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Jorge Luis Borges es una inagotable fuente de sorpresas.Sus Obras, sus pensamientos, su particular idiosincracia,en este jardín de senderos que se bifurcan

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A propósito de Borges video 2

El cristianismo de Borges

Héctor Zagal Arreguín

 El autor de El Aleph está empapado de cultura cristiana, y su postura se va perfilando por el continuo roce con ella; especialmente con el catolicismo. En esta ocasión mi propósito es mostrar la lejana cercanía —no se qué otra expresión usar— de Jorge Luis Borges respecto al cristianismo. El tema de la inmortalidad, la existencia de Dios, el Dios trinitario y otros temas son discutidos en este ensayo.
Borges es un autor particularmente atractivo para quienes tenemos una formación metafísica y cristiana. Las abundantes citas de autores antiguos, su familiaridad con la patrística y, sobre todo, sus desplantes filosóficos, ejercen una poderosa atracción sobre quienes hemos sido educados en contacto con san Agustín y Aristóteles. Borges se nos presenta como un reto, un campo de investigación lo suficientemente enigmático para escapar de la monótona investigación "escolar" y, al mismo tiempo, lo suficientemente cercano como para no implicar un alejamiento excesivo de nuestros supuestos dominios.
Borges me recuerda a los ilustrados franceses: no pocas veces su importancia está en franca dependencia de su diálogo con el cristianismo. Sin un "infame" a quien aplastar, Voltaire pierde la mitad de su encanto, su pluma puede volverse sosa. Algo similar ocurre con Borges. El autor de El Aleph está empapado de cultura cristiana, y su postura se va perfilando por el continuo roce con ella; especialmente con el catolicismo. En esta ocasión mi propósito es mostrar la lejana cercanía —no se qué otra expresión usar— de Borges respecto al cristianismo.
El temor al más allá
Borges no anda por las ramas; muy pronto pone las cartas sobre la mesa. La pregunta verdaderamente importante de la vida filosófica (y de cualquier género de vida) es saber qué será de nosotros después de la muerte, en caso de que la muerte no sea en verdad la última palabra. Borges toma el toro por los cuernos dedicando una parte importante de su obra a tantear diversas respuestas a esta pregunta. La mortalidad o la inmortalidad a ella opuesta son una obsesión que surca casi todas sus páginas.
El punto de partida de Borges es extraño. Mientras que la mayoría de los "modernos" inician con una duda, o al menos la sospecha negativa sobre la existencia de un más allá, en Borges sucede lo opuesto. El aparato intelectual del cristianismo moderno (me refiero a muchas tendencias, católicas y protestantes, del XVII a nuestros días) intenta demostrar racionalmente que sí existe un más allá, que sí hay indicios o pruebas de que el alma es inmortal. Tal cristianismo asume la carga de la prueba. Borges hace precisamente lo contrario. Lo plausible es la inmortalidad y toda su obra es un intrincado mecanismo orientado a desmontarla, aunque irremediablemente tiende a creer en ella.
La inmortalidad del alma es el punto de partida de Borges, El materialismo se encuentra lejos de su arranque. Si no fuera así, si Borges partiera de que somos animales más o menos evolucionado cuya única certeza es la muerte, más allá de la cual no hay sino una tumba llena de gusanos que comen algo que "no soy yo", la mitad de su obra sería palabrería inútil. La mayoría de los hombres tememos a la muerte con un movimiento intelectual y sentimental instintivo: Borges no. El teme a la inmortalidad. El temor a la muerte sólo aparece de manera tardía. Mientras que a la mayoría de los hombres la inmortalidad nos parece un dato difuminado, una creencia amparada en la fe religiosa que intentamos detentar racionalmente a costa de horas de estudio y cavilosos esfuerzos, en Borges el planteamiento es inverso, la inmortalidad es lo evidente. La disolución del yo en la tierra es lo menos plausible. Tal actitud sólo se explica por el contexto cristiano en que Borges se maneja. Él parte del cristianismo y su obra puede entenderse como un continuo intento de escapar de la religión de la cruz. El primer paso de esta fuga es desvanecer la amenazadora inmortalidad.
Su posición acerca de la inmortalidad merece muchos matices. Cuando se sincera, Borges reconoce que no es la inmortalidad sin más lo que realmente teme. Es su propia inmortalidad la que le produce vértigo. Borges teme ser para toda la eternidad él mismo porque sería muy aburrido. No quisiera que su finitud, su monótona y tediosa finitud, se extendiera indefinidamente. [1] La condición finita es aburrida: lo finito fastidia y cansa. Es demasiado aburrido ser Borges para toda la eternidad. No le faltan motivos; vista desde cierta perspectiva la inmortalidad puede convertirse en el más terrible de los castigos
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A propósito de Borges video 1

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 Ginebra, 14 de junio de 1986) fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y en el pensamiento humano, ha sido objeto de minuciosos análisis y de múltiples interpretaciones. Trasciende cualquier clasificación y excluye cualquier tipo de dogmatismo.
Borges mantuvo una relación sumamente original con la filosofía. Prueba de ello son las incontables menciones filosóficas presentes en su obra ensayística y literaria, así como también su influencia sobre importantes filósofos y pensadores contemporáneos, como Michelle Foucault, Ilya Prigogine, Richard Rorty, Umberto Eco y Fernando Savater. Sin ser propiamente filósofo, Borges era no obstante un ávido lector de filosofía. Uno de los elementos originales de su abordaje es que en sus textos las ideas filosóficas aparecen en de forma tal que producen en los lectores su vivencia antes que su conceptualización. Borges rescata ciertas ideas y las representa en clave literaria, destacando lo que éstas tienen de vívido y de maravilloso, apelando a la intuición del lector antes que a su captación conceptual o argumentativa. Las ideas así presentadas son comprendidas en toda su fuerza expresiva. Para generar este efecto, uno de sus procedimientos consiste en asumir las premisas propias de un determinado sistema filosófico y recrear el universo tal como sus partidarios lo perciben. Por ejemplo, en su cuento Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius,44 Borges ilustra el idealismo filosófico al presentarnos un mundo (Tlön) en el que todos sus habitantes conciben lo real como un producto de la mente. Según Nicolás Zavadivker,45 Borges no nos habla en esa historia sobre el idealismo, sino que nos presenta directamente un mundo construido según las premisas idealistas. De esta forma genera una comprensión de estas ideas desde dentro del propio sistema, desde sus posibilidades y sus límites. Desliza, por ejemplo, que no existen los sustantivos en las lenguas de Tlön, por la sencilla razón de que sus habitantes no creen que haya cosas a las que éstos puedan referirse (como afirma el idealismo). Borges ilustra magistralmente los alcances de esta ausencia traduciendo la frase surgió la luna sobre el río por la tlöniana hacia arriba detrás duradero-fluir luneció.
Este rescate de Borges de las consecuencias más maravillosas de las perspectivas filosóficas que trata se vincula a su explícita opción por la belleza antes que por la verdad. Así, Borges afirma encontrar en su obra una tendencia consistente en estimar las ideas religiosas o filosóficas por su valor estético y aún por lo que encierran de singular y de maravilloso.46 Su esteticismo posiblemente sea una de las claves de la aparente adscripción de Borges hacia filosofías contradictorias, lo que generó discusiones en torno de su propia posición filosófica. También en varias ocasiones destacó su escepticismo con respecto a las posibilidades de la filosofía: No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo -cuando no un párrafo o un nombre- de la historia de la filosofía.47 Según Zavadivker, su esteticismo y su descreimiento en las posibilidades de la filosofía para explicar el mundo lo llevó a asumir y hasta festejar la pluralidad de perspectivas con que los hombres han interpretado el mundo, sin necesidad de definirse por alguna de ellas
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Manual de zoología fantástica

La primera edición de este texto fue publicada en el año 1957 por la editorial Fondo de Cultura Económica de México, con una tirada de 10.000 ejemplares, en papel biblia y bajo la supervisión del escritor mexicano Emmanuel Carballo.
Borges y Margarita Guerrero, quienes ya publicaron en colaboración El "Martín Fierro" (BB.AA., Columba, 1953), nos inducen con la lectura de este extraordinario compendio fantástico a que pasemos del jardín zoológico de la realidad al jardín zoológico de las mitologías en el que recrean experiencias literarias, filosóficas, históricas e incluso sagradas, de un amplio espectro mitológico y cultural.
Nos encontramos ante una obra marginal de Borges, aunque a pesar de ello, ha sido traducida a varios idiomas, entre los que se incluyen el estonio. Hemos hallado una referencia de ello en la revista Vikekar (Arco Iris), en la que en su número 1-2 se dieron a conocer algunos fragmentos de El Manual de zoología fantástica, traducidos por Ruth Lias en el año 1997.


En 1967, según algunos estudiosos de la bibliografía borgiana y en 1968, según otros, se modifica su título como El libro de los seres imaginarios (aunque el F.C.E. reeditaría más tarde con la rúbrica original), en la que amplía el manual bajo este nuevo rótulo. Se incrementan treinta y cuatro textos más (sin duda por la inclusión de nuevos seres no zoomórficos: el doble, las hadas...). En 1969, la editorial E.P. Dutton de Nueva York inicia la publicación de las obras completas de Borges, traducidas por Norman Thomas Di Giovanni, ya con el nuevo título. En posteriores obras completas, por deseo expreso de Borges, se eliminan aquellos trabajos realizados en colaboración. En 1964 aparece la obra traducida al alemán y en 1965 en francés.

El Manual de zoología fantástica pretende ser, tal y como Borges lo expresa en el prólogo, la primera obra en su género. El Islam y la Cábala, la literatura china, la epopeya babilónica, los clásicos griegos y latinos, la Edad Media y el Renacimiento son algunas de las fuentes de que se sirven los autores (curiosamente están excluidos los Cronistas de Indias) en su descriptivo recorrido por el bestiario de la imaginación que reúne al Minotauro, la Sirena, la Quimera, el Dragón, el Basilisco, el Cancerbero, el Ave Fénix, el Grifo, el Golem, el Simurg, etc., seres que se metamorfosean en algunos casos, para, aprovechándose del cuento literario (leyendas, libros sagrados, fábulas ...), representar lo fantástico en el sentido más atávico. Los animales soñados por Kakfa, por C.S. Lewis y por Poe, tal vez como arquetipos yungianos relacionados con símbolos sexuales, o como la metáfora del mundo superior de Parménides, donde el universo es producto de un sueño, lo deífico, las metáforas de la imaginación ancestral, lo religioso y lo mágico, conforman el conjunto del desarrollo del texto.
John Ashton, Peter Lum y Joseph Wood Krutch habían publicado pocos años antes, según ha investigado Martha Paley (3), obras similares en inglés y es posible que no sea la antología de Borges la primera en castellano. El escritor peruano José Durand, publica en 1950, con propósito similar al de Borges, Ocaso de Sirenas, Manatíes en el siglo XVI (4), libro en el que se evidencia, a través de los cronistas españoles del siglo XVI, la alucinación y sorpresa de éstos ante la apasionante visión que les ofrecía no solo la geografía americana, sino su extraordinaria cosmogonía. Pero dado el prestigio internacional de un escritor con respecto al otro, será la antología de Borges la que alcance mayor resonancia e influjo en obras posteriores. Lo cierto es que a partir de esta fecha, comienzan a prodigarse los bestiarios latinoamericanos que, o bien recopilan a la manera de Borges testimonios remotos sobre seres fantásticos, o bien adoptan el mundo animal -ya sea fingido o real- como soporte y vehículo de idearios sobre el amor, las relaciones sociales o la condición humana. Transcribiremos una de las inquietantes criaturas que Borges cita en su obra.
EL BORAMETZ
El CORDERO vegetal de Tartaria, también llamado borametz y polypodium borametz y polipodio chino, es una planta cuya forma es la de un cordero, cubierto de pelusa dorada. Se eleva sobre cuatro o cinco raíces; las plantas mueren a su alrededor y ella se mantiene lozana; cuando la cortan, sale un jugo sangriento. Los lobos se deleitan en devorarla. Sir Thomas Browne la describe en el tercer libro de la obra Pseudodoxia Epidemica (Londres, 1646). En otros monstruos se combinan especies o géneros animales, en el borametz, el reino vegetal y el reino animal. Recordemos a este propósito, la mandrágora, que grita como un hombre cuando la arrancan, y la triste selva de los suicidas, en uno de los círculos del Infierno, de cuyos troncos lastimados brotan a un tiempo sangre y palabras, y aquel árbol soñado por Chesterton, que devoró los pájaros que habían anidado en sus ramas y que, en la primavera, dio plumas en lugar de hojas.
Este texto de difícil clasificación, podría ser una "antología fabulada", "ficción en prosa" o simplemente lo que Borges nos sugiere, un recuento erudito de la larga tradición literaria en la que se incorporan seres sobrenaturales y bestias mágicas. Aunque estamos de acuerdo con Mignolo [1988] cuando asegura que estos términos ("Zoología fantástica" y "Seres imaginarios") nos remiten a la ficción fantástica y al concepto que de ella tiene Borges: fusión de textos, ambivalencia lingüística, inserción de la historia en el texto y viceversa, el antiparaíso en definitiva, recursos que utiliza Borges permanentemente en su creación literaria.
Hemos encontrado muy poca crítica literaria en torno al Manual, aunque se han ocupado de él, Gogol [1975]  que le dedica unas pocas páginas a El libro de los seres imaginarios y a Lupi [1967-1972]  que elabora la taxonomía del Manual de zoología fantástica.
Por otra parte, el artista oaxaqueño Francisco Toledo (1944), presentó en el mes de noviembre del pasado año 1999, en el Palacio de Bellas Artes de México, la exposición Zoología Fantástica de Francisco Toledo, con 46 de sus tintas y acuarelas, inspiradas en El libro de los seres imaginarios. La muestra establece una relación cercana entre el progenitor de la obra y el observador y ya ha sido expuesta en 17 países, entre los que se incluyen España, en Casa de América de Madrid, diferentes lugares de U.S.A., América Latina y Oriente.
EL BESTIARIO
Las literaturas de tradición oral, transmitidas de generación en generación con un contenido casi exclusivamente mítico y descontaminado de la cultura occidental, han sido un leiv motiv en el desarrollo de la literatura latinoamericana, desde los mitos y leyendas de los grupos sociales indígenas, hasta los cronistas españoles del siglo XVI, se han recogido en autores como Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Augusto Monterroso, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, por citar solo a algunos de ellos. Inaugurado por Aristóteles y Plinio, el bestiario es considerado un género breve y descriptivo muy popular en la época clásica y más tarde en la Edad Media. Podemos encontrar una descripción de la historia del género en la escritora ya citada, Martha Paley de Francescato (1977) en Bestiarios y otras jaulas y en Margaret Mason en "The Bestiary in contemporary Spanish American Literature" (1974).
Fusionando la verdad y la fantasía, animales reales e imaginarios con alegorías místicas y moralizadoras en la tradición del "enxiemplo" y en la creencia de que el mundo exterior es reflejo visible y manifestación del reino de Dios y el encanto y fantasía de tales representaciones, que los cronistas de Indias darán nuevo impulso, los bestiarios conocen el mejor momento de auge en la prosa latinoamericana del siglo XX. Son varias las obras que favorecen este fenómeno: La casa de fieras. Bestiario (1922) de Alfonso Hernández Catá, el Manual de Zoología Fantástica (1957) de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero o el Bestiario (1951) de Juan José Arreola, titulado inicialmente como Punta de Plata, que aparece como conjunto en 1958, aunque algunos de sus textos son de 1951, Otros ejemplos posteriores los encontramos en Para un bestiario de Indias (1968) de Alberto M. Salas, compilación de testimonios del siglo XVI, el Bestiario mexicano (1987) de Roldán Peniche B., catálogo de entes fabulosos mexicanos de la época prehispánica, Los animales prodigiosos (1989) de René Avilés Fabila o El Bestiario de Indias del Muy Reverendo Fray Rodrigo de Macuspana (1995), compilado por Marco Antonio Urdapilleta que según el profesor Lauro Zabala, reúne materiales de diversas fuentes en las que se reconocen subtextos alegóricos y una síntesis de conocimientos empíricos de diversa naturaleza. Según la información ofrecida también por el Dr. Zabala, se ha publicado el primer Diccionario de bestias mágicas y seres sobrenaturales de América (UdeG, 1995) compilado por Raúl Aceves. Por último, hemos rastreado en la existencia de algunos bestiarios poéticos, (menos divulgados) como el "Bestiario" de El jarro de flores, (1922) de Juan José Tablada, el de Estravagario, (1958) de Pablo Neruda, El gran zoo, (1967) de Nicolás Guillén, "Los animales saben" en No me preguntes cómo pasa el tiempo (1964-68) de José Emilio Pacheco, Ínfima fauna (1962) de Carlo Antonio de Castro, etc.
Todos ellos son deudores de la sugestión literaria por los animales reales o por los monstruos maravillosos. El animal fingido, tradicional o nuevamente creado, se convierte en un acicate para la imaginación y el animal real se convierte en pretexto de idearios o en fórmulas para exorcizar demonios propios: las bestias fantásticas conviven así con las inventadas.
El vehículo de presentación de estos textos asegura -como en las misceláneas-, una lectura fragmentaria con estructura similar a los microcuentos, tal y como Borges señala en el prólogo, "... no ha sido escrito para una lectura consecutiva. Querríamos que los curiosos lo frecuentaran como quien juega con las formas cambiantes que revela un calidoscopio"
Por:María Ángeles Vázquez
Fuente: Biblioteca de Babab.com
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Borges en imágenes por Axel Díaz Maimone

Parado frente a una de las bibliotecas de mi casa, miro las fotografías que comparten estante con los libros: Victoria Ocampo eternamente joven y espléndida, con un sombrero de fieltro y un collar de perlas; Silvina Ocampo en su escritorio, apenas sonriente; los Bioy en la playa de Mar del Plata, cuando escribían Los que aman odian; Adolfo Bioy Casares, en varias etapas de su vida y en distintos lugares; Manuel Mujica Lainez, con su monóculo y sombrero inglés; Borges, a principios de los años ’60, en una foto que le sacó Bioy; Borges, en el living de su casa, acompañado por Alicia Jurado; Alicia y Borges, el día de la incorporación académica de la escritora… Me detengo ante estas últimas imágenes y recuerdo las palabras de María Esther Vázquez: “Adolfito [Bioy Casares] decía que era muy difícil fotografiar a Borges porque cuando sabía que tenía que posar se acomodaba el pelo, fruncía los labios y se ponía tenso e inexpresivo”.
Sostengo en mis manos la foto de Bioy. Borges, serio, de riguroso traje oscuro y camisa clara parece mirar algo que escapa al contexto de la imagen. Pienso que tal vez podría haber estado atento a una conversación (¿con el padre de Bioy, con Silvina, con alguna de las personas que solían cenar en casa de los Bioy?), y que al advertir la presencia de su amigo, posó para la fotografía tal como me dijo María Esther.
Devuelvo la imagen a su lugar y agarro otra. La instantánea fue tomada en el living del departamento de Borges, a fines de 1975. Doña Leonor había muerto meses antes, y el poeta -que vivía con Fani, la mucama- pasaba largas horas en compañía de sus amigos. Sentados en un sillón, Alicia y Borges conversan y parecen no haberse dado cuenta de que los fotografiaban. En el revés de la cartulina, segundos antes de dármela, Alicia escribió: “Guardo, no sin melancolía, la imagen de aquel hombre solitario en su noche sin fin”; son las últimas palabras de un poema que le escribió a Borges cuando se cumplieron veinte años de su muerte y que conservo junto a escritos que ella me ha regalado y a las tantas cartas que hemos cruzado desde hace tiempo hasta la actualidad.
Una última fotografía, de 1981, muestra al autor de Ficciones conversando con Alicia, esta vez en la Academia de Letras. Fue sacada después del acto en el cual se presentó a la escritora como sucesora de Victoria Ocampo en la Institución. Ese día, Borges la recibió con un emotivo discurso, y ella lo agradeció y leyó unas páginas de homenaje a Victoria en las que ahondaba en su labor literaria.
Estas tres imágenes de Borges me han acompañado durante años. Las recibí de manos de personas cuya amistad valoro sobremanera y forman parte de esos tesoros personales que ningún ladrón se atrevería a llevarse (sí, gozan de ese privilegio; por eso espero que sigan a mi lado hasta el final)
Axel Díaz Maimone
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El suicida de Jorge Luis Borges


Poema en video: El suicida de Jorge Luis Borges por Eduardo Lizalde


No quedará en la noche una estrella.

No quedará la noche.

Moriré y conmigo la suma

del intolerable universo.

Borraré las pirámides, las medallas,

los continentes y las caras.

Borraré las pirámides, las medallas,

los continentes y las caras.

Borraré la acumulación del pasado.

Haré polvo la historia, polvo el polvo.

Estoy mirando el último pájaro.

Lego la nada a nadie.







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El misterio de un poema de Borges

Cuando en 1987 fue asesinado en Medellín el doctor Héctor Abad, apareció en su bolsillo un poema de Borges. Todavía sigue el misterio
El 25 de agosto de 1987 fue un día de muertos en Medellín. El doctor Héctor Abad Gómez había ocupado la mañana en ir a la Facultad de Medicina y, cosa extraña, en copiar a mano un poema. Horas antes, habían asesinado a Luis Felipe Vélez, presidente del gremio de maestros de Medellín, algo habitual en aquellos años de extrema violencia. Por la tarde, escribió un artículo que no pudo entregar, «¿De dónde proviene la violencia?», cuyo encabezamiento decía así: «En Medellín hay tanta pobreza que se puede contratar por dos mil pesos a un sicario para matar a cualquiera».
El doctor Abad era un especialista en salud pública, un hombre muy respetado en su ciudad, tanto como odiado por otros, y precandidato del Partido Liberal a la alcandía de la capital antioqueña, así que le pareció normal en aquellos momentos de agitación que una mujer, de la que nunca más se supo nada, le sugiriera a él y a sus compañeros Carlos Gaviria y Leonardo Betancur que acudieran al sindicato de maestros a rendir homenaje al líder asesinado. Mientras el doctor Abad miraba el trozo de suelo en el que cayó herido de muerte, un sicario, quizá de los de dos mil pesos, le mató de seis disparos. Leonardo Betancur encontró la muerte en el mismo lugar.
Justicia poética
Así lo contó su hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince, en «El olvido que seremos», un libro en el que la memoria del padre es la mayor rebelión contra el silencio que impone el miedo. Hace unos días, en Cartagena de Indias, Colombia, recordó el momento en que fue a reconocer a su padre: «Seis tiros, o lo que es lo mismo, un sicario vació el cargador en el cuerpo de mi papá». Cuando llegó al lugar del crimen, su padre yacía sobre un charco de sangre y guardaba dos papeles en los bolsillos: uno era la lista de otros amenazados a muerte; el otro, un poema manuscrito firmado con las iniciales «JLB». Su primer verso dice: «Ya somos el olvido que seremos». Era un soneto inglés y no le cabía duda a Abad Faciolince de que su autor era Jorge Luis Borges.

Pero pasaron los años y el olvido fue lacrando el recuerdo. Hasta que en 2006 Abad Faciolince publicó «El olvido que seremos» y se le acusó de haberse inventado un poema de Borges para conseguir fama y ganar dinero; una poema que ni está en sus poesías completas, ni María Kodama, la viuda, reconocía como auténtico. «Si la justicia de mi país no fue capaz de condenar a los asesinos de mi padre, me propuse por lo menos hacer justicia de otra manera y averiguar de quién era ese poema», dice. A ello se ha dedicado durante varios años.
 Héctor Abad Gómez (Jericó, Colombia, 1921)
era un prestigioso médico y defensor de los derechos humanos

El poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio fue el primero en ponerse en contacto con Héctor Abad, que por entonces vivía con una beca en Berlín dedicado a escribir. «Me dijo que en la revista “Número” de octubre de 1993 él había publicado cinco inéditos de Borges y, entre ellos, “Aquí. Hoy”». Le contó que el poema lo había dictado, junto a otros cinco, el propio Borges el 16 de diciembre de 1983 a una mujer de una belleza extraordinaria, una estudiante de Medicina llamada María Panero. Fue en Nueva York: unos en un bar entre las calles 40 y 57 y el último montado en un taxi en presencia de un poeta venezolano y del propio Alvarado Tenorio.

Los guardó y a continuación viajó a Madrid. Se alojó en casa de su amiga Sara Rosenberg, donde dejó los poemas olvidados entre las páginas de un libro. «Según él, lo dejó en mi casa –dice ahora Rosenberg, novelista y guionista de cine–..., ¡pero no puedo creer que Harold continúe con esta historia!». En 1992, Alvarado Tenorio viajó de nuevo a Madrid y los recuperó en el mismo libro. «Es difícil que yo no abra un libro en diez años, pero si él lo dice... Me produce risa y me espanta, porque a mí lo que me interesa es que el poema sea bueno, sea de Borges o de Harold». Sara Rosenberg nos pone en antecedentes sobre su amigo: «Él se ha dedicado siempre a hacer estas cosas, incluso se hizo un prólogo de Borges para sí mismo. Harold es un poeta postmoderno apropiacionista», dice comprensiva. «La mentira siempre es perfecta; la verdad, imperfecta», añade Abad Faciolince.

Más tarde, Alvarado Tenorio cambió toda su versión y reconoció a Héctor Abad que la historia de Nueva York era un invento suyo y que el poema lo había escrito él. Aun reconociendo la falsedad, a Héctor Abad no le convenció, ya que a su padre lo asesinaron en 1987, por lo que el poema no se podía haber publicado, como él sonstenía, en 1993. Y otra razón: el que guardaba el doctor Abad en el bolsillo era mejor, porque su último verso estaba acabado. «El soneto de mi padre es perfecto, y el de Tenorio no», argumenta.

Al poeta William Ospina, que estaba vinculado a la revista «Número», le tocó arreglar incorrecciones y algunos problemas de métrica del poema. «Sí, es un poema de Borges, no me cabe duda, desde el principio al fin. Lo es por el tema y por elegir un soneto inglés, algo muy propio de él», nos cuenta en Cartagena. Además, a pesar de que Alvarado Tenorio es un especialista en estas «apropiaciones», «simular un poema de Borges es muy difícil».
La pista buena

Héctor Abad comparte la propiedad de una librería en Medellín con unos amigos. Se llama Palinuro. Un día se presentó allí una mujer llamada Tita Botero que dijo saber de dónde había sacado el poema el doctor Abad. No fue este el último bucle de esta aventura poética, en sí misma borgiana, pero sí el que indicó el camino. El el 29 de septiembre de 1985, el poeta y editor Jean-Dominique Rey entrevistó a Borges en su casa, acompañado del pintor Guillermo Roux, que realizó algunos retratos. Rey le pidió si podía darle algunos poemas inéditos para publicar en la revista «La Délirante». Borges aceptó y, según su relato, le pidió, dado que ya estaba ciego, que abriese él mismo un cajón y cogiese unas cuartillas. Allí había seis sonetos, cinco de los cuales, entre ellos «Aquí. Hoy», acabaron pubicados en una pequeña edición de 300 ejemplares realizada por unos estudiantes de Mendoza. El periplo hasta llegar a esta ciudad argentina fue largo pero sencillo: hasta allí los llevó una mujer llamada Franca Beer, de origen italiano y esposa de Guillermo Roux. Ésa fue la copia que llegó a las manos del doctor Abad, que cada sábado realizaba un programa de literatura en la radio de la Universidad de Medellín.

Hasta hace unos días, Harold Alvarado Tenorio, sostiene en su revista «Arquitrabe» que Abad Faciolince tiene una verdadera obsesión, que ha contratado a detectives privados (en realidad era una amiga epidemióloga residente en Finlandia, «experta en averiguar cosas raras»), que se ha gastado una fortuna para saber si María Panero existe (y existe: a través del Departamento de Estado de EE UU supo que fue torturada por la dictadura argentina). Mientras que fue él quien le entregó al doctor Abad, al que vio en dos ocasiones, este poema, el cual se dedicó a copiar horas antes de su muerte. Un poema escrito por él y haciéndoselo firmar a Borges. ¿O no fue así?

No, no fue así, porque la versión que Alvarado Tenorio tiene es incorrecta y la que el doctor Abad guardaba en el bosillo era la buena, un soneto inglés perfecto (compuesto por tres cuartetos y un dístico). «¿Es que podemos creer a alguien que ha llegado a decir que el soneto se lo metió en el bolsillo, por orden de los paramilitares, el sicario que lo mató?». Borges escribió el poema sabiendo que su vida estaba tocando a su fin (le acababan de detectar un cáncer), afirman los expertos, y el doctor Abad lo copió y guardó en su bolsillo porque también sabía que sus días estaban contados. Eso es todo. «Alguien acaba creyéndose cosas que nunca han sucedido. Cada vez que uno cuenta una historia, cambia. La memoria siempre inventa», concluye su hijo.
Fuente: La Razón. es
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Borges, la memoria y las neurociencias

Ya de chico Borges había logrado cautivarlo. Ahora de grande, ya un prestigioso científico, confirma con placer y admiración la absoluta genialidad del escritor. Rodrigo Quian Quiroga –profesor de Bioingeniería en la Universidad de Leicester– descubrió que existen neuronas que tienen la capacidad de abstraer. Su hipótesis es que quien no posee estas neuronas es incapaz de hacer abstracciones. Lo genial es que Borges abordó el tema casi 70 años atrás. "Funes el memorioso". Ahí está todo.

"Borges dice que alguien como Funes, con una memoria infinita, no es capaz de pensar, de abstraer. Lo que yo argumento es que alguien como Funes y probablemente personas con autismo, justamente no tendrían el tipo de neuronas abstractas que yo descubrí. Lo increíble es que Borges publicó esta historia en 1944 y sus razonamientos fueron brillantes, mucho antes de que existiera todo el conocimiento que tenemos ahora de cómo funciona la memoria. De hecho me sirven para entender mejor cosas que estoy investigando en 2010", asegura Quian Quiroga. Desde 2005 fue probando la existencia de estas neuronas que responden a grados de abstracción muy importantes, neuronas involucradas en un proceso intelectual muy elevado. "Es posible que estas neuronas relacionen la percepción con la memoria creando la codificación abstracta que usamos para almacenar recuerdos –teniendo en cuenta que tendemos a recordar conceptos y a olvidar detalles irrelevantes–. Si estas neuronas faltan, la capacidad para generar abstracciones sería limitada, lo que lleva a patologías como el autismo o a personajes como Funes. Lo sorprendente es que Borges describió con precisión los problemas de capacidad de memoria distorsionada mucho antes que la Neurología", dice Quian Quiroga en un artículo publicado hoy en la revista Nature.

Funes, escribió Borges, era "virtualmente incapaz de ideas generales, platónicas (...) Su propio rostro en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez que las veía (...) Pensar es ignorar (u olvidar) diferencias, generalizar, abstraer. En el prolífico mundo de Ireneo Funes no había nada más que detalles".

Quian Quiroga visitó a la viuda de Borges, María Kodama, quien lo invitó a la biblioteca privada del escritor. Allí, descubrió anotaciones de Borges, como una en "The mind of man", del psicólogo Gustav Spiller, de 1902. "Recuerdos de vida, página 187", escribió Borges. En esa página, Spiller estimaba la cantidad de recuerdos de una persona en distintas etapas de la vida: cerca de 100 los primeros 10 años, 3.600 hasta los 20, 2.000 más entre los 20 y 25, llegando a 10.000 a los 35 años. Spiller también explica cuánto tiempo se necesitaría para recordar todo. Dice Borges de Funes: "Dos o tres veces había reconstruido un día entero; nunca se había equivocado o titubeado pero cada reconstrucción había demandado un día entero".

Por: Mariana Iglesias
Fuente: Clarín
Más información: http://www.clarin.com/
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BORGES SE ANTICIPÓ MEDIO SIGLO A LAS NEUROCIENCIAS

Es sabido que Borges sentía fascinación por ideas como el infinito, los espejos y los laberintos. En su cuento Funes el Memorioso, publicado en junio de 1942 en La Nacion y que relata los avatares de Irineo Funes, un peón de Fray Bentos que poseía la increíble capacidad ?o maldición? de recordarlo absolutamente todo, explora los laberintos de la memoria y llega a plantear ideas que sólo ahora están teniendo comprobación experimental.

"A mediados del siglo XX, Borges ya planteaba que pensar es abstraer y que para poder recordar es necesario olvidar", dice el físico y neurocientífico argentino Rodrigo Quian Quiroga, profesor de bioingeniería de la Universidad de Leicester, en Gran Bretaña, que analiza el célebre cuento, rastrea sus fuentes y compara esas ideas con los resultados de sus propias investigaciones en un artículo que hoy publica la revista Nature.

Según Quian Quiroga, una de las preguntas más interesantes de las neurociencias es cómo hacen las neuronas para codificar y almacenar la información que recibimos del mundo exterior. En busca de respuestas, el científico descubrió un tipo de neuronas del hipocampo capaces de generar representaciones abstractas de conceptos como la identidad de una persona. En experimentos con electrodos que registraban la actividad de estas células, pudo comprobar que la misma neurona se activaba cuando, por ejemplo, la persona estudiada veía diferentes imágenes de una actriz famosa, oía su nombre o lo leía.

"Al contrario de Funes, que «era incapaz de ideas generales, platónicas» y al que «le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)», nosotros tendemos a recordar personas, hechos y lugares genéricos, pero olvidamos los detalles", dice, de visita en Buenos Aires.

Durante uno de sus viajes, el investigador se reunió con María Kodama y pudo observar la biblioteca del escritor. "Es espectacular ?asegura?. Revisando sus libros pude ver que Borges escribía en la primera o la última página, con letra muy chiquitita. Esas anotaciones ofrecen pistas de cómo relacionaba sus lecturas y cómo surgían sus ideas."

Entre muchos otros, como los escritos de William James, el padre de la psicología moderna, Quian Quiroga se sintió intrigado por The mind of man, de Gustav Spiller, editado en 1902. Una anotación, "Memorias de una vida entera, pág. 187", lleva a un pasaje en el que Spiller calcula la cantidad de recuerdos que podría tener de su vida y llega a la conclusión de que podrían sumar 10.000 en 35 años. También menciona cuánto tiempo lleva recopilarlos. Borges dice de Funes: "Dos o tres veces había reconstruido un día entero; (...) cada reconstrucción había requerido un día entero"...

"Es fascinante ?dice Quian Quiroga?. Borges, James y Spiller llegaron intuitivamente a conclusiones que sólo hoy tenemos la tecnología para probar."

Por Nora Bär
Fuente: La Nación
Más información: http://www.lanacion.com/

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Resumen de El Aleph

Jorge Luis Borges

INTRODUCCIÓN
El poder de la escritura, radica en su capacidad de recrear un mundo o varios; de contar una historia o varias; de hacernos participes de emociones ajenas y de cuestionarnos nuestra realidad inmediata. De esta forma, los autores, principalmente de novela y cuento, (sin olvidar el poder periodístico de la palabra) nos han legado su personal concepción del mundo transmitido exclusivamente con letras y signos. Jorge Luis Borges es un caso insólito de la literatura universal. Su apuesta radica, por su genio y creatividad, en lecturas múltiples de una sola obra. Para Borges, todos los actos suceden al mismo tiempo y en el mismo lugar. Por ello, el autor se obsesiona con sus personajes principales: La otredad es decir el mundo que, sin darnos cuenta, cohabita con el nuestro, el tiempo, el espacio, las matemáticas, el pasado, presente y futuro, los laberintos, los enigmas, las citas culteranas al lado de las apócrifas, la religión y la ciencia, los sueños, y los juegos mentales conforman la compleja lectura de Borges. Sus constantes siempre serán las mismas. Estos son los ingredientes de los diecisiete cuentos que conforman El Aleph, libro que desde su aparición en 1949 ha desatado numerosos estudios en todas partes del mundo.

En El Aleph, el autor puede comenzar a narrar una historia y terminar en otra, se cita cual personaje testigo de sus cuentos, nos habla de bibliotecas salidas de su imaginación y rompe completamente con la tradición narrativa contemporánea. Su lectura es un doble reto: a las neuronas y a la imaginación. Las siguientes, son interpretaciones y acercamientos a estos 17 cuentos en busca del argumento de esa vorágine inquieta y culta.

RESUMEN

El Inmortal

El testimonio de un hombre que habla de un río que “purifica de la muerte” y la existencia de una ciudad habitada por inmortales, es el detonante para que alguien más, se decida a encontrarla. En Roma se le advierte: “Dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes”. Al hombre, le son proporcionados doscientos soldados, recluta a varios mercenarios y se lanza a su empresa. Durante el camino, aparece la desesperación y los motines. El hombre huye acompañado de unos cuentos fieles y, herido, duerme y sueña con un laberinto. Al desenredarse –no habla de despertar- de la pesadilla, el hombre encuentra la ciudad de los inmortales y a sus habitantes: Los trogloditas. Alentado por la sed, el hombre bebe de un agua oscura y cae en un sueño profundo no sin pronunciar, inexplicablemente, unas palabras en griego. Éste hombre, militar del imperio Romano, se recupera y dirige sus pasos a la ciudad de los inmortales. Los trogloditas, que no pronuncian palabras, lo dejan ir en paz. La ciudad de los inmortales, es descrita con cámaras y pasillos, arquitectura simétrica y sin fin. A su salida de la ciudad de los inmortales, el hombre intenta conversar con un troglodita a quien puso el nombre de Argos –nombre del perro de Ulises de La Odisea- Al troglodita le cuesta trabajo hablar griego, pero sabía quien era Argos a pesar de que hablaban de un relato contado cien mil años atrás. El hombre tiene que encontrar el agua que lo devolverá a su condición de mortal. Antes nos hablará de sus numerosas experiencia. El cuento termina con una serie de citas que tildan a ésta historia de falsa pero el autor mantiene sus dudas.

El muerto

El relato nos cuenta la historia de Benjamín Otálora quien luego de darle muerte a un enemigo, parte en busca de Azevedo Bandeira. Esa noche, en un altercado, desvía una puñalada dirigida precisamente a Bandeira. Bandeira le propone a Otálora traer consigo una tropa. Éste acepta y parte con rumbo a Tacuarembó. Al año, Otálora se hace gaucho y aprende a manejar una hacienda. Se hace hombre de Bandeira y se sabe temido por ese hecho. Pronto, Otálora descubre que Bandeira se dedica al contrabando y desea ascender lo más pronto posible. Pasa otro año. Otálora atiende a un enfermo Bandeira, siente que sus ambiciones se verán pronto recompensadas. Otálora ambiciona el poder, el caballo y la mujer de Bandeira. Resuelve ganarse la amistad del capanga –guardaespaldas del patrón- y éste le promete ayudarlo en su planeado asenso. Otálora manda a la tropa y duerme con la mujer de Bandeira. En el último día en la vida de Benjamín Otálora se hace un descubrimiento. Muere a manos del capanga comprendiendo que desde un principio, su final había sido planeado.

Los teólogos

Un libro de una biblioteca de monjes se salva de un incendió. En él, se narra una enseñanza de Platón y que “todas las cosas recuperarán su estado anterior”. Un siglo después, se nos presentan a dos hombres: Juan de Panonia y Aureliano. Ambos sostienen diversas posturas con respecto a Dios y a las cosas. Además, se presenta a un grupo conocido como Los Histriones, quienes creen que todo hombre es en realidad dos hombres y que además, sus actos son directamente invertidos, es decir: mientras uno duerme, el otro está despierto, si uno es bueno el otro malo etc. Y así, estos teólogos se ocupan de los conceptos de Dios. Sin embargo, entre Juan de Panonia y Aureliano sucedía algo poco común, no sólo mantenían discrepancias sino que algo más allá de alguna manera los relacionaba. Juan de Panonia es acusado por el propio Aureliano de profesar corrientes herejes. Juan se defiende y mantiene sus ideas. Es acusado a morir en la hoguera. Aureliano presenció la ejecución y posteriormente, luego de profundas reflexiones sobre sus actos y los de su némesis, muere rodeado de un incendió. En el cielo, Dios recibe a Aureliano y a Juan de Panonia como a una sola persona.

Historia del guerrero y de la cautiva

Dos historias alejadas por el tiempo se cruzan. El guerrero Droctulft y una inglesa amiga de la abuela del autor. Droctulft se rebeló contra los suyos y se prestó a defender Roma. Su acto, más que de traición fue de un converso. Borges lee la historia de Droctulft y de inmediato el recuerdo de un relato de su abuela lo asalta. La abuela de Borges, inglesa exiliada, encuentra a otra paisana y ambas platican. El abuelo muere poco después y posteriormente, la abuela encuentra a su paisana bebiendo la sangre de una oveja degollada. Borges junta esos dos destinos. La del bárbaro que se presta a defender lo atacado y de la inglesa alejada de su país en un lugar extraño. La relación va más allá de lo terrenal.

Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)

Tadeo Isidoro Cruz, hijo de Isidora y de un hombre asesinado posteriormente con el cráneo partido. El gaucho Tadeo, cierta noche da muerte a un borracho. La policía lo sigue. Tadeo pelea a muerte y es atrapado y enlistado como soldado raso. Participó de muchas batallas y fue herido varias veces. Después lo encontramos casado y con un hijo. Luego, es nombrado sargento de la policía rural en el lugar mismo de su origen. El destino de Tadeo se acerca a él. Para Borges, el destino consta “de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. En 1870, Tadeo recibe la orden de atrapar a un asesino de dos víctimas. El hombre se defiende valientemente. Tadeo siente la impresión de que ese momento lo ha vivido con anterioridad. Tadeo desertó entonces del ejercito para unirse al rebelde Martín Fierro (Héroe nacional de Argentina)

Emma Zunz

El relato comienza cuando Emma Zunz, trabajadora en una fábrica textil, recibe una carta que notifica el suicidio de su padre. Emma recuerda entonces la confesión de que Aarón Loewenthal, antes gerente ahora dueño de la fábrica, es el ladrón. Lo anterior se lo afirmó su padre la última noche que se vieron. Emma medita un plan que piensa llevar a cabo. Llama a Loewenthal y le dice poseer información sobre la huelga que se gesta en su fábrica. Llegado el día, escoge a un hombre y se entrega a él. Piensa en su madre, en su padre, y en la humillación de la que alguna vez fue objeto. Una venganza metafísica esconde su acto. Emma camina para encontrarse con Loewenthal con la intención de matarlo, hecho que en efecto sucede, salvo que Emma no pudo decir el discurso que tenía preparado. Loewenthal murió sin saber su causa. Emma llama por teléfono y acusa a Loewenthal de haberla citado y al querer abusar de ella lo había matado. La historia increíble es creída pues todo lo relatado por Emma Zunz era cierto salvo las circunstancias “y uno o dos nombres propios”.

La casa de Asterión

El Asterión, acusado de soberbia y misantropía, vive en su hogar infinito. Reflexiona permanentemente pues nada más tiene que hacer salvo recibir cada nueve años a nueve hombres para que sean librados del mal. El Asterión espera a su redentor que quizá lo lleve a otra casa menos intrincada y con un fin. El laberinto del Asterión lo ha acompañado durante toda su existencia. Es todo lo que conoce.

El relato termina cuando Teseo da aviso de haber matado al Minotauro de Creta –nuestro Asterión-.

La otra muerte

Un narrador –desde luego el propio Borges- nos cuenta que recibió una carta dónde le notificaban, al final, de la muerte de don Pedro Damián. El narrador recordó haberlo visto en 1942 y su imagen... fantasmal... Pedro Damián era un veterano militar que había peleado en muchas batallas. Posteriormente, el narrador acudió con el coronel Tabares quien recuerda a un Pedro Damián que murió cobardemente en la batalla de Masoller. El narrador nos confiesa su intención de escribir un relato fantástico sobre el sitio de Masoller. Acude de nuevo a casa del coronel Tabares y encuentra a otro veterano militar que recuerda a un Pedro Damián que murió valientemente en la batalla de Entre Ríos. Tabares ya no recuerda al cobarde Pedro Damián. El asunto se complica cuando el narrador reencuentra a su amigo de la carta del principio, quien tampoco se acuerda de Pedro Damián. Dios es otro personaje más en este complicado cuento y concedió al cobarde redimirse en otra batalla. Al final el narrador duda de los recuerdos propios y ajenos e incluso de la existencia del mismo Pedro Damián.

Deutsches Requiem

Últimas reflexiones de un criminal nazi quien espera la hora de su ejecución. Lo notorio es su extrema inteligencia, amante de la música de Brahms, lector de Shakespeare, Nietzsche y Splenger. Su discurso, es su postura ante la vida, en la hora de su muerte.

La busca de Averroes

Averroes, un escribiente de ascendencia árabe, trabaja en un texto de Aristóteles y se detiene ante la aparición de dos palabras de dudoso significado: tragedia y comedia. Nadie, en el ámbito del Islam sabían su sentido. Luego de una discusión con varios colegas sabios, Averroes descubre a la comedía y a la tragedia en el Corán. Luego desaparece con su biblioteca. Al final, el autor explica su intención y relación con su propio personaje que bien pudo haber sido él mismo.

EL Zahir

El Zahir es una palabra que representa una moneda. Una moneda que llega a manos de Borges y lo remite a la muerte de una mujer de la cual estuvo enamorado: Teodelina Villar. El descubrimiento del narrador de todos los significados del la palabra Zahir lo perturban al grado de deshacerse de la moneda pues se intuye que atrás de aquel objeto se encuentra Dios.

La escritura de Dios

En una cárcel yace Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom. Un muro lo separa de un jaguar. El mago sabe que Dios escribió en algún lugar la solución para curar los males terrenales. Tzinacán recuerda desde su cautiverio sus andanzas en busca de aquella inscripción. Tal vez el jaguar mismo lo sea. Una noche, Tzinacán sueña que la arena lo cubre y que se encuentra dentro de otro sueño que a su vez se encierra en otro. El mago despierta y tiene una mística experiencia mientras es torturado. Tzinacán sabe las catorce palabras escritas por Dios y sabe que al pronunciarlas será todo poderoso. Tzinacán no las pronuncia para que el misterio muera con él.

Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto

Dunraven narra a su amigo Unwin, la muerte del rey Abenjacán el Bojarí a manos de su primo Zaid. Las causas permanecen en el misterio. El rey vivía en un laberinto y un negro acompañado de un león eran los principales aunque improbables sospechosos. Unwin duda de la narración de Dunraven. Esa noche, los amigos pernoctan en el laberinto. Pasados los días y luego de varias conjeturas, Unwin cita a Dunraven y resuelve el caso. La necesidad de Zaid al matar al rey iba más allá de su desaparición; tenía que deshacerse del rey para tomar su lugar, aunque sea por un día.

Los dos reyes y los dos laberintos

Un rey de Babilonia manda a sus sabios proyectar un laberinto. Fue tan perfecto que nadie se atrevía a entrar. Los temerarios continúan perdidos. Cierto día, el rey recibe la visita del rey de Arabia y lo reta a entrar al laberinto. El rey de Arabia entra y por poco no haya la salida. Éste, le dice a su anfitrión que en su país existe un laberinto más complejo que con gusto le enseñará. Cuando regresó a sus tierras, juntó a su ejercito e invadió Babilonia. El rey es apresado y dejado por su homólogo en su laberinto: el desierto.

La espera

Un hombre llega a un lugar al cual no pertenece y toma una identidad que tampoco lo es. El señor Villari se mantiene al margen; no hace amistades, suele ir al cine y lee una sola sección del periódico. Procura no ser visto y de una simple discusión, se encierra cinco días por miedo a salir. Por las noches, soñaba que dos hombres y el verdadero Villari acudían a matarlo. En sus sueños se defendía con la pistola que mantenía guardada en la vigilia. Se calma y reconoce los síntomas del sueño. De modo que una noche, convencido de que dormía, se enfrentó a su sueño. La descarga de la pistola lo desmintió.

El hombre en el umbral

Disturbios suceden en una ciudad musulmana, por ello, las autoridades mandan a un hombre temido a poner orden, su nombre: David Alexander Glencairn. Pronto, la ciudad encontró paz. Tiempo después Glencairn desapareció. La posibilidad de un asesinato era palpable puesto que todos en la ciudad, parecían haber jurado guardar un secreto. Un juez es mandado a buscarlo y encuentra mentiras y versiones encontradas sobre el paradero de Glencairn. Un anciano narra que desde niño se busca al juez. Cuando terminó su narración, cientos de hombres y mujeres salieron de su casas pues festejaban que un hombre, acababa de dar muerte a Glencairn.

El Aleph

El narrador empieza por contar la muerte de Beatriz Viterbo y el profundo dolor que dejó en él y su familia. Cada año acudía a la casa de la extinta mujer para convivir con una agradable familia que bien lo recibía. Entre ellos, el primo de Beatriz, Carlos Argentino Daneri, quien comparte sus inquietudes literarias con el narrador. Pasado el tiempo, el narrador sospecha que Daneri pretende que él escriba el prólogo de su obra. Para ello tiene que acabar su poema en casa, junto a El Aleph. La primera definición que el narrador nos ofrece es: “uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos”. Daneri advierte que El Aleph es solamente suyo y que lo descubrió en su niñez. El narrador lo considera un loco y se muestra interesado en conocer a El Aleph. Daneri accede y lo lleva a su casa. Y ahí, mientras observaba uno de los tantos retratos de Beatriz, Borges le habla a su extinta amada. Daneri dicta unas precisas instrucciones para que Borges vea a El Aleph y éste, un tanto escéptico, las acata. Finalmente, Borges se encuentra con una esfera de dos o tres centímetros de diámetro donde todas las cosas suceden: Borges ha encontrado a El Aleph. Todo sucede al instante, todo el universo se refleja en El Aleph y El Aleph en todo el universo.

Seis meses después, la casa que ocultaba a El Aleph fue destruida. Danineri publico sus poemas y obtuvo incluso un premio nacional.

Recortes...
En Buenos Aires, el 24 de agosto de 1899, nace Jorge Luis Borges. Su obra comprende poesía, ensayos, cuentos y novelas policíacas. Su irrefrenable pasión por leer, lo llevó a un encierro mítico donde se confunde la realidad con la ficción y que influyo notablemente en toda su obra. Fue cesado de su puesto como director de la Biblioteca Nacional por Juan Domingo Perón. Su progresiva ceguera no le quitó su hambre de lectura. Todos sus textos abundan en citas y datos históricos. Sin embargo, Borges sabe que el mundo literario se alimenta del real y viceversa. Los dos mundos se tocan y es cuando la prosa de Borges adquiere significado. Su erudición es capaz de cuestionar la más abstracta de las definiciones. Para Borges, el tiempo es intemporal, la identidad sólo es conocida a medias y los enigmas están hechos para descifrase. Sus cuentos, breves pero saturados de información, requieren de varias lecturas pues, también son laberintos en busca de su salida. Su ambigüedad desconcierta pero fascina.Sus colaboraciones en la prensa argentina son recordadas, especialmente en el periódico Sur. Sus principales obras son: Ensayos; Inquisiciones 1925, El tamaño de mi esperanza 1926, Discusión 1932, Historia de la eternidad 1936 Martín Fierro 1953 y Elogio de la sombra 1969. Poesía: Obra poética 1923-1967 Antología personal 1961. Cuentos: Ficciones 1935-1944, Artificios 1944, El Aleph 1949, El libro de arena 1955, El hacedor 1960 y El Congreso 1971. Además, publicó bajo el seudónimo de Bustos Domecq, y en colaboración con Adolfo Bioy Casares varias novelas policiacas. Un modelo para la muerte 1946.

Por deseo propio, los restos de Borges descansan en Ginebra desde el 4 de junio de 1986.
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Biografía

"Autor contemporáneo Argentino que goza de mayor fama internacional ". Hijo de Jorge Guillermo Borges profesor y escritor y de Leonor Acevedo Haedo. Nació en Buenos Aires, el 24 de Agosto de 1899. El 4 de Marzo de 1901, nace su hermana, Norah, compañera de juegos con la que no peleaba nunca y con la que compartió sus miedos infantiles. Su padre a menudo le recitaba poesías en inglés; " idioma que se alternaba en el hogar con el español por la influencia de su abuela paterna Haslam Arnet ( inglesa )" , de Swiburne y de Keats, sus preferidos. La madre Leonor, afirmaba que fue su marido quien guió a su hijo en los gustos literarios; poseían la misma inteligencia, el mismo tipo de " humour " y conversaban de literatura mano a mano, desde que Jorge fue muy joven. El chico aprendió a leer en inglés y más tarde en Castellano, pero ni él ni su hermana fueron a la escuela, después de recibir en su hogar la instrucción que le imparte una institutriz inglesa, ingresó en el cuarto grado de la escuela primaria del Estado. El inglés fue el idioma de su infancia y en 1908 tradujo " El Príncipe Feliz ", de Oscar Wilde. Viajó luego a Europa con su familia, donde visitó París y se instaló en Ginebra, Suiza, donde los niños realizarían sus estudios refugiándose de la guerra. Estuvo luego en Francia, Alemania y España donde se inició como poeta y unió al grupo de los ultraístas, cuyo movimiento difundió en la Argentina. En 1922 funda la revista " Proa ", junto con González Lanuza, Macedonio Fernández y Norah Lange. De regreso en Buenos Aires se entregó a la poesía, dentro del movimiento ultraísta porteño, y publicó su primera colección Fervor de Buenos Aires ( 1923 ) y más tarde Cuaderno de San Martín. Integró el grupo literario Martín Fierro y participó en varias revistas. Transitó luego al relato y al ensayo corto y dio a conocer su Historia Universal de la Infamia ( 1935 ), que llamó poderosamente la atención del público literario por la novedad de los ensayos y la agudeza de los razonamientos, características que habría de conservar en su prosa para siempre. Dentro de esta línea publicó más tarde dos importantes colecciones de cuentos, Ficciones ( 1944 ) y El Aleph ( 1949 ). Fue más tarde profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras y se lo designó director de la Biblioteca Nacional ese mismo año. Obtuvo el " Prix International des Editeurs " en 1961, compartido con el escritor irlandés Samuel Beckett. Viajó por Europa y América dictando cursos y conferencias en numerosas universidades e instituciones culturales del país y del extranjero. Continuó publicando cuentos, poesías y ensayos en diversas revistas y diarios, que compiló más tarde en otros volúmenes. En 1946, al asumir Perón el gobierno, elegido en elecciones realizadas en ese año, es transferido en julio por el intendente Emilio Siri de su puesto de bibliotecario al de inspector de pollos, gallinas y conejos en las ferias municipales. Se trataba de una humillante venganza por su decidida oposición al peronismo. Borges renuncia y sigue dando conferencias (siempre vigiladas por policías o pesquisas del gobierno peronista) en el Instituto de Cultura Inglesa para ganarse la vida. Borges ha sido recompensado en su país y en el extranjero con un gran número de distinciones; entre ellas podemos nombrar: el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, que fue creado especialmente para él; de la cual fue presidente desde 1950 a 1953, el Primer Premio Nacional de Literatura ( 1956 ), el Premio Alfonso Reyes de México, el Premio Interamericano de Literatura Matarazzo Sobrinho de Brasil, en 1965 el embajador de Italia le entrega la medalla de oro del IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia, en 1966 recibe de la comuna de Milán el IX Premio Internacional Madonnina, el 22 de Mayo de 1968 el embajador de Italia le entrega las insignias de la Orden del Mérito de la República Italiana en el grado de Gran Oficial, a fines de Agosto de 1976 el gobierno de Chile lo condecora con la orden al mérito Bernardo O' Higgins en el grado de Gran Cruz, en Agosto de 1979 recibe de la República de Santo Domingo el premio denominado Canoabo de oro, el 3 de Junio de 1981 recibe en Cambridge (E.E.U.U) el doctorado Honoris de la Universidad de Harvard, a fines del mismo mes se le otorga el Doctorado Honoris Causa en Letras de la Universidad de Puerto Rico, fue designado doctor " honoris " causa de la Universidad Nacional de Cuyo y de la Universidad de Michigan (E.E.U.U ), etc. Desde 1962 fue miembro de la Academia Argentina de Letras. Su nombre fue propuesto varias veces para el Premio Nobel de Literatura. Sus obras se han traducido a veintiún idiomas. Como narrador, es considerado uno de los grandes cuentistas de la literatura universal. Sus obras han influido en escritores de todas las latitudes. Trabajaron en conjunto con Adolfo Bioy Casares, bajo el nombre de Bustos Domecq. Algunas de sus obras fueron: Dos fantasías memorables (1946 ); Seis problemas para don Isidro Parodi ( 1942 ); Cuentos breves y extraordinarios ( 1955 ) y algunos más. En 1973, la Municipalidad de Buenos Aires, lo declara ciudadano ilustre.A causa de su creciente ceguera, que motivó múltiples operaciones, se le prohibe leer y escribir, órdenes que son cumplidas por su madre y amigos. Finalmente, el 14 de junio de 1986 muere a sus 87 años en Ginebra. Obras LOS CUENTOS DE BORGES Aunque la poesía de Borges es digna de elogio, su fama internacional se debe a sus cuentos y ensayos. Se ha dicho que nadie en lengua española moderna ha creado como él un estilo " tan estilo ". En efecto, su personalidad artística se respalda no sólo en una temática novedosa, sino también en una técnica y en un estilo literario propio. Sus temas son en general de procedencia libresca, en cuanto parecen suscitados por lecturas del autor, quien una vez tomado el asunto en sus manos les da una perspectiva y una derivación originales, y convierte así, esa materia erudita y muerta, en un asunto de vitalidad e interés actuales. FICCIONES DE BORGES La infatigable oriqinalidad de Jorqe Luis Borges encuentra en este libro oportunidad de amplio lucimiento. Ficciones dio lugar en su momento a la enjundiosa admiración de la crítica sobre él, poco pueden agregar estás líneas que no buscan presentar al libro, sino simplemente repetir que Ficciones es imprescindible en la actualidad para juzgar la literatura contemporánea. El crítico y humanista Roger Caillois ha pronunciado palabras definitivamente consaqratorias: "Actualmente puede decirse sin paradoja que Borges es más conocido, más admirado y, sobre todo, más estudiado en las márgenes del Sena que en las del Río de la Plata." Traducido a varios idiomas, Ficciones fue galardoneado en 1961 con el Premio Internacional otorgado a los editores de Francia, EE.UU., lnqlaterra, ltalia, Alemania y España. A la edición primitiva, Borges agregó tres cuentos: El Fin, La Secta del Fénix y El Sur. Vuelven, pues, de nuevo a manos del lector Funes el memorioso, El jardín de senderos que se bifurcan, Tlón, Ugbar, Orbis Tertius. Con cada uno de los cuentos de Ficciones podría hacerse una selección por separado que incluyera los mejores del género. Todos pertenecen a la clásica categoría de las piezas antológicas. Medido y filoso, el estilo de Borges describe con acertada rapidez, la nota humorística de Pierre Menar, autor del Quijote, o el suspenso matemático de La muerte y la brújula, o la penetrada filosofía de El Sur; sin hablar de la Biblioteca de Babel, página premonitora y lúcida del actual director de la Biblioteca Nacional. LA COSMOVISIÓN DE BORGES Hay un trasfondo filosófico en todos ellos que se refleja en su concepción peculiar del tiempo, el espacio, la muerte, el infinito, la existencia humana y el mundo. Borges toma el mundo existente y real como si fuera una alucinación o una idealización dentro de la cual vivimos, sin darnos cuenta. La muerte es para él la clave de la vida y cada uno tiene su vida personal. El destino humano es incomprensible para el ser humano, y la vida se repite con nosotros simétricamente, es un inexplicable laberinto de destinos: el destino es como otra persona que llevamos dentro de nosotros mismos. El tiempo es un eterno retorno, un regreso hacia el infinito que se repite constantemente. Borges, debe toda esta concepción a su constante lectura de los filósofos. TÉCNICA Y ESTILO Aunque Borges se inició poéticamente con temas de repercusión popular, como la ciudad de Bs.As., sus calles, patios, compadritos, etc.; parece haber renunciado a esta modalidad ya que sus cuentos son materia literaria para otro tipo de público. Se requiere una erudición particular para poder entender a fondo el simbolismo de ellos, y esta erudición no siempre está al alcance de todos. Los géneros preferidos del escritor fueron el cuento fantástico, de contenido metafísico desarrollado dentro de una estructura algo parecida a la del relato policial, el tiempo y lo intemporal, la paradoja, la naturaleza, etc. Sus cuentos como sus relatos y sus poesías, son de una arquitectura estructural muy bien pensada, lógicamente desarrollados, y escritos con una economía de recursos certeramente planeada. Nada sobra en ellos, pero nada falta. Escribe lo estrictamente necesario para decir lo que tiene que narrar, y no se excede en ningún momento. Su estilo es otra de la novedades. Se ha dicho que sus ensayos y sus cuentos constituyen una serie de problemas literarios y filosóficos que , introduce con brevedad y resuelve con gracia y elegancia. OTRAS DE SUS OBRAS SON: " Poesía y Prosa "; El hacedor ( 1960 ); Elogio de la Sombra ( 1969 ); El Oro de los Tigres ( 1972 ). " Ensayos "; Inquisiciones ( 1925 ); El tamaño de mi Esperanza ( 1926 ); Evaristo Carriego ( 1930 ); Aspectos de la Literatura Gauchesca ( 1950 ); Otras Inquisiciones ( 1952 ); Borges Oral ( 1979 ); Historia de la Eternidad ( 1936 ); Libro de los Sueños ( 1976 ); Nueve Ensayos Dantescos ( 1982 ); Prólogos ( 1975 ), y algunos más. " Ficción "; El Jardín de Senderos que se Bifurcan ( 1941 ); La muerte y la Brújula ( 1951 ); El Libro de los Seres Imaginarios ( 1968 ); El Libro de Arena ( 1975 ) y Rosa y Azul ( 1977 ).

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