y Occidente. Borges menciona el recorrido de estas leyendas que se hablaban en la India, después en Persia y finalmente, ya escritas en árabe, se compilaron en El Cairo. Se detiene a escuchar el título de este libro, a disfrutarlo. Dice que es uno de los más hermosos del mundo. Su belleza, sostiene, reside en el hecho de que para nosotros la palabra mil sea sinónimo de infinito."

Lógica de escuchador

En el mismo sentido, De Luca recordó una reflexión borgeana: "Borges dice que estamos conversando en un ilustre dialecto del latín que se llama lengua castellana porque eso es también un episodio de esa nostalgia, de ese comercio amoroso y a veces belicoso del Oriente y del Occidente, ya que América fue descubierta por el deseo de llegar a las Indias. Luego, con la misma lógica musical, de escuchador, Borges se detiene a sentir la palabra Oriente. Escribe que no debemos renunciar a la palabra Oriente, «una palabra tan hermosa ya que en ella está, por una feliz casualidad, el oro»".

"Hay algo que Borges no dice pero que se ve que está sintiendo -agregó De Luca-, y es que en la palabra Oriente está el oro no sólo por la imagen del sol emergiendo en el horizonte, sino por una razón musical, por la aliteración, es decir, la repetición en español en las dos palabras del sonido or: Oriente, oro. La obra de Borges está llena de estas sorpresas poéticas auditivas."

Sobre el cierre de su exposición, De Luca dijo que quería imaginar a Borges "como uno de aquellos que relataban leyendas (las que luego serían «Las mil y una noches») en Persia; a Alejandro Magno, que dormía con la «Ilíada» y la espada bajo la almohada y con este gesto, sin saberlo, preparaba las condiciones para que Jorge Luis Borges fuera posible".

A su turno, Vaccaro abordó aspectos biográficos de Borges enlazándolos con su obra. Recordó la infancia del escritor, alimentada por la biblioteca familiar, y la temprana revelación sobre su destino como poeta que significó el contacto directo con la obra de Evaristo Carriego.

"La formación de Borges estuvo marcada por sus antepasados", contó Vaccaro. "Vivía en una casa donde se hablaba indistintamente en inglés y en español. El traslado de la familia a Ginebra, en 1914, le permitió incorporar el francés y el alemán. Todos esos conocimientos, siendo sólo un adolescente, le permitieron acercarse a una variedad de obras y de autores inusual", dijo.

Vaccaro recordó el derrotero de la familia Borges, que en 1918 abandonó Suiza para trasladarse a España, donde el joven intelectual entró en contacto con una nueva generación de poetas, y los comienzos de su vida literaria en Buenos Aires.

"Borges empieza entonces a buscar su voz narrativa -dijo Vaccaro-. A principios de los años 30 conoció a Bioy y rápidamente congeniaron porque los dos eran grandes lectores." Vaccaro señaló que el folleto para La Martona que escribieron juntos permite ver la aparición de elementos que constituirían el estilo de Borges: "La mezcla de citas falsas con citas verdaderas, el humor irónico y el intento de dar verosimilitud a la ficción".

Sobre el cierre del encuentro, el público se interesó por algunos aspectos personales de Borges: la relación con su madre, su opinión acerca de los premios literarios y, fundamentalmente, su visión del amor y de los sentimientos.

El acto, en el que estuvieron presentes el embajador de España en Egipto, Antonio López Martínez; su par argentino, Osvaldo Pascual, y el director del Instituto Cervantes de El Cairo, Luis Moratinos, cerró el ciclo de homenajes que Borges recibió en esta tierra tan lejana en los mapas pero tan vecina en los más reales dominios del espíritu y de la sensibilidad literaria.

fuente: http://www.webislam.com/
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Borges visto através de la lente de los intelectuales colombianos

La lectura de la obra de Borges permite encontrar un conjunto de símbolos recurrentes.

El estudio y la rememoración de los grandes mitos de las civilizaciones antiguas, lo llevaron a llenar su literatura de tigres, espejos y laberintos. Estos elementos son tan visibles que son analizados, de forma constante, en los estudios acerca de su obra. Una característica de estos artificios es que a la vez que nos deslumbran y los deseamos secretamente (como el hecho de crear vida, ser inmortales o tener los tigres azules). Pero para sus personajes, dichos prodigios terminan siendo indeseables. William Ospina, a quien recientemente mencionamos, plantea que en la obra de Borges "los personajes quieren deshacerse de esos atroces prodigios; la magia en estas obras linda con la pesadilla". Es una marca de pánico que impregna sus fantasías. Es recordarnos que nuestra vida mortal es limitada porque no podríamos ser capaces de vivir con los artificios divinos que Borges plantea. El escritor argentino tiene la capacidad de hacer sentir al lector que los productos de su imaginación tienen una relación con su propia vida, logrando que los paradigmas se vuelvan reales.

El primer tema que vamos a tratar es el concepto de los espejos. En su infancia, Borges se escondía en un ropero donde había dos espejos paralelos que proyectaban infinitamente su imagen; siempre sufrió de miedo de que su reflejo se transformara. En su libro El Hacedor, en el poema "Los Espejos Velados", Borges recuerda este miedo: "Yo conocí de chico ese horror de una duplicación o multiplicación espectral de la realidad, pero ante los grandes espejos” . El temor fue tan fuerte para él que en otro libro, Historia de la noche, publica el poema "El espejo", inmortalizando el mismo temor:


“Yo, de niño, temía que el espejo
Me mostrara otra cara o una ciega
Máscara impersonal que ocultaría
Algo sin duda atroz"”

Al final de su vida reconoce que a pesar de que su obsesión por el espejo siguió constante, su recelo ha cambiado, como si temiera ver que el espejo encierra el verdadero rostro de su alma.  

La reproducción hacia el infinito, virtud del espejo, es tan fantástica como la posibilidad de un Dios o de un milagro. Ver nuestra imagen imitándonos ilimitadamente conmocionó a Borges hacia el punto del espanto. En el poema de "Los Espejos" Borges expresa ese sentimiento:

“Yo que sentí el horror de los espejos
No sólo ante el cristal impenetrable
Donde acaba y empieza, inhabitable,
Un imposible espacio de reflejos” .

El reflejo del agua y los espejos de metal, nos castigan en lo cotidiano y nos hacen ver que no somos la única dimensión en este mundo, lo cual nos llena de miedo. El mismo poema se desarrolla con una estrofa de carácter rotundo: 

“Hoy, al cabo de tantos y perplejos
Años de errar bajo la varia luna,
Me pregunto qué azar de la fortuna
Hizo que yo temiera los espejos".


Rafael Gutiérrez Girardot reconoce que en la obra de Borges “el acento de la interpretación cae sobre la imagen del espejo, que representa el pensar; el espejo, en el que confluyen los otros símbolos y que da a conocerse bajo diversas máscaras: como el laberinto, como biblioteca, como lotería, como bola de cristal a través de la cual y en la cual se muestra simultáneamente el mundo” . Gutiérrez Girardot plantea que éste símbolo en la literatura de Borges no es un simple “manierismo literario”29, sino que “sitúa al lector ante la duda de si el mundo tiene el orden y el significado que percibimos por los sentidos o ilusoriamente”29.

El poeta colombiano Juan Manuel Roca, examina que en los versos de Borges se reitera el tema de los espejos diciendo que “sus versos elusivos, metafóricos, parecen informar de sus tanteos y visitas al mundo de los espejos, y del mismo asunto espectacular que tienen las aguas” . Para Roca, los espejos borgianos son ciegos, "por eso hacen preguntas, acechan como embajadores de otro mundo, del sueño escondido bajo su engañosa y tersa piel. Quizá por eso la frase de Jean Cocteau: "Los espejos harían bien en pensar antes de devolver sus imágenes", recordando los seres de los espejos de los cuales habla Borges en el Manual de zoología fantástica. Otra visión que tienen los intelectuales sobre el espejo borgiano, nos lo proporciona el maestro Pedro Gómez Valderrama en el homenaje que hace la revista Mito. En él desarrolla los "Nuevos complementos a Borges", un texto que busca definir los elementos simbólicos borgianos recopilando ejemplos en otros autores. Para definir el espejo del escritor argentino, Gómez Valderrama escoge un fragmento de Justicia de D.A. de Sade: "El espejo ve hermoso al hombre, el espejo ama al hombre; otro espejo ve al hombre horrorizante, y lo odia; y es siempre el mismo ser el que produce las impresiones". 

Universalmente, el hombre se reconoce a sí mismo gracias a la imagen que reproduce el espejo. Como el primer hombre mirándose en el reflejo del agua, reconocemos en aquel homógrafo ondulante al otro que somos ante el mundo. Nuestros ojos nos permiten plasmar, en el metal reflexivo, al ser irreflexivo que esconde nuestra cárcel carnal. Si no los pudiéramos ver, si no conociéramos ese nefasto engaño de la luz, no tendría sentido ni importancia lo que nos revela. Borges captura en su ceguera el recuerdo del espejo, en esa noche en que habitaba, recordaba con trémulo horror, el espejo de su infancia rodeado de oscuridad, a punto de cobrar vida propia. Este espejo, además de horrorizarle, pudo haber significado una profunda contemplación de su mundo interno. Era un símbolo de su pensamiento y su memoria, y así como nosotros necesitamos de la vista para ver nuestro cuerpo externo, Borges debió prescindir de ella para vislumbrar su cuerpo interior, su Adam Kadmon ideal y enigmático, a través del espejo de su memoria. Pero hubo un espejo que el argentino amó… éste fue la palabra, porque de ella nace el artificio de la cosa. 

El segundo tema recurrente en su obra es la forma cómo Borges concibe la divinidad: aquel ser omnipotente, omnipresente y omnisciente que maneja todos los destinos de sus creaciones, juega con nosotros y conoce nuestro destino. Borges, en el poema "Ajedrez", hace alusión a lo anterior: 

“Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 

¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
De polvo y tiempo y sueño y agonías?"

 . Borges compara la relación de Dios con sus creaciones como un juego de ajedrez, donde los blancos días y las negras noche, tienen su similitud con los cuadros blancos y negros. En su libro Historia Universal de la Infamia, nos cuenta cómo el destino de una guerra se resuelve con el juego de ajedrez de dos generales.


El concepto del dios como administrador de los destinos de los hombres no fue el único aspecto de la divinidad que le llamó la atención. También se interesó por la idea del dios demiurgo o creador, y de la posibilidad de que un hombre alcanzara ese poder magnánimo. Inspirado en la obra del vienés Gustav Meyrink, Der Golem, y en los libros del erudito divulgador cabalista Gershom Scholem, el escritor argentino analiza la historia del sabio rabino Judá León Ben Bezabel, el Maharal, aquel que pudo dar vida a un muñeco de barro, concepto conocido en el mundo de la mística judía, o cábala, como el Golem. Su nefasta creación, sin embargo, tan sólo podía llevar a cabo las tareas más rudimentarias, como barrer la sinagoga, o quedarse postrado mirando con intriga inquietante las acciones de su creador. Podemos encontrar este concepto en sus ensayos (El libro de los seres imaginarios: "El Golem") y en su poema "El Golem", del libro El otro, el mismo:

“Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa esta la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo” .


Los judíos buscaron el nombre de Dios en los textos sagrados para poder ser como Él. En su cuento “Las ruinas circulares”, un hombre crea, por medio de un sueño, un ser que es incapaz de sufrir daño por el fuego, y en “La biblioteca de Babel”, el bibliotecario que encuentra el libro perfecto y lo lee, llega a ser “análogo a un dios”.

Gutiérrez Girardot plantea que la génesis de este tópico nace de una pregunta teológica, pero su esencia es literaria. A partir de esto reconoce que “la imagen de Dios y del mundo que constituye la sustancia de la obra de Borges y que da a ella su cerrada unidad (que genera, a su vez, una unidad de estilo), se diferencia en ciertos aspectos de la idea de Dios y del mundo que ha dominado hasta ahora al mundo hispánico, para el cual Dios y el mundo ordenado son supuestos de los que no se puede ni se debe dudar” . Gutiérrez Girardot reconoce que Borges es revolucionario en Latinoamérica al hacerse este cuestionamiento (“El mundo como un orden y Dios como su creador”33) y jugar con la pregunta sin dar una respuesta directa: “Esta actitud inquisitiva de Borges es lo que constituye su peculiaridad dentro de la literatura de lengua española”33. 



Otro tema borgiano son los tigres. En su último libro de cuentos, Borges titula un texto “Los Tigres Azules”, donde un cazador se va a la India para buscar éste raro espécimen. Leonor Acevedo de Borges recuerda que en su infancia “cuando era muy joven dibujaba animales. Tirado en el suelo sobre el vientre, comenzaba siempre por el final, dibujando primero los pies. Dibujaba tigres, que eran sus animales favoritos. Era el animal que lo maravillaba por horas en el zoológico cerca de su casa” . Dicha obsesión no cambió durante el transcurso de los años; podemos recordar los poemas: “El tigre” , “El oro de los tigres” o “El otro tigre”:

“Es un tigre de símbolos y sombras,
Una serie de tropos literarios
Y de memorias de la enciclopedia
Y no el tigre fatal, la aciaga joya
Que, bajo el sol o la diversa luna…"

 .En El Libro de Los Seres Imaginarios, Borges recuerda la historia de “Los Tigres de Annam”:


"Para los annamitas, los tigres o genios personificados por Tigres rigen los rumbos del espacio. El Tigre Rojo preside el Sur (que està en lo alto de los mapas); le corresponden el estío y el fuego. El Tigre Negro preside el Norte, le corresponden el invierno y el agua. El Tigre Azul preside el Oriente, le corresponden la primavera y las plantas. El Tigre Blanco preside el Occidente, le corresponden el otoño y los metales. Sobre estos Tigres Cardinales hay otro tigre, el Tigre Amarillo, que gobierna a los otros y está en el Centro, como el emperador está en el centro de la China y China está en el centro del mundo” . Borges plantea que las primeras imágenes de su infancia fueron los tigres, y que el último color que le dejó su ceguera fue el amarillo.

El poeta Juan Manuel Roca en el texto "Borges y la noche", dice: "En la obra del poeta argentino, ese espacio de la nocturnidad como recinto, es a veces espejo, penumbra o tigre que, evocando a William Blake, brilla en los bosques del lenguaje"87. El poeta Miguel Méndez Camacho reconoce, que dentro de la obra de Borges, un recurso con gran valor es la existencia del tigre. La influencia en su vida de dicho animal recayó en su prosa y en su poesía.   El tigre borgiano tiene infinidad de máscaras. Podemos recordar que en un felino diferente, su personaje Tzinacan, un mago de la pirámide de Qaholom ve entre sus manchas la escritura de Dios. Otra mención se encuentra en su texto “Los tigres azules”, en donde se transforma en un fenómeno matemático que se prolonga hasta el infinito. Se reconoce al tigre como un ser mítico, infinitamente hermoso y desconocido

El ritmo sensual del tigre es imitado en las cadencias del tango. Bajo la Maleva, mujer que lo ha dejado, el tigre aún sigue siendo el depredador por excelencia. No importa vencer o ser vencido, lo importante es el rito de la caza. El tango también es una lucha; es el tigre de las dagas. Cada uno es un tigre a su manera: gana el más diestro, aquel que clave el primer diente o cuchillo. El oro es de los tigres, y propia es su mágica forma de resguardar esta fortuna entre intrínsecos barrotes negros. Borges lo sabía; y guardó, en aquella cárcel de la ceguera, una vaga nube amarilla que alguna vez tuvo forma.
También el tiempo como duración infinita es un elemento capital en la obra borgiana. Como las velas de Kavafis, nuestra vida es insignificante frente al transcurso del tiempo que ha pasado y pasará. En su libro El Aleph hay un cuento llamado "El Inmortal", donde plantea que el hombre es incapaz de soportar su inmortalidad. Su personaje Flavio, al final de los días, busca un río que le permita morir. En el poema "El Reloj de Arena", Borges nos recuerda la metáfora de Heráclito, donde el tiempo y el destino son dos elementos imponderables:

“Está bien que se mida con la dura

Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En el que Heráclito vio nuestra locura”

 .El critico colombiano Jaime Mejía Duque plantea que en la obra de Borges “no es casual ni gratuito ningún adjetivo, ningún paréntesis, ningún signo de puntuación, tampoco lo son en su personalidad dos obsesiones que sabemos recurrentes en la contextura de su obra: la eternidad y el infinito” . Mejía Duque afirma que en la obra de Borges “la noción del tiempo asume la imagen del Gran Tirano” donde su simbolismo crea una obra con sentido trágico y cíclico del conocimiento y de la historia. Para dicho argumento analiza el ensayo de Borges “Nueva Refutación del tiempo” , donde el escritor argentino reconoce el tiempo como desgastador del hombre: “el tiempo es un río que me arrebata”.

Los laberintos son otro concepto constante en su obra. Para comenzar a desglosarlos, debemos traer a colación, cómo Borges recuerda la primera vez que vio aquel artificio: "Recuerdo un libro con un grabado en acero de las Siete Maravillas del Mundo; entre ellas estaba el Laberinto de Creta, un edificio parecido a una plaza de toros con unas ventanas muy exiguas, como unas hendijas. Yo, de niño pensaba que si examinaba bien ese dibujo, con una lupa podría llegar a ver el Minotauro…"” . La imagen del laberinto eterno, sinónima del espacio infinito, es el lugar donde ocurren muchos de sus cuentos; podemos recordar “La casa del Asterión”, un minotauro humanizado que vive en una residencia con infinitas puertas (“El original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que, en boca del Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos”). Dicho tropo, lo encontramos también en los cuentos “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”, “Los dos reyes y los dos laberintos” , “El jardín de senderos que se bifurcan”, “La biblioteca de Babel”  (lugar que no tiene comienzo ni fin) o su poema “Laberinto” publicado en Elogio de la Sombra

El sociólogo y académico colombiano Gilberto Bello define al laberinto borgiano como “un sitio que se pierde en el tiempo, en la doble imaginación. Borges imaginó ese lugar en muchos de sus relatos, lo vio como la bifurcación, la multiplicación y las distintas direcciones” . Ante esto reconoce que en los textos del escritor argentino siempre existe un cuestionamiento por el arquitecto divino de este artificio, aquel que le da un sentido al espacio inconmensurable, incomprensible y trágico que representa el laberinto. Este sentido, es el viaje iniciático hacia un conocimiento superior y oculto que el laberinto guarda en su centro, como tesoro de la eternidad, vedado a la vista de los hombres

Piedad Bonnet plantea que los antecesores de Borges que han hablado sobre el laberinto y el espacio infinito son el gran grabador y arquitecto italiano Gian Battista Piranesi, el dibujante alemán Maurits Cornelis Escher y el escritor checo Franz Kafka. La poeta colombiana reconoce que “las cárceles de Piranesi prefiguran ya los laberintos kafkianos: vemos en ellas espacios inmensos que se fugan sugiriendo el infinito, poblados de pasarelas, arcos, muros dudosos, puertas, escalinatas que se multiplican” . Luego reconoce que dos siglos después Kafka “creará un mundo tan opresivo y carente de centro como el de las Cárceles imaginarias de Piranesi. Ya es un lugar común hablar de lo kafkiano para referirse a los espacios sórdidos y laberínticos”47. Luego desarrolla la influencia de estos artistas en la obra del escritor argentino: “También en Borges, la pregunta sobre el lugar del hombre en el mundo se expresa a menudo a través de lo espacial”47, reconociendo que el laberinto más terrible lo construye la inmensidad.


El poeta colombiano Juan Manuel Roca, en su texto “Borges y la noche”, reconoce que los espejos, la noche y los laberintos “son símbolos que se intercambian en la poética de Borges” ; el intelectual colombiano asegura que existe una relación estrecha entre la noche y el laberinto, trasformándose en la misma materia, expresando que "el laberinto quizás resulte una forma de dar vueltas en torno de sí, de intentar traducirse para traducir de igual manera a los demás". El periodista Enrique Ruiz García considera que existe una relación entre las matemáticas y la literatura en los laberintos borgianos: el "análisis abstracto donde la literatura del laberinto deja ocasión a que trasciendan aquellas corrientes en las que el fuego deja paso a las matemáticas", examinando que los puntos descriptivos que plantea Borges en sus textos, recaen en el espacio de la abstracción matemática.


El poeta Juan Gustavo Cobo Borda, reconoce que los espacios borgianos están llenos de horror y encanto, donde aquel hombre que entre en el laberinto, estará condenado a perder su condición humana: "razón y violencia, hombres a la vez que animales, y esa zona informe y pululante donde las bestias no terminan por acceder a la condición humana y los hombres recaen  en el salvaje primitivismo de los animales en medio de un entramado de instituciones arbitrarias, lenguajes equívocos y ciudades atroces que Borges ha desnudado en algunos de sus escritos” . Esas “ciudades atroces” castigan a sus personajes y los llenan de temor por su dificultad de salir, de escapar, por el peligro de muerte que representan

Gremios y cofradías han usado el laberinto como un símbolo del viaje iniciático requerido para entrar a sus ocultos y peligrosos conocimientos. El mandala de los hindúes nos representa también el camino tortuoso y complicado que requiere el verdadero conocimiento. Existe un laberinto natural, aquel que toma la forma de nuestro cerebro, donde se pierden los pensamientos, las ideas y las promesas. También existe un minotauro; el invencible olvido. Borges le temía y le huía incluso más que a los espejos. Su intrincado viaje por el laberinto de su memoria lo llevó finalmente a las esquinas donde el minotauro no podía llegar. Como hombre y mortal, jamás llegó al centro absoluto de su conocimiento, pero sabemos que lo buscó con valor estoico.


La calidad intelectual que tienen los tropos literarios del escritor argentino y la forma de expresarlos, lo llevó a ser reconocido como un escritor para escritores. Algunos temas como la cábala o la poética llaman la atención pero no son muy reconocidos en nuestro continente por su especialidad; sin embargo, su generosidad en la aparición de cada uno de ellos, representa un contacto inimaginablemente educativo sobre temas que antes de leerlos en sus textos eran desconocidos. En su obra, gracias a estos múltiples temas, podemos vislumbrar asimismo su colosal apertura intelectual, acompañada siempre de una profunda investigación que lo llevó a descubrir y exponer, ante el occidente latino, temas que antes no eran relevantes, y que hoy se constituyen como pilares del pensamiento literario y estético.

En sus páginas delató, implícitamente, la forma como se educaba y se conocía en Latinoamérica, invitándonos a investigar más y a ser lectores interactivos, a preocuparnos por la profundización de temas universales que nacen en el cofre de un rey Persa o en el libro de una completa biblioteca. Nos mostró que, como lectores, somos las prolongaciones de esas eternas imágenes.


25. Este texto se encuentra en algunas copias de El Hacedor. Borges, Jorge Luis. El hacedor, Emecé, Buenos Aires, 1960.


26. Borges, Jorge Luis. Historia de la noche. Emecé, Buenos Aires, 1977.

27. Borges, Jorge Luis. El hacedor, Emecé, Buenos Aires, 1960

28. Borges, Jorge Luis El libro de los seres imaginarios, Alianza Editorial, Madrid, 1995. También se encuentra en el 29 Manual de Zoología fantástica, textos muy parecidos.

29. Gutiérrez Girardot, Rafael. “Jorge Luis Borges”. Revista Mito. Noviembre, diciembre de 1961 y enero y febrero de 1962. Nº 30. 39 y 40 Págs 119 a la 125. Roca, Juan Manuel. “Borges Inmortal”. Número, Nº 23, septiembre, octubre y noviembre 1999. Págs Separata 1 hasta la 24.

31. Borges, Jorge Luis. El hacedor. Emecé, Buenos Aires, 1960.

32. Borges, Jorge Luis. El otro el mismo. Emecé, 1965. (Reeditado tiempo después en 1972 Borges, Jorge Luis. donde el mismo Borges modificó algunos versos y eliminó algunos poemas).

33. Gutiérrez Girardot, Rafael. “Jorge Luis Borges”. Revista Mito. Noviembre, diciembre de 1961 y enero y febrero de 1962. 34 Nº 39 y 40 Págs 119 a la 125.

34. Barnatán, Marcos – Ricardo. Borges. Biografía Total. Editorial Temas de hoy. Bogotá. 1996.

35. Borges, Jorge Luis. Historia de la noche. Emecé, Buenos Aires, 1977

36. Borges, Jorge Luis. El oro de los tigres. Emecé, Buenos Aires 1972

37. Borges, Jorge Luis. El hacedor. Emecé, Buenos Aires, 1960.

38. Borges, Jorge Luis El libro de los seres imaginarios, Alianza Editorial, Madrid, 1995. También se encuentra en el Manual de Zoología fantástica, textos muy parecidos.

39. Borges, Jorge Luis. El hacedor. Emecé, Buenos Aires, 1960.

40. Mejía Duque, Jaime. “De nuevo Jorge Luis Borges”. Revista Mito. Noviembre, diciembre de 1961 y enero y febrero de 1962. Nº 39 y 40. Págs 129 a la 140.

41. Borges, Jorge Luis. Otras inquisiciones. Emecé, Buenos Aires, 1996.

42. Fernández, Teodosio. Jorge Luis Borges, Álbum biográfico y fotográfico. Alianza Editorial. Madrid. 1999.

43. Borges, Jorge Luis. El Aleph. Alianza Editorial, Madrid, 1995.

44. Borges, Jorge Luis. Ficciones. Losada, Buenos Aires, 1981.

45. Borges, Jorge Luis. Elogio de la sombra. Emecé, Buenos Aires, 1969.

46. Bello, Gilberto. “Borges el tiempo ya esta lejos de mí”. El Espectador. Bogotá (29 junio, 1986). Magazín Dominical. Pg 4.

47. Bonnett, Piedad. “Borges Inmortal”. Revista Número, Nº 23, septiembre, octubre y noviembre 1999. Separata Págs 1 hasta la 24

48. Roca, Juan Manuel. “Borges Inmortal”. Número, Nº 23, septiembre, octubre y noviembre 1999. Págs Separata 1 hasta la 24

49. Cobo Borda, Juan Gustavo. Borges Enamorado. Serie granada entreabierta. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá 1999
Fuente: http://www.siderola.com/

































En su texto El Libro de los Seres Imaginarios, Borges nos recuerda los seres detrás del espejo, aquellos que fueron castigados por intentar invadir nuestro mundo con la obligación de repetir lo que nosotros hacemos: "Una noche, la gente del espejo invadió la Tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas, las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Este rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombres. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles” . Pero Borges nos recuerda la sentencia: “Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico”.
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Borges, el tejedor de sueños

 Jorge Luis Borges, escritor argentino que se convirtió en ciudadano del mundo. A medida que iba perdiendo la vista, su visión del mundo y de la humanidad era cada vez más clara y profunda. Había llegado a la vida cuando el siglo XIX se despedía: el 24 de agosto de l899. Su figura crece con el paso de los años y aunque no haya logrado conseguir el Premio Nobel de Literatura, su obra perdura en el tiempo. Este Premio internacional que es considerado el más importante, se ha otorgado a personajes como Bjornson, Mommsen, Heyse, Gjeellerup, Spitteler, Echegaray, Carducci, Seferis, Reymont, Karlfeldt, Sillanpää, Eucken, H. E. Martinson, E. Johnson, Laxness, Quasimodo y Bunin, entre otros.

EN EL NOBEL NO ESTÁN TODOS LOS QUE SON Entre los escritores que figuraron como candidatos al Premio, pero no lo consiguieron, mencionaremos --además de Borges y Alfonso Reyes-- a Bertolt Brecht, Mark Twain, Henry James, Máximo Gorki, Paul Valéry, H. G. Wells, Somerset Maugham, Anton Chejov, León Tolstoi, Henrik Ibsen, Rainer Marìa Rilke, Marcel Proust, Benedetto Croce, Virginia Woolf y George Meredith. El diario italiano Corriere della Sera realizó una encuesta mundial en 1970, la cual favoreció a Borges, como el candidato al Nobel que más votos recibió de parte de los lectores. Sin embargo, la Academia Sueca se decidió por Solshenitsyn.

A Borges le gustaba hacer bromas con esto del otorgamiento del Premio Nobel. En una ocasión dijo que si lo hubiese recibido, perdería el puesto de “futuro candidato”. “Al parecer –dijo en una ocasión—todo se hace al azar de una geografía política. Creo que los próximos cinco o seis premios serán australianos o húngaros”.

Al respecto, María Kodama, la viuda de Borges, ha expresado que Borges “se divertía muchísimo con el hecho de que no le dieran el Premio Nobel de Literatura. Decía que se había convertido en un mito escandinavo, el del hombre al que no le habían dado el Nobel. En caso contrario él se hubiera convertido en uno más de la lista”.

Pero volvamos a Borges. Este ilustre escritor que recorrió los caminos de Francia, Italia y Suiza, hizo de Buenos Aires, su ciudad natal, fuente de inspiración. Incursiona en la poesía, en el ensayo, en la crítica y en la narrativa. Entre sus obras figuran: “El tamaño de mi esperanza”, “El jardín de los senderos que se bifurcan”, “Fervor de Buenos Aires”, “La Muerte y la Brújula”, “Nuevas Inquisiciones”, "Ficciones", "El Aleph", "Cuadernos de Bustos Domecq", "Historia de la eternidad", "Historia universal de la infamia", etc.

LA HISTORIA DEL ESPIRITU A Borges le gustaba recordar a Paul Valéry, quien escribió: "La Historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras, sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor". Desde niño entró en contacto con los libros. Pasaba horas en la biblioteca de su padre, Jorge Guillermo Borges. En ese lugar entró en contacto con sus primeras lecturas: Huckleberry Finn, Wells, Dickens, Don Quijote, los cuentos de Grimm, Lewis Carrroll y Las Mil y una Noches.

“Si se me pidiera elegir el acontecimiento principal en mi vida, eligiría la biblioteca de mi padre. De hecho, a veces pienso que nunca me alejé mucho de esa biblioteca”.

BIBLIOTECAS Y LABERINTOS Era un apasionado de la lectura. Su relación con los libros y las bibliotecas, lo llevó a ser dueño de un saber enciclopédico. De sus textos, recordamos "La biblioteca de Babel", un lugar en donde se guardan y se conservan los libros de todo el mundo y de todos los tiempos. Otro de los temas en sus libros, es el de los laberintos como símbolo del espacio complejo y cerrado que contiene la vida misma. También el tiempo y la eternidad adquieren una gran importancia en su obra. Le gustaban las tardes de oro de junio. Un día de junio se nos fue. A Borges le sucede lo que a muchos otros escritores. Que la gran mayoría no los conoce, a pesar de la grandeza de sus obras. Borges se consideraba ante todo un lector. Lo fue toda su vida. A pesar de que fue perdiendo la vista, siempre tuvo –incluso al final—quien le leyera. Su mente era privilegiada y fue capaz de imaginar las más bellas páginas. Poeta y prosista, se consideraba, primero y ante todo, lector. Incluso llegó a decir con la modestia que lo caracterizaba: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. La lectura lo llevó a la escritura. A los seis años decidió ser escritor. Sin duda, su padre ejerció una gran influencia en su formación. El hijo cumplió el deseo de su progenitor de llegar a ser un gran escritor. Su madre, aunque posesiva, también le resultó de gran ayuda.

A los siete años escribió un cuento: La visera fatal y para los nueve tradujo El príncipe feliz de Oscar Wilde.

SU SUEÑO: VIVIR ENTRE LIBROS

Uno de sus sueños era leer todos los libros y encontrarse en todas las bibliotecas al mismo tiempo. Tuvo la fortuna de ser director de la Biblioteca de Buenos Aires, entre 1955 y 1973, aunque tal vez sería más adecuado decir que Argentina tuvo la fortuna de que Borges fuera director de la Biblioteca.

Borges es, sin duda, uno de los escritores más importantes del siglo XX y de todos los tiempos.

Fuente: http://www.elporvenir.com.mx/

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Conversaciones (XXXVII). Jorge Luis Borges-Juan José Arreola. Divagando en México (1)

Jorge Luis Borges (1899-1986) visitó México en tres ocasiones. La primera vez fue en 1973 para recibir el Premio Alfonso Reyes, otorgado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. A su llegada al país, Borges solicitó a sus anfitriones: "Quiero hablar con Juan Rulfo". Le sugirieron entonces un desayuno. "Pido clemencia -respondió-. Prefiero los atardeceres. Las mañanas me derrotan. Ya no tengo el brío ni las fuerzas para entregar al día lo que se merece. Hoy el crepúsculo me sienta mejor. Sólo quiero conversar con mi amigo Rulfo". "Ya no puedo ver un país, pero lo puedo escuchar. Y escucho tanta amabilidad. Ya había olvidado la verdadera dimensión de esta gran costumbre", le dijo a Juan Rulfo (1918-1986) cuando finalmente se concretó el encuentro entre ambos escritores. La segunda vez fue en 1978 para grabar una serie de programas de televisión con Juan José Arreola (1918-2001), y la tercera ocasión en 1981 para recibir el desaparecido Premio Hollín Yoliztli. En aquella visita de 1978, Borges se reunió con Arreola en dos ocasiones: la primera en el hotel Camino Real, un día antes de que grabaran una entrevista televisiva que sería difundida poco tiempo después; la segunda fue el 10 de febrero en el Castillo de Chapultepec, lugar en donde se filmó dicha entrevista. La conversación entre Jorge Luis Borges y Juan José Arreola quedó registrada en un casete que el propio Arreola grabó durante sus encuentros con Borges. El autor de "Confabulario" tenía la costumbre de llevar consigo una grabadora en la que registraba pasajes tanto de su propio discurso como de los diálogos con otras personas. Famoso por su proverbial verborrea, Arreola hubo de confesar días después que apenas había dejado hablar a su admirado maestro: "A mí me da una pena hablar con Borges, cada vez que hablo, porque siempre temo darle la lata". Por su parte, Borges dio una gentil versión sobre los hechos: "El hablaba -explicó- y yo me permití intercalar algunos silencios... Cuando alguien está hecho de palabras no piensa para hablar, sino que habla -o escribe- para poder pensar". Veinticinco años después, la charla entre ambos maestros fue reproducida por el suplemento cultural "La Jornada Semanal" en su edición nº 428 del 18 de mayo de 2003. Lo que sigue es la charla mantenida en el Castillo de Chapultepec:


J.J.A.: Realmente, mire, yo me voy del mundo, porque ya me estoy yendo, Borges, se lo digo de corazón.


J.L.B.: No, no. Todos nos estamos yendo a cada momento.

J.J.A.: Bueno, pero yo más aprisa que nadie, en el último año de mi vida, se lo digo de corazón.

J.L.B.: "Muero cada día", dijo San Pablo, un gran escritor también.

J.J.A.: Me di cuenta de que San Pablo aparece en el texto del poeta ruso que cité ayer. "La plenitud del corazón desborda en palabras", y es San Pablo: "De la abundancia del corazón habla la boca".

J.L.B.: Yo cité hace un momento sin saber que era San Pablo, sin recordarlo, tiene razón. "Ex abundancia", claro.

J.J.A.: Es que hay que tener miedo con San Pablo y con San Agustín.

J.L.B.: Porque ya lo han dicho todo.

J.J.A.: ¿Usted está de acuerdo en que los teólogos y los padres de la Iglesia son los autores de todo lo que vino a desembocar en psicología profunda?

J.L.B.: Sí, y creo que hay un gran escritor, y eso no lo vamos a olvidar, un gran escritor, no solamente un gran teólogo, que es San Agustín, es extraordinario.

J.J.A.: Hay páginas de las "Confesiones" que hay que volver a ellas.

J.L.B.: Y el último libro sobre el tiempo, lindísimo.

J.J.A.: Ese no lo conozco.

J.L.B.: Es el último libro de "La ciudad de Dios", donde hay una refutación del Eterno Retorno. Una imagen muy linda. El dice: "El tiempo circular de los estoicos", la historia se repite cíclicamente; "de ese laberinto -dice- nos salva la cruz".

J.J.A.: Qué notable.

J.L.B.: Linda metáfora. Y uno ve esa imagen de la cruz que está escrita en un círculo. Bueno, eso está, no sé qué libro es de "La ciudad de Dios" de San Agustín. Hay un libro entero dedicado a refutar lo que creía haber inventado Nietas mucho después, y lo que encontró Hume también, la idea de que la historia se repite cíclicamente. Eso lo refuta San Agustín, pero él se lo atribuye a Platón. Pero qué importa a quién se lo atribuye. Ahora, claro, él era enemigo del Eterno Retorno por razones teológicas, porque él pensaba si la historia se repite cíclicamente, entonces la crucifixión se repite cíclicamente. Entonces la crucifixión pierde su unidad, tiene que haber ocurrido una sola vez, la historia tiene que ser única.

J.J.A.: Realmente la voluntad del amor es el para siempre, el eternamente. ¿De dónde vendrá, pues? Le proponía yo un origen agrícola de la experiencia del tiempo, del Eterno Retorno, de la eternidad. ¿Pero por qué pretende el hombre vivir mucho, por qué quiere ser Fausto, si la vida nos colma, Borges? Usted se siente feliz de haber vivido, ¿verdad?

J.L.B.: Ah, sí. Me siento feliz de haber sufrido también. Una vida sin sufrimiento es una vida muy pobre. El sufrimiento es necesario, la soledad es necesaria. Yo diría que la traición es necesaria... Siempre que la cometan otros...

J.J.A.: Sí, siempre que la cometan otros. Qué bueno que alude usted al tema de la traición, porque yo le cité no en nuestras conversaciones filmadas sino personales, el texto que portentosamente para mí, como lo esperaba, es suyo: "Snorri Sturluson no fue un traidor, sino un hombre desgarrado hasta el fondo...".

J.L.B.: "...por sucesivas y contrarias lealtades".

J.J.A.: Yo recuerdo "contradictorias lealtades".

J.L.B.: "Contrarias" se oye mejor, vamos a corregir ese texto.

J.J.A.: Yo le propongo "contradictorias".

J.L.B.: "Contradictorias" no...

J.J.A.: Pero "contradictorias" es muy bonito... Yo recordé y cité como epígrafe un texto de Kafka que mi memoria deformó.

J.L.B.: La memoria deforma mejorando.

J.J.A.: A ver qué opina usted de esto. Yo de memoria puse: "Hay un pájaro que vuela en busca de su jaula", y Kafka dice: "Hay una jaula que anda buscando un pájaro".

J.L.B.: No, Kafka no, Cummings.

J.J.A.: No, ese texto es de Kafka.

J.L.B.: Entonces es de los dos...

J.J.A.: Pero Kafka no pudo leer a Cummings...

J.L.B.: No, y Cummings no pudo leer a Kafka, lo cual quiere decir que la metáfora es buena, porque se les ocurrió a dos poetas.

J.J.A.: Algo que se le ocurre a más de una persona es que tiene importancia.

J.L.B.: Stevenson dice que un hombre suele ser calumniado por sus actos según sus palabras, puede ser superior a ellas.

J.J.A.: ¿Y quién dijo que un hombre es un proyecto de la divinidad?... No, no me acuerdo.

J.L.B.: Bueno, podemos atribuírselo a cualquiera. Shaw dice: "God is in the making", "Dios está haciéndose", y está haciéndose en nosotros, nosotros somos...

J.J.A.: Perdóneme, eso lo dije yo y lo tengo escrito. ¿Quién lo dijo antes?

J.L.B.: Bernard Shaw: "God is in the making". "Dios está haciéndose".

J.J.A.: Yo le voy a decir una cosa... Ah, bueno, yo no puedo tolerar esto porque no conozco el texto de Shaw.

J.L.B.: Pero cómo no va a tolerarlo así.

J.J.A.: Bueno, lo acepto con alegría, pero ya queda un texto más, como me ha pasado con tantos otros, que no es mío, porque hace tiempo que ya lo dijo otra persona.

J.L.B.: Pero es que nada es de uno, todo es de los demás o de algo más profundo.

J.J.A.: Consuéleme, consuéleme. Hay una frase que yo no sé si es mía o dónde la leí.

J.L.B.: Yo recuerdo muy bien esa frase: "God is in the making". "Dios está haciéndose".

J.J.A.: Ya no tiene remedio, porque yo siempre he dicho que Dios es el tiempo gerundial absoluto. Dios no está siendo, Dios está haciéndose. ¿Y en quién se está haciendo? En mí y en todos nosotros.

J.L.B.: Bueno, usted lo ha dicho con más claridad que Shaw.

J.J.A.: Lo tengo escrito, Borges, por fortuna, y con la inocencia... Pero ahora le quiero proponer otra frase.

J.L.B.: Pero por qué hablar de plagio, hablemos de tradición o de eternidad mejor.

J.J.A.: En la eternidad todos nos plagiaremos a todos.

J.L.B.: Todo es contemporáneo en la eternidad.

J.J.A.: Como la biblioteca de Alejandría, donde sencillamente se van a combinar todas las posibilidades alfabéticas.

J.L.B.: Todas, sí.

J.J.A.: Y se van a escribir todos los libros posibles.

J.L.B.: Ahora, un amigo mío que vivió tres años en Persia, me dijo que para un persa, digamos, Omar Khayyam y Afiz son contemporáneos, no se piensa en una historia de la literatura. Que los hindúes no piensan en una historia de la filosofía. ¿Usted sabe cuál es la etimología de "melancolía"?

J.J.A.: No, dígamela.

J.L.B.: Caramba, lamentablemente es "cólico negro".

J.J.A.: Ay, Dios Santo.

J.L.B.: Qué lástima, vamos a olvidarlo inmediatamente. En cambio, en español, y en todos los demás idiomas, es una palabra como de plata, como plateada.

J.J.A.: Bellísima, porque la melancolía incluso es dulce, y la melancolía es la más incurable de las enfermedades.

J.L.B.: Y Durero no pensó en "cólico negro", no, ciertamente. Si hubiera pensado, no hubiera podido hacer ese grabado.

J.J.A.: Ay, qué cosa terrible a veces son las etimologías. Una palabra de las que más amo en la vida…

J.L.B.: Entonces siento mucho haberlo perjudicado.

J.J.A.: No, Borges, hay que aceptar.

J.L.B.: Los etimólogos dicen eso, y el idioma griego dice eso también, la palabra cólico dice eso también. Hay una etimología muy linda: "cosmético". Es el pequeño cosmos, el pequeño orden que se pone en la cara. El cosmos es el orden del universo, y el cosmético es el pequeño orden que el estilista, que el barbero nos impone.

J.J.A.: Ha dicho usted "estilista"...

J.L.B.: Sí, aprendí ayer esa palabra.

J.J.A.: Refiriéndose a...

J.L.B.: Al peluquero.

J.J.A.: Bueno, pues su peluquero de ayer fue un espléndido estilista, porque ahora le veo un rostro verdaderamente luminoso y un pelo muy bien dispuesto.

J.L.B.: ¿Y la enseña del barbero cuál era antes? En Buenos Aires era una pequeña bacía.

J.J.A.: Está en Cervantes.

J.L.B.: Bueno, sí, pero ésta era un bacía muy chica, meramente simbólica, no la bacía que se usa todavía en España o que se usaba en el campo en España. Uno tenía que sostenerla con las dos manos, estaba llena de agua hirviendo o de agua caliente y ahí mojaba la brocha el peluquero.

J.J.A.: Y las barbas se las mojaba uno también, y de ahí viene "pon tus barbas a remojar".

J.L.B.: Pero ahora ha sido reemplazado eso por una especie de cilindro, que parece girar infinitamente. Pero eso es el "barbers pole" americano, pero antes había bacías.

J.J.A.: De Don Quijote, por su famoso casco de Mambrino.

J.L.B.: El "baciyelmo", que dice Sancho.

J.J.A.: Yo de chico cuando veía las ilustraciones del Quijote creía que el recorte en el casco era para llevar la lanza, la adarga hacia arriba, y que no chocara con la falda del sombrero, con la falda de metal, y que por eso tenía el recorte en media luna, y es el del cuello.

J.L.B.: Porque se calza en el cuello.

J.J.A.: Bueno, pues realmente ha ido usted con un espléndido estilista, porque se encuentra usted muy bien de rostro...

J.L.B.: Un estilista mexicano... Casi Alfonso Reyes... Yo quise iniciar una campaña para que le dieran el Premio Nobel a Reyes, pero un miserable se opuso.

J.J.A.: En Argentina...

J.L.B.: Claro, dijeron: "Pero cómo, si no es argentino". "Ya sé -les dije-, yo creo que es mexicano, pero vamos a pedir el premio para él". Eramos cuatro personas: Victoria Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo y yo, y eran pocas firmas, y en Uruguay no quisieron... En ningún país quisieron. Yo pensé: "Pero qué lindo sería una campaña a favor de Alfonso Reyes para que le dieran el Premio Nobel". Que lo hubiera honrado desde luego, y que esa campaña se iniciara no en México, sino en esa otra punta perdida de la América del Sur, desde Buenos Aires. Cada país con su nacionalismo: esa miseria se interpuso y, claro, querían candidatos peruanos, chilenos, argentinos, y no pudimos hacer nada. Eramos cuatro argentinos nomás.

J.J.A.: El Premio Nobel... Después de haber sido atribuido a ciertas personas, yo no me explico, por ejemplo, el momento en que se lo dan a Churchill.

J.L.B.: Es un poco inexplicable, realmente.

J.J.A.: Desde el momento en que le dieron el premio a Churchill ya no entiendo las cosas. O por ejemplo, en Francia se lo dan una vez a Francois Mauriac, y no se lo dan a Paul Claudel, que, sea como sea, es un poeta muy grande. Yo ya no creo realmente en la integridad del Premio Nobel

Fuente: http://eljineteinsomne2.blogspot.com/
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Presentaron el sello postal de Jorge Luis Borges

A partir de un trabajo en conjunto realizado por el Correo Argentino y su par alemán, se presentó ayer en Cancillería el sello postal alusivo a la figura de Jorge Luis Borges ideado para la próxima Feria del Libro Internacional que se realizará en Frankfurt, Alemania; y cuenta a nuestro país como invitado de honor.

El acto contó con la presencia del Director General del Correo Argentino, Sr. Enrique Mangiantini; el Canciller Héctor Timerman; la embajadora Magdalena Faillace, presidente del Comité Organizador para la presencia argentina en la Feria internacional del Libro de Frankfurt (Cofra) de la Cancillería; el embajador Alemán Günter Rudolf Kniess y el Ministro de Turismo, Sr. Enrique Meyer. Además se hicieron presentes en el lugar diversos escritores y figuras del ambiente literario nacional.

Magiantini agradeció la posibilidad que se le brinda al Correo de ser parte integrante de la Feria del Libro de Frankfurt, resaltando el trabajo entre los correos de los dos países, “La iniciativa de los Correos de emitir un sello postal es un hecho sumamente positivo y gratificante”.

Cabe destacar que para el diseño de este Sello se realizó un concurso entre diseñadores de los dos países y se eligió el trabajo del argentino Darío Martín Canovas, un diseño que en palabras de Magiantini “logra conjugar el rostro de Borges, la inicial de su apellido y el concepto del laberinto”

A la hora de tomar la palabra, el embajador Kniess resaltó el valor único de esta emisión en conjunto ya que “Ofrece la posibilidad única de marcar hitos con alto contenido simbólicos”

Por último, recordó el lazo entre la figura de Borges y el pueblo Alemán, señalando que con este sello “Se honra la vida y obra de Borges, simbolizando la excelencia de la literatura Argentina”

Este sello se encuentra ya a la venta en todas las sucursales filatélicas del Correo Argentino, tiene una tirada de 200.000 ejemplares y durante el transcurso de la Feria del Libro de Frankfurt se realizará su presentación internacional.
Fuente:  http://mendozaopina.com/
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Jorge Luis Borges, el docente

El libro “Borges, profesor” reveló tras una investigación las clases del escritor. Sus detalles, pasiones y la mirada que tenía sobre sus colegas en el ámbito intimista de un salón, en la UBA, durante 1966.


El libro Borges, profesor es resultado de una labor detectivesca de los investigadores Martín Arias y Martín Hadis, que recobraron de unas viejas transcripciones una faceta desconocida de Jorge Luis Borges (1899-1986), la de docente.

Ese intenso trabajo de compaginación e indagación –reeditado por Emecé– revela un perfil de Borges que no había sido documentado y sólo era recordado por los estudiantes de Letras que asistieron a un curso de Literatura Inglesa que el escritor dictó, en 1966, en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“Es extraño escuchar las clases a través del papel”, dice Hadis, en diálogo con Télam, sobre el libro que reúne las 25 lecciones que fueron grabadas en cinta magnetofónica; en esa época todavía no existían los cassettes.

De esas cintas “sólo se conservan viejas transcripciones en muy mal estado”, cuenta Hadis, realizadas por alguien que no sabía de literatura ni idiomas, por lo que la reconstrucción de los versos, fragmentos de textos y autores citados por Borges en clase fue un verdadero rompecabezas.

El minucioso trabajo detectivesco obsesionó a Arias y Hadis desde un principio y tuvo que ver con realizar constantemente, durante los dos años que les insumió la investigación, operaciones lógicas eliminando factores y posibilidades en los blancos y errores de esas hojas.

El interruptor de esta agotadora pero satisfactoria labor fue un descubrimiento azaroso, cuando un conocido de Arias le comentó como al pasar que tenía desgrabaciones de las clases que había tomado con Borges en la UBA –de esto hace hoy más de cuatro décadas– “y le pasó la transcripción del curso completo con todos los errores originales, sin ninguna corrección”, señala Hadis.

“Más allá del inconveniente que esto nos significó, en cuanto a caudal de trabajo y búsqueda, significaba una ventaja invaluable. Contábamos con horas y horas en esas hojas de Borges hablando en un lenguaje muy coloquial con una intención a la que estamos poco habituados a relacionar con él”, asegura.

Ocurre que, como docente, Borges se esfuerza por escapar de las digresiones habituales en las que incurría como conferencista o al ser entrevistado, y logra una hermosa labor pedagógica, guiado en sus clases por el placer literario, el afecto por cada una de las obras que aborda y el deseo de contagiar su entusiasmo a los alumnos.

Los vikingos, las odas guerreras de Maldon y Brunanburh, el himno de Caedmon y Beowulf –que compara con los compadritos–; Coleridge, Shakespeare y Macpherson son sólo algunas obras y nombres a los que alude en las clases, dejando en claro su predilección por el inglés antiguo y que no cita para demostrar conocimiento, porque no le importa tanto la exactitud del dato como la idea, el concepto.

“He enseñado exactamente 40 trimestres de literatura inglesa en la facultad, más que enseñado he tratado de traducir el amor de esa literatura”, aseveró Borges sobre su paso por la UBA, adonde ingresó en 1956 a partir de una solicitud en la que sólo escribió: “Sin darme cuenta me estuve preparando para este puesto toda mi vida”.

Armar este volumen “fue como correr detrás de un Borges que se perdía entre los libros en una biblioteca”, rememora Hadis la idea con que comienza el prefacio de Borges, profesor, para ilustrar sus búsquedas incansables que hoy aparecen a pie de página completando un año, un nombre, unos versos faltantes o mal escritos, o una oscura leyenda oriental.

“El último hallazgo recuerdo que fue el nombre de un germanista, Palgrave, que no aparecía en ningún lado –no estaba en las crónicas, ni en las antologías, las traducciones o las conferencias–. No podíamos hallarlo hasta que di con un prólogo suyo donde lo nombra, dos años más tarde”, señala.

Y agrega: “Hay una clase, por ejemplo, donde se nota que se apagó el grabador en los últimos 10 minutos y después de mucho andar me acordé de un artículo sobre literatura germánica medieval donde hablaba de lo mismo; esos últimos minutos fueron restaurados con esa información”.

Borges, profesor es un gran aporte para reconstruir la figura de este escritor, conocido por el genio de su prosa y su poesía –tema de estudio en estos días–, incluso como conferencista, pero nunca como enseñante. Como bien lo define Hadis: “Un portal en el tiempo y el espacio que permite asomarse a esas clases”.
Fuente: http://www.elciudadanoweb.com/
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El Amenazado Poema de Jorge Luis Borges

 Es el amor. Tendré que cultarme o que huir.

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.

La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.

...¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,

la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,

la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,

los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.

Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se

levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.

Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.

Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.

Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.

Ya los ejércitos me cercan, las hordas.

(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)

El nombre de una mujer me delata.

Me duele una mujer en todo el cuerpo.

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Biografía

"Autor contemporáneo Argentino que goza de mayor fama internacional ". Hijo de Jorge Guillermo Borges profesor y escritor y de Leonor Acevedo Haedo. Nació en Buenos Aires, el 24 de Agosto de 1899. El 4 de Marzo de 1901, nace su hermana, Norah, compañera de juegos con la que no peleaba nunca y con la que compartió sus miedos infantiles. Su padre a menudo le recitaba poesías en inglés; " idioma que se alternaba en el hogar con el español por la influencia de su abuela paterna Haslam Arnet ( inglesa )" , de Swiburne y de Keats, sus preferidos. La madre Leonor, afirmaba que fue su marido quien guió a su hijo en los gustos literarios; poseían la misma inteligencia, el mismo tipo de " humour " y conversaban de literatura mano a mano, desde que Jorge fue muy joven. El chico aprendió a leer en inglés y más tarde en Castellano, pero ni él ni su hermana fueron a la escuela, después de recibir en su hogar la instrucción que le imparte una institutriz inglesa, ingresó en el cuarto grado de la escuela primaria del Estado. El inglés fue el idioma de su infancia y en 1908 tradujo " El Príncipe Feliz ", de Oscar Wilde. Viajó luego a Europa con su familia, donde visitó París y se instaló en Ginebra, Suiza, donde los niños realizarían sus estudios refugiándose de la guerra. Estuvo luego en Francia, Alemania y España donde se inició como poeta y unió al grupo de los ultraístas, cuyo movimiento difundió en la Argentina. En 1922 funda la revista " Proa ", junto con González Lanuza, Macedonio Fernández y Norah Lange. De regreso en Buenos Aires se entregó a la poesía, dentro del movimiento ultraísta porteño, y publicó su primera colección Fervor de Buenos Aires ( 1923 ) y más tarde Cuaderno de San Martín. Integró el grupo literario Martín Fierro y participó en varias revistas. Transitó luego al relato y al ensayo corto y dio a conocer su Historia Universal de la Infamia ( 1935 ), que llamó poderosamente la atención del público literario por la novedad de los ensayos y la agudeza de los razonamientos, características que habría de conservar en su prosa para siempre. Dentro de esta línea publicó más tarde dos importantes colecciones de cuentos, Ficciones ( 1944 ) y El Aleph ( 1949 ). Fue más tarde profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras y se lo designó director de la Biblioteca Nacional ese mismo año. Obtuvo el " Prix International des Editeurs " en 1961, compartido con el escritor irlandés Samuel Beckett. Viajó por Europa y América dictando cursos y conferencias en numerosas universidades e instituciones culturales del país y del extranjero. Continuó publicando cuentos, poesías y ensayos en diversas revistas y diarios, que compiló más tarde en otros volúmenes. En 1946, al asumir Perón el gobierno, elegido en elecciones realizadas en ese año, es transferido en julio por el intendente Emilio Siri de su puesto de bibliotecario al de inspector de pollos, gallinas y conejos en las ferias municipales. Se trataba de una humillante venganza por su decidida oposición al peronismo. Borges renuncia y sigue dando conferencias (siempre vigiladas por policías o pesquisas del gobierno peronista) en el Instituto de Cultura Inglesa para ganarse la vida. Borges ha sido recompensado en su país y en el extranjero con un gran número de distinciones; entre ellas podemos nombrar: el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, que fue creado especialmente para él; de la cual fue presidente desde 1950 a 1953, el Primer Premio Nacional de Literatura ( 1956 ), el Premio Alfonso Reyes de México, el Premio Interamericano de Literatura Matarazzo Sobrinho de Brasil, en 1965 el embajador de Italia le entrega la medalla de oro del IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia, en 1966 recibe de la comuna de Milán el IX Premio Internacional Madonnina, el 22 de Mayo de 1968 el embajador de Italia le entrega las insignias de la Orden del Mérito de la República Italiana en el grado de Gran Oficial, a fines de Agosto de 1976 el gobierno de Chile lo condecora con la orden al mérito Bernardo O' Higgins en el grado de Gran Cruz, en Agosto de 1979 recibe de la República de Santo Domingo el premio denominado Canoabo de oro, el 3 de Junio de 1981 recibe en Cambridge (E.E.U.U) el doctorado Honoris de la Universidad de Harvard, a fines del mismo mes se le otorga el Doctorado Honoris Causa en Letras de la Universidad de Puerto Rico, fue designado doctor " honoris " causa de la Universidad Nacional de Cuyo y de la Universidad de Michigan (E.E.U.U ), etc. Desde 1962 fue miembro de la Academia Argentina de Letras. Su nombre fue propuesto varias veces para el Premio Nobel de Literatura. Sus obras se han traducido a veintiún idiomas. Como narrador, es considerado uno de los grandes cuentistas de la literatura universal. Sus obras han influido en escritores de todas las latitudes. Trabajaron en conjunto con Adolfo Bioy Casares, bajo el nombre de Bustos Domecq. Algunas de sus obras fueron: Dos fantasías memorables (1946 ); Seis problemas para don Isidro Parodi ( 1942 ); Cuentos breves y extraordinarios ( 1955 ) y algunos más. En 1973, la Municipalidad de Buenos Aires, lo declara ciudadano ilustre.A causa de su creciente ceguera, que motivó múltiples operaciones, se le prohibe leer y escribir, órdenes que son cumplidas por su madre y amigos. Finalmente, el 14 de junio de 1986 muere a sus 87 años en Ginebra. Obras LOS CUENTOS DE BORGES Aunque la poesía de Borges es digna de elogio, su fama internacional se debe a sus cuentos y ensayos. Se ha dicho que nadie en lengua española moderna ha creado como él un estilo " tan estilo ". En efecto, su personalidad artística se respalda no sólo en una temática novedosa, sino también en una técnica y en un estilo literario propio. Sus temas son en general de procedencia libresca, en cuanto parecen suscitados por lecturas del autor, quien una vez tomado el asunto en sus manos les da una perspectiva y una derivación originales, y convierte así, esa materia erudita y muerta, en un asunto de vitalidad e interés actuales. FICCIONES DE BORGES La infatigable oriqinalidad de Jorqe Luis Borges encuentra en este libro oportunidad de amplio lucimiento. Ficciones dio lugar en su momento a la enjundiosa admiración de la crítica sobre él, poco pueden agregar estás líneas que no buscan presentar al libro, sino simplemente repetir que Ficciones es imprescindible en la actualidad para juzgar la literatura contemporánea. El crítico y humanista Roger Caillois ha pronunciado palabras definitivamente consaqratorias: "Actualmente puede decirse sin paradoja que Borges es más conocido, más admirado y, sobre todo, más estudiado en las márgenes del Sena que en las del Río de la Plata." Traducido a varios idiomas, Ficciones fue galardoneado en 1961 con el Premio Internacional otorgado a los editores de Francia, EE.UU., lnqlaterra, ltalia, Alemania y España. A la edición primitiva, Borges agregó tres cuentos: El Fin, La Secta del Fénix y El Sur. Vuelven, pues, de nuevo a manos del lector Funes el memorioso, El jardín de senderos que se bifurcan, Tlón, Ugbar, Orbis Tertius. Con cada uno de los cuentos de Ficciones podría hacerse una selección por separado que incluyera los mejores del género. Todos pertenecen a la clásica categoría de las piezas antológicas. Medido y filoso, el estilo de Borges describe con acertada rapidez, la nota humorística de Pierre Menar, autor del Quijote, o el suspenso matemático de La muerte y la brújula, o la penetrada filosofía de El Sur; sin hablar de la Biblioteca de Babel, página premonitora y lúcida del actual director de la Biblioteca Nacional. LA COSMOVISIÓN DE BORGES Hay un trasfondo filosófico en todos ellos que se refleja en su concepción peculiar del tiempo, el espacio, la muerte, el infinito, la existencia humana y el mundo. Borges toma el mundo existente y real como si fuera una alucinación o una idealización dentro de la cual vivimos, sin darnos cuenta. La muerte es para él la clave de la vida y cada uno tiene su vida personal. El destino humano es incomprensible para el ser humano, y la vida se repite con nosotros simétricamente, es un inexplicable laberinto de destinos: el destino es como otra persona que llevamos dentro de nosotros mismos. El tiempo es un eterno retorno, un regreso hacia el infinito que se repite constantemente. Borges, debe toda esta concepción a su constante lectura de los filósofos. TÉCNICA Y ESTILO Aunque Borges se inició poéticamente con temas de repercusión popular, como la ciudad de Bs.As., sus calles, patios, compadritos, etc.; parece haber renunciado a esta modalidad ya que sus cuentos son materia literaria para otro tipo de público. Se requiere una erudición particular para poder entender a fondo el simbolismo de ellos, y esta erudición no siempre está al alcance de todos. Los géneros preferidos del escritor fueron el cuento fantástico, de contenido metafísico desarrollado dentro de una estructura algo parecida a la del relato policial, el tiempo y lo intemporal, la paradoja, la naturaleza, etc. Sus cuentos como sus relatos y sus poesías, son de una arquitectura estructural muy bien pensada, lógicamente desarrollados, y escritos con una economía de recursos certeramente planeada. Nada sobra en ellos, pero nada falta. Escribe lo estrictamente necesario para decir lo que tiene que narrar, y no se excede en ningún momento. Su estilo es otra de la novedades. Se ha dicho que sus ensayos y sus cuentos constituyen una serie de problemas literarios y filosóficos que , introduce con brevedad y resuelve con gracia y elegancia. OTRAS DE SUS OBRAS SON: " Poesía y Prosa "; El hacedor ( 1960 ); Elogio de la Sombra ( 1969 ); El Oro de los Tigres ( 1972 ). " Ensayos "; Inquisiciones ( 1925 ); El tamaño de mi Esperanza ( 1926 ); Evaristo Carriego ( 1930 ); Aspectos de la Literatura Gauchesca ( 1950 ); Otras Inquisiciones ( 1952 ); Borges Oral ( 1979 ); Historia de la Eternidad ( 1936 ); Libro de los Sueños ( 1976 ); Nueve Ensayos Dantescos ( 1982 ); Prólogos ( 1975 ), y algunos más. " Ficción "; El Jardín de Senderos que se Bifurcan ( 1941 ); La muerte y la Brújula ( 1951 ); El Libro de los Seres Imaginarios ( 1968 ); El Libro de Arena ( 1975 ) y Rosa y Azul ( 1977 ).

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