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Jorge Luis Borges es una inagotable fuente de sorpresas.Sus Obras, sus pensamientos, su particular idiosincracia,en este jardín de senderos que se bifurcan

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Cuento: La espera, de Jorge Luis Borges


El coche lo dejó en el cuatro mil cuatro de esa calle del Noroeste. No habían dado las nueve de la mañana; el hombre notó con aprobación los manchados plátanos, el cuadrado de tierra al pie de cada uno, las decentes casas de balconcito, la farmacia contigua, los desvaídos rombos de la pinturería y ferretería.


Un largo y ciego paredón de hospital cerraba la acera de enfrente; el sol reverberaba, más lejos, en unos invemáculos.

E1 hombre pensó que esas cosas (ahora arbitrarias y casuales y en cualquier orden, como las que se ven en los sueños) serían con el tiempo, si Dios quisiera, invariables, necesarias y familiares.

En la vidriera de la farmacia se leía en letras de loza: Breslauer, los judíos estaban desplazando a los italianos, que habían desplazado a los criollos. Mejor así; el hombre prefería no alternar con gente de su sangre.

El cochero le ayudó a bajar el baúl; una mujer de aire distraído o cansado abrió por fin la puerta.

Desde el pescante el cochero le devolvió una de las monedas, un vintén oriental que estaba en su bolsillo desde esa noche en el hotel de Melo. E1 hombre le entregó cuarenta centavos, y en el acto sintió:

"Tengo la obligación de obrar de manera que todos se olviden de mí. He cometido dos errores: he dado una moneda de otro país y he dejado ver que me importa esa equivocación".

Precedido por la mujer, atravesó el zaguán y el primer patio. La pieza que le habían reservado daba, felizmente, al segundo.

La cama era de hierro, que el artífice había deformado en curvas fantásticas, figurando ramas y pámpanos; había, asimismo, un alto ropero de pino, una mesa de luz, un estante con libros a ras del suelo, dos sillas desparejas y un lavatorio con su palangana, su jarra, su jabonera y un botellón de vidrio turbio.

Un mapa de la provincia de Buenos Aires y un crucifijo adornaban las paredes; el papel era carmesí, con grandes pavos reales repetidos, de cola desplegada. La única puerta daba al patio.

Fue necesario variar la colocación de las sillas para dar cabida al baúl.

Todo lo aprobó el inquilino; cuando la mujer le preguntó cómo se llamaba, dijo Villari, no como un desafío secreto, no para mitigar una humillación que, en verdad, no sentía, sino porque ese nombre lo trabajaba, porque le fue imposible pensar en otro.

No lo sedujo, ciertamente, el error literario de imaginar que asumir el nombre del enemigo podía ser una astucia.

El señor Villari, al principio, no dejaba la casa; cumplidas unas cuantas semanas, dio en salir, un rato, al oscurecer.

Alguna noche entró en el cinematógrafo que había a las tres cuadras. No pasó nunca de la última fila; siempre se levantaba un poco antes del fin de la función.

Vio trágicas historias del hampa; éstas, sin duda, incluían errores, éstas, sin duda, incluían imágenes que también lo eran de su vida anterior; Villari no las advirtió porque la idea de una coincidencia entre el arte y la realidad era ajena a él.

Dócilmente trataba de que le gustaran las cosas; quería adelantarse a la intención con que se las mostraban. A diferencia de quienes han leído novelas, no se veía nunca a sí mismo como un personaje del arte.

No le llegó jamás una carta, ni siquiera una circular, pero leía con borrosa esperanza una de las secciones del diario.

De tarde, arrimaba a la puerta una de las sillas y mateaba con seriedad, puestos los ojos en la enredadera del muro de la inmediata casa de altos.

Años de soledad le habían enseñado que los días, en la memoria, tienden a ser iguales, pero que no hay un día, ni siquiera de cárcel o de hospital, que no traiga sorpresas, que no sea al trasluz una red de mínimas sorpresas.

En otras reclusiones había cedido a la tentación de contar los días y las horas, pero esta reclusión era distinta, porque no tenía término, salvo que el diario, una mañana, trajera la noticia de la muerte de Alejandro Villari. También era posible que Villari ya hubiera muerto y entonces esta vida era un sueño.

Esa posibilidad lo inquietaba, porque no acabó de entender si se parecía al alivio o a la desdicha; se dijo que era absurda y la rechazó.

En días lejanos, menos lejanos por el curso del tiempo que por dos o tres hechos irrevocables, había deseado muchas cosas, con amor sin escrúpulo; esa voluntad poderosa, que había movido el odio de los hombres y el amor de alguna mujer; ya no quería cosas particulares: sólo quería perdurar, no concluir.

El sabor de la yerba, el sabor del tabaco negro, el creciente filo de sombra que iba ganando el patio, eran suficientes estímulos.

Había en la casa un perro lobo, ya viejo. Villari se amistó con él. Le hablaba en español, en italiano y en las pocas palabras que le quedaban del rústico dialecto de su niñez. Villari trataba de vivir en el mero presente, sin recuerdos ni previsiones; los primeros le importaban menos que las últimas. Oscuramente creyó intuir que el pasado es la sustancia de que el tiempo está hecho; por ello es que éste se vuelve pasado en seguida.

Su fatiga, algún día, se pareció a la felicidad; en momentos así, no era mucho más complejo que el perro.

Una noche lo dejó asombrado y temblando una íntima descarga de dolor en el fondo de la boca. Ese horrible milagro recurrió a los pocos minutos y otra vez hacia el alba. Villari, al día siguiente, mandó buscar un coche que lo dejó en un consultorio dental del barrio del Once. Ahí le arrancaron la muela.

En ese trance no estuvo más cobarde ni más tranquilo que otras personas.

Otra noche, al volver del cinematógrafo, sintió que lo empujaban. Con ira, con indignación, con secreto alivio, se encaró con el insolente. Le escupió una injuria soez; el otro, atónito, balbuceó una disculpa.

Era un hombre alto, joven, de pelo oscuro, y lo acompañaba una mujer de tipo alemán; Villari, esa noche, se repitió que no los conocía. Sin embargo, cuatro o cinco días pasaron antes que saliera a la calle.

Entre los libros del estante había una Divina Comedia, con el viejo comentario de Andreoli. Menos urgido por la curiosidad que por un sentimiento de deber, Villari acometió la lectura de esa obra capital; antes de comer, leía un canto, y luego, en orden riguroso, las notas.

No juzgó inverosímiles o excesivas las penas infernales y no pensó que Dante lo hubiera condenado al último círculo donde los dientes de Ugolino roen sin fin la nuca de Ruggieri.

Los pavos reales del papel carmesí parecían destinados a alimentar pesadillas tenaces, pero el señor Villari no soñó nunca con una glorieta monstruosa hecha de inextricable: pájaros vivos.

En los amaneceres soñaba un sueño de fondo igual y de circunstancias variables. Dos hombres y Villari entraban con revólveres en la pieza y lo agredían al salir del cinematógrafo o eran, los tres a un tiempo, el desconocido que lo había empujado, o lo esperaban tristemente en el patio y parecían no conocerlo.

Al fin del sueño, él sacaba el revólver del cajón de la inmediata mesa de luz (y es verdad que en ese cajón guardaba un revólver) y lo descargaba contra los hombres.

El estruendo del arma lo despertaba, pero siempre era un sueño y en otro sueño tenía que volver a matarlos.

Una turbia mañana del mes de julio, la presencia de gente desconocida (no el ruido de la puerta cuando la abrieron) lo despertó.

Altos en la penumbra del cuarto, curiosamente simplificados por la penumbra (siempre en los sueños de temor habían sido más claros), vigilantes, inmóviles y pacientes, bajos los ojos como si el peso de las armas los encorvara Alejandro Villari y un desconocido lo habían alcanzado, por fin.

Con una seña les pidió que esperaran y se dio vuelta contra la pared, como si retomara el sueño.

¿Lo hizo para despertar la misericordia de quienes lo mataron, o porque es menos duro sobrellevar un acontecimiento espantoso que imaginarlo aguardarlo sin fin, o -y esto es quizá lo más verosímil- para que los asesinos fueran un sueño, como ya lo habían sido tantas veces, en el mismo lugar, a la misma hora?

En esa magia estaba cuando lo borró la descarga.


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El Bicentenario novelado por Borges

La intrahistoria del manuscrito inédito de Jorge Luis Borges «Los Rivero», la novela latente, se sitúa en torno a Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860, cuyas proporciones míticas lo hicieron no sólo padre de la patria sino de numerosísimos hijos. El temblor del relato es la familia Rivero, que rinde culto al espectro del coronel Clemente Rivero, muerto en el destierro en Montevideo. Rivero pertenece a esa mitología de libertadores continentales, sólo que sus hijos son huérfanos desde chicos, y lo son también de la misma república, porque «siendo como son descendientes directos de los guerreros que la habían fundado y defendido no contaban ya para nadie», explica Julio Ortega, uno de los mayores especialistas en literatura hispanoamericana del mundo, que exhumó este texto exquisito de Borges en los archivos de la Universidad de Austin (Texas). La diminuta grafía borgiana, en cuatro hojas, se titulaba «Los Rivero».


Relato inconcluso

Borges llama «crónica» a este relato inconcluso, que «no llega a ser un cuento y que bien pudo haber sido la única novela del autor». Tiene, en efecto -añade Julio Ortega- de la crónica el estilo enumerativo, incluso cierta distancia ante los hechos narrados; y discurre con el tiempo sumario del cuento, que baraja tránsitos y decepciones; pero de su drama familiar emerge la historia novelada de las fundaciones republicanas, o la novela de la historia de los desheredados de la patria que sus padres liberaron. «La fundación extraviada anuncia la novela incumplida, que en estas límpidas y luminosas páginas brilla fugazmente, como el cuento inacabado de una historia incompleta. De todos modos, Borges tenía una visión heroica de la emancipación americana, y fue escrupuloso con su historia», subraya Julio Ortega. Los grafólogos que han estudiado el texto de «Los Rivero» lo consideraron dos o tres años posterior a «El Aleph»; se pudo escribir circa 1950. Del Centro Editores, gracias a Claudio Pérez Míguez, que mantuvo amistad con el creador argentino (a quien fotografió vestido de hombre lobo en su casa), y en colaboración con la Fundación Internacional Borges, presentará la buena nueva borgiana el día 18 en Madrid, con motivo del Bicentenario de la Revolución de Mayo.

La decadencia del héroe

Claudio Pérez Míguez, director de Del Centro Editores, explica a ABC que sobrevuela en el texto la decadencia del héroe. Se trata de un relato muy atípico en Borges, incide el editor, arropando el argumento de Julio Ortega de que podría haber sido la primera parte de la novela que Borges siempre quiso escribir: «Todo el relato se sostiene sobre la descripción de los miembros de los Rivero. Por vez primera el escritor argentino se aleja de la trama para realizar una recreación exhaustiva de los Rivero, maravillosa. En pocas páginas, cuatro, enhebra la decadencia de esta familia, los Rivero, que supone una metáfora también de la decadencia argentina. Los Rivero sienten que no se les da el lugar que se merecen por ser quienes son. El país argentino, a principios de siglo, está invadido por «gringos», por extranjeros, y ellos, los Rivero, que son herederos de los fundadores de la patria, no tienen el sitio que se merecen», apunta Pérez Míguez. Del Centro Editores edita el hallazgo borgiano en una obra de lujo, en colaboración con la Fundación Internacional Jorge Luis Borges: cien ejemplares con ilustraiones del artista argentino Carlos Alonso. La grandeza de la tinta de Borges, que en este manuscrito es microscópica, delinea la decadencia de unos desheredados y un siglo de la historia de la Argentina, que siempre llorará por él
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LOS RIVERO» (primera página completa del inédito de Borges)


Hacia 1905, la cancel de hierro forjado había cedido su lugar a una puerta de madera y cristales y bajo el llamador de bronce había un timbre eléctrico, ahora, pero en general la casa de los Rivero -con el zaguán oscuro, con los patios de baldosa colorada, con el aljibe inútil y con una higuera en el fondo- correspondía con suficiente rigor al arquetipo de casa vieja del barrio Sur, y el espectro del coronel Clemente Rivero (que murió, desterrado, en Montevideo, dos meses antes del pronunciamiento de Urquiza) lo habría identificado sin mayor dificultad. Es sabido que la historia argentina abunda en glorias familiares y casi secretas, en próceres que llegan a ser el nombre de una calle; tal vez no huelgue recordar al lector que el coronel Rivero fue el héroe de la primera carga de Aturia, título que en vano le niegan todos los historiadores venezolanos, víctimas de la envidia y del localismo, y que defienden con razones irrefutables los argentinos amantes de la verdad. En el desorden de las guerras de la independencia de América, el coronel Rivero tuvo un claro momento de gloria, cuando «lanceó a los godos» y decidió la suerte de una provincia; sus bisnietos guardaban con piedad y con justificadísimo orgullo el hierro de la lanza que blandió entonces.


Para ayudar la imaginación del lector de esta crónica hemos invocado el barrio Sur; la verdad es que la casa de los Rivero estaba en la calle Sarmiento, a una distancia no infinita de la plaza del Once. Los muebles de la sala eran los mejores; sobre la chimenea nunca encendida, un turbio espejo con molduras duplicaba las piezas de caoba, también bruñidas; el hermoso juego hamburgués era de los que ahora sirven para definición de lo criollo. En la sala estaba asimismo el retrato ovalado del coronel, obra de un pincel catalán; el mayor de los bisnietos, Fermín, que había heredado el terco mentón y la nariz chata del prócer, solía demorarse bajo la imagen para que las visitas, nada frecuentes, advirtieran el parecido

JORGE LUIS BORGES
Fuente: http://www.abc.es/
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Descubren manuscrito inédito de Borges

Julio Ortega, crítico y profesor de la Universidad de Brown, descubrió en el Harry Ransom Center for the Humanities de la Universidad de Austin (Texas) un manuscrito inédito del escritor argentino Jorge Luis Borges.


El manuscrito de cuatro páginas no tiene título ni fecha y está inconcluso. Cuenta la historia de los nietos de un coronel de la Independencia que viven en la pobreza y añoran con melancolía las épocas de gloria de su abuelo.

El manuscrito ha sido identificado como “Los Rivero” y ha sido reconocido por María Kodama, la viuda del escritor, como auténtico. Al parecer el texto llegó al Ransom Center por medio de un traductor de Borges que lo donó al instituto.

Sobre el texto, Ortega y su equipo han lanzado varias hipótesis sobre la fecha en la que pudo haber sido escrito y sobre por qué fue desechado por el escritor argentino.

Según Ortega, “Los Rivero”no es un cuento, podría tratarse de un esbozo de novela pues “Todo el relato se sostiene sobre la descripción de los miembros de los Rivero. Por vez primera el escritor argentino se aleja de la trama para realizar una recreación exhaustiva de los Rivero, maravillosa. En pocas páginas, cuatro, enhebra la decadencia de esta familia, los Rivero, que supone una metáfora también de la decadencia argentina. Los Rivero sienten que no se les da el lugar que se merecen por ser quienes son. El país argentino, a principios de siglo, está invadido por “gringos”, por extranjeros, y ellos, los Rivero, que son herederos de los fundadores de la patria, no tienen el sitio que se merecen”.

Para Ortega, el manuscrito es posterior a “El Aleph” (1949) pues al comparar las caligrafías de ambos escritos se nota una progresión en la ceguera del escritor por la forma de las letras.

“Los Rivero” será editado en una edición de lujo por Del Centro Editores en colaboración con la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y que saldrá a la venta el 25 de mayo. Serán solo 100 ejemplares en donde se incluirá un facsímil del manuscrito, su transcripción y estará ilustrado por el artista Carlos Alonso.

A continuación el primer párrafo de “Los Rivero”:

"Hacia 1905, la cancel de hierro forjado había cedido su lugar a una puerta de madera y cristales y bajo el llamador de bronce había un timbre eléctrico, ahora, pero en general la casa de los Rivero -con el zaguán oscuro, con los patios de baldosa colorada, con el aljibe inútil y con una higuera en el fondo- correspondía con suficiente rigor al arquetipo de casa vieja del barrio Sur, y el espectro del coronel Clemente Rivero (que murió, desterrado, en Montevideo, dos meses antes del pronunciamiento de Urquiza) lo habría identificado sin mayor dificultad. Es sabido que la historia argentina abunda en glorias familiares y casi secretas, en próceres que llegan a ser el nombre de una calle; tal vez no huelgue recordar al lector que el coronel Rivero fue el héroe de la primera carga de Aturia, título que en vano le niegan todos los historiadores venezolanos, víctimas de la envidia y del localismo, y que defienden con razones irrefutables los argentinos amantes de la verdad. En el desorden de las guerras de la independencia de América, el coronel Rivero tuvo un claro momento de gloria, cuando «lanceó a los godos» y decidió la suerte de una provincia; sus bisnietos guardaban con piedad y con justificadísimo orgullo el hierro de la lanza que blandió entonces".

Jorge Luis Borges.
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La Fundación Internacional Jorge Luis Borges tiene el agrado de invitar...

La Fundación Internacional Jorge Luis Borges tiene el agrado de invitar a la presentación del libro 'La realidad y otros inventos', edición con la cual celebra 25 años de trayectoria el Taller Literario El Aleph, coordinado por el escritor Edgardo Ariel Epherra.

Habrá lectura de poemas y cuentos breves a cargo de algunos de los autores que integran la antología, y un concierto de cierre a cargo de 'Percal Tango', grupo capitalino de reconocida trayectoria cuyo repertorio conjuga la sutileza y los matices de la música camarística con la fuerza y el swing arrabalero.

Finalmente se ofrecerá un brindis para celebrar este encuentro de escritores, músicos y público, que integra la agenda oficial del Bicentenario Argentino.

El Taller Literario El Aleph fue declarado 'De Interés Cultural' y cuenta con los auspicios de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, el Instituto Cultural de Bahía Blanca y el Concejo Deliberante de esta ciudad. También adhieren a esta presentación el Fondo Nacional de las Artes y la revista Sobre Vuelos.

La reunión tendrá lugar el viernes 30 de abril a la hora 20, en Anchorena 1.660 (Buenos Aires) con entrada libre y gratuita para todo público.

El 1 de mayo entre las 15 y las 19 hs. los autores firmarán ejemplares y dialogarán con el público en la Feria Internacional del Libro, stand de la Editorial Dunken, Pabellón Verde.

Muchas gracias por enriquecer estas actividades culturales con su presencia y colaborar con su difusión.
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Las contradicciones en la obra de Borges son el reflejo de lo que él consideraba una compleja realidad

“El lazo de la obra de Jorge Luis Borges en España y Argentina está teñido de contradicciones que son el reflejo de lo que él consideraba una compleja y contradictoria realidad”. Así lo ha afirmado María Kodama, presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, y viuda del escritor argentino, en una videoconferencia desde Buenos Aires durante la jornada “Lenguas y literaturas” del I Foro Editorial de Estudios Hispánicos y Americanistas que se celebra en Castellón, organizado por la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE).

Foto: Carlos Adampol.
Kodama abordó las relaciones de España y América en la obra de Jorge Luis Borges y se refirió a las contradicciones del escritor como algo “que nos da la imagen de todo ser humano: la complejidad” y recordó las propias palabras del argentino que afirmaba que “en literatura los contrarios se hermanan e imponen a la conciencia una sensación mixta”.


La viuda de Borges definió a la literatura como “el universo del arte a través de la palabra” e hizo un repaso por la vida y obra del escritor desde su adolescencia cuando se marchó a Europa “sin saber que descubriría un mundo diferente”. Así, resaltó que “la experiencia en Ginebra marcó su vida y su obra” y que posteriormente sus años en España signaron su etapa ultraísta “a partir de su relación con escritores como Jacobo Sureda Montaner, en las bohemias noches madrileñas, o con Rafael Cansinos-Assens a quien consideró su maestro”.

En este sentido, señaló que Borges aportó un significado “pragmático y teorético” a esta corriente “que termina con el choque psíquico de su retorno a Buenos Aires en donde pasa del ultraísmo al deseo de un arte que transmita la emoción desnuda”. Kodama destacó que en esta etapa Borges “trata de recuperar su ciudad y su país y forjar su lengua” y citó al escritor al plantear que no existe diferencia en el habla de España y América “sólo la entonación y las connotaciones suficientes para oír la patria, la obligación de cada uno es dar su voz”. Kodama resaltó que a pesar de poder escribir en inglés Borges decía que su destino era la lengua castellana y remarcó su admiración por Cervantes, Quevedo y Machado.

Por otra parte la viuda del escritor dijo que él no sólo amaba los libros como objeto sino como lector y contó cómo ellos muestran la forma en que leía y su concentración “los libros de la biblioteca de Borges tienen anotaciones en la página del comienzo y la del final y cuando tenía que escribir un cuento recurría a sus notas que recordaba perfectamente en qué parte estaban, esas notas son el plano del alma de esa persona y de su inteligencia y la esencia de su propia literatura”, reflexionó. De este modo resaltó la “generosidad de Borges en su propia obra en la que incita a ir hacia otros autores y hacia obras de otros países” en lo que consideró es “una literatura única que ha cambiado el rumbo de la lengua castellana”.

Kodama se refirió también a la capacidad de Borges de conectar con la ciencia a través de la literatura, a su pasión por la ética como género literario y a su admiración por la utopía socialista inspirada en la Revolución del 17.

Finalmente, se refirió a la tarea que realiza la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y destacó la inauguración del Museo de Borges en Buenos Aires “que cambia su contenido cada seis meses convirtiéndose en un museo vivo”. Anunció, además, que próximamente se abrirá en España una sede de la Fundación.

La intervención en el Foro de quien fuera estudiante, secretaria y esposa de Borges ha sido un aporte fundamental a este Congreso que no podía dejar de abordar la obra de uno de los mejores escritores iberoamericanos del siglo XX y que se reafirma como un encuentro transatlántico entre España y América para ampliar los lazos que unen estas culturas a través de la lengua y el conocimiento.
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Borges, el preferido por los traductores árabes entre los autores argentinos

Dos cuentos de Borges, "La busca de Averroes" y "El Libro de Arena" son, además, los únicos que han sido traducidos en tres ocasiones al árabe, de acuerdo con el catálogo, que incluye más de medio centenar de obras de dieciocho autores argentinos.

La bibliografía de autores argentinos traducidos al árabe fue elaborada por el hispanista Zidan Abdel-Halim Zidan, quien destacó la calidad de los traductores y los retos que han tenido que afrontar, "porque proliferan modismos y frases hechas".

El estudio ha podido rescatar la existencia de 56 obras distintas de 18 autores argentinos que se pueden leer en árabe en nueve países, gracias al trabajo de 49 traductores, 20 de ellos egipcios.

En ese catálogo, Borges domina, porque tiene veinte obras traducidas, la mayoría cuentos. Es seguido por Julio Cortázar, con ocho, Adolfo Bioy Casares, con tres, y Ernesto Sábato y José Hernández, con dos cada uno, entre otros autores.

En la presentación de la bibliografía, el embajador argentino, Luis Enrique Cappagli, destacó que el proyecto está inscrito en las actividades culturales con motivo del bicentenario del primer Gobierno argentino, formado el 25 de mayo del 1810.

"Este es un primer paso, y esperamos que en el futuro haya nuevos listados de escritores provenientes de otros países de lengua castellana", agregó el diplomático La iniciativa forma parte de las gestiones previas a la participación de Argentina como invitada de honor en la próxima Feria Internacional del Libro de Fráncfort, que se celebrará en octubre.

Existe un programa argentino, anunciado el 3 de febrero del 2009, que busca promocionar la traducción de obras argentinas en distintos idiomas, pero no había información sobre las traducidas al árabe, razón por la cual se decidió encargar la bibliografía a Zidan.

El estudio fue presentado en la sede del Instituto Cervantes de El Cairo, cuyo director, Javier Ruiz, destacó que los libros árabes "no suelen viajar entre los países" de la región, por lo que destacó el esfuerzo que representa el catálogo presentado hoy.

"Si no sabemos los libros que viajan de una lengua a otra, no sabemos la influencia que llegan a tener", agregó Ruiz. EFE
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Los últimos días de Borges

Estas conversaciones fueron recogidas por Bioy en Borges, un diario de 1663 páginas. Allí se cuenta cómo leían, escribían, tachaban y teorizaban estos dos gentlemen de las pampas.


Septiembre 17 del 85. JLB: Un poeta turco inventó una buena metáfora para la erección. Por lo menos en la traducción inglesa me pareció bien. Upright blood: sangre erguida. Está bien, es breve. Bioy: To the point. JLB: Sí, to the point. No es fácil inventar nuevas metáforas para cosas tan viejas.

Noviembre 5/85. Borges está muy bien. Camina sólo, sin apoyarse en nadie. El médico le dijo que sus problemas de circulación no tenían cura pero le recetó un paliativo, un cognac en las mañanas. JLB: Espero que esto no sea el comienzo de un alcoholismo crepuscular.

Martes, noviembre 25/85. Encuentra rara la expresión “valle de lágrimas”. “Sería más lógico río de lágrimas, ¿no?”. Cuenta que está esperando los resultados de unos exámenes médicos que no prometen nada bueno.

Lunes, 11 de enero del 86. JLB: Lo poético es misterioso. No depende tanto del sentido como de la cadencia y del sonido. Bioy: El sentido, aunque no se entienda del todo, debe acompañar, porque negativamente cuenta.

En el curso de ese mes trabajó duro con dos secretarios ordenando facturas y manuscritos, visitó notarías, cambió su testamento, habló con los editores, quemó miles de versos y se casó en Asunción con María Kodama. El 29 viajó a Ginebra contraviniendo las indicaciones de su médico, que lo previno: “El frío de Europa no es bueno para usted”. Tanto da morir aquí o allá, respondió él.

Viernes, 14 de febrero. Ferrari está preocupado por la falta absoluta de noticias de Borges.

Lunes, 12 de mayo. Cuando íbamos a desayunar sonó el teléfono. Silvia atendió. Adiviné que hablaba con María Kodama. Le preguntó cuándo volvían pero María no contestó. Pasame a Adolfo, pidió. Pasé y hablamos sobre derechos de autor para no hablar de temas patéticos. Me dijo que Borges no estaba bien, que oía mal. “Hablale en voz alta”. Apareció la voz de Borges y le pregunté cómo estaba. “Regular nomás”, respondió. Quiero verte, le dije. “No voy a volver nunca más”, contestó con una voz extraña y la conversación se cortó. Estaba llorando, dijo Silvia. Creo que sí. Creo que llamó para despedirse.

Sábado, 14 de junio. Un joven con cara de pájaro se me acercó en un quiosco de Ayacucho y Alvear y me dijo: “Falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra”. Seguí mi camino sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente, yo no había perdido la costumbre de pensar: Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez… Irse a morir a una ciudad lejana tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo, me encierro: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno debe ocultar.

Febrero del 87. María Kodama es una mujer extraña. Acusaba a Borges por cualquier motivo. Lo castigaba con silencios (recuérdese que Borges era ciego). Lo celaba. Se ponía furiosa ante la devoción de sus admiradores. Se impacientaba con sus lentitudes.

1989. Me consuelo pensando que Borges no murió solo. Estaba con María y dos amigos, Bernès y Bianciotti. Bernès me refirió que Borges sintió la muerte quince días antes: “Ha llegado. Está aquí”. Le pregunté si la había descrito. “Sí, dijo que era algo externo, rígido y frío”. Luego se repuso un poco y Bernès lo grabó cantando La morocha y otros tangos. En la grabación, Borges ríe con la risa de siempre.

Hacia el final, Bernès le leyó el cuento Ulrica. Borges comentó: “Soy un escritor”. Murió recitando el padre nuestro. Lo dijo en anglosajón, en inglés antiguo, en inglés, en francés y en español… “por si acaso”, explicó con una sonrisa débil.

Murió en una casa alquilada cerca de la Grande Rue. Estaba muy contento en esa casa y dijo que le hubiera gustado vivir allí cuando era joven y vivía cerca de la iglesia rusa. La casa no tiene número; la calle no tiene nombre pero tiene llave, que es también la de la casa
Por: Julio César Londoño
***** enviado por: Alexander Jesus Rozo
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Cristo en la Cruz-- Jorge Luis Borges

Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.

Los tres maderos son de igual altura.

Cristo no está en el medio. Es el tercero.

La negra barba pende sobre el pecho.

El rostro no es el rostro de las láminas.

Es áspero y judío. No lo veo

y seguiré buscándolo hasta el día

último de mis pasos por la tierra.

El hombre quebrantado sufre y calla.

La corona de espinas lo lastima.

No lo alcanza la befa de la plebe

que ha visto su agonía tantas veces.

La suya o la de otro. Da lo mismo.

Cristo en la cruz. Desordenadamente

piensa en el reino que tal vez lo espera,

piensa en una mujer que no fue suya.

No le está dado ver la teología,

la indescifrable Trinidad, los gnósticos,

las catedrales, la navaja de Occam,

la púrpura, la mitra, la liturgia,

la conversión de Guthrum por la espada,

la Inquisición, la sangre de los mártires,

las atroces Cruzadas, Juana de Arco,

el Vaticano que bendice ejércitos.

Sabe que no es un dios y que es un hombre

que muere con el día. No le importa.

Le importa el duro hierro de los clavos.

No es un romano. No es un griego. Gime.

Nos ha dejado espléndidas metáforas

y una doctrina del perdón que puede

anular el pasado. (Esa sentencia

la escribió un irlandés en una cárcel.)

El alma busca el fin, apresurada.

Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.

Anda una mosca por la carne quieta.

¿De qué puede servirme que aquel hombre

haya sufrido, si yo sufro ahora?

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Biografía

"Autor contemporáneo Argentino que goza de mayor fama internacional ". Hijo de Jorge Guillermo Borges profesor y escritor y de Leonor Acevedo Haedo. Nació en Buenos Aires, el 24 de Agosto de 1899. El 4 de Marzo de 1901, nace su hermana, Norah, compañera de juegos con la que no peleaba nunca y con la que compartió sus miedos infantiles. Su padre a menudo le recitaba poesías en inglés; " idioma que se alternaba en el hogar con el español por la influencia de su abuela paterna Haslam Arnet ( inglesa )" , de Swiburne y de Keats, sus preferidos. La madre Leonor, afirmaba que fue su marido quien guió a su hijo en los gustos literarios; poseían la misma inteligencia, el mismo tipo de " humour " y conversaban de literatura mano a mano, desde que Jorge fue muy joven. El chico aprendió a leer en inglés y más tarde en Castellano, pero ni él ni su hermana fueron a la escuela, después de recibir en su hogar la instrucción que le imparte una institutriz inglesa, ingresó en el cuarto grado de la escuela primaria del Estado. El inglés fue el idioma de su infancia y en 1908 tradujo " El Príncipe Feliz ", de Oscar Wilde. Viajó luego a Europa con su familia, donde visitó París y se instaló en Ginebra, Suiza, donde los niños realizarían sus estudios refugiándose de la guerra. Estuvo luego en Francia, Alemania y España donde se inició como poeta y unió al grupo de los ultraístas, cuyo movimiento difundió en la Argentina. En 1922 funda la revista " Proa ", junto con González Lanuza, Macedonio Fernández y Norah Lange. De regreso en Buenos Aires se entregó a la poesía, dentro del movimiento ultraísta porteño, y publicó su primera colección Fervor de Buenos Aires ( 1923 ) y más tarde Cuaderno de San Martín. Integró el grupo literario Martín Fierro y participó en varias revistas. Transitó luego al relato y al ensayo corto y dio a conocer su Historia Universal de la Infamia ( 1935 ), que llamó poderosamente la atención del público literario por la novedad de los ensayos y la agudeza de los razonamientos, características que habría de conservar en su prosa para siempre. Dentro de esta línea publicó más tarde dos importantes colecciones de cuentos, Ficciones ( 1944 ) y El Aleph ( 1949 ). Fue más tarde profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras y se lo designó director de la Biblioteca Nacional ese mismo año. Obtuvo el " Prix International des Editeurs " en 1961, compartido con el escritor irlandés Samuel Beckett. Viajó por Europa y América dictando cursos y conferencias en numerosas universidades e instituciones culturales del país y del extranjero. Continuó publicando cuentos, poesías y ensayos en diversas revistas y diarios, que compiló más tarde en otros volúmenes. En 1946, al asumir Perón el gobierno, elegido en elecciones realizadas en ese año, es transferido en julio por el intendente Emilio Siri de su puesto de bibliotecario al de inspector de pollos, gallinas y conejos en las ferias municipales. Se trataba de una humillante venganza por su decidida oposición al peronismo. Borges renuncia y sigue dando conferencias (siempre vigiladas por policías o pesquisas del gobierno peronista) en el Instituto de Cultura Inglesa para ganarse la vida. Borges ha sido recompensado en su país y en el extranjero con un gran número de distinciones; entre ellas podemos nombrar: el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, que fue creado especialmente para él; de la cual fue presidente desde 1950 a 1953, el Primer Premio Nacional de Literatura ( 1956 ), el Premio Alfonso Reyes de México, el Premio Interamericano de Literatura Matarazzo Sobrinho de Brasil, en 1965 el embajador de Italia le entrega la medalla de oro del IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia, en 1966 recibe de la comuna de Milán el IX Premio Internacional Madonnina, el 22 de Mayo de 1968 el embajador de Italia le entrega las insignias de la Orden del Mérito de la República Italiana en el grado de Gran Oficial, a fines de Agosto de 1976 el gobierno de Chile lo condecora con la orden al mérito Bernardo O' Higgins en el grado de Gran Cruz, en Agosto de 1979 recibe de la República de Santo Domingo el premio denominado Canoabo de oro, el 3 de Junio de 1981 recibe en Cambridge (E.E.U.U) el doctorado Honoris de la Universidad de Harvard, a fines del mismo mes se le otorga el Doctorado Honoris Causa en Letras de la Universidad de Puerto Rico, fue designado doctor " honoris " causa de la Universidad Nacional de Cuyo y de la Universidad de Michigan (E.E.U.U ), etc. Desde 1962 fue miembro de la Academia Argentina de Letras. Su nombre fue propuesto varias veces para el Premio Nobel de Literatura. Sus obras se han traducido a veintiún idiomas. Como narrador, es considerado uno de los grandes cuentistas de la literatura universal. Sus obras han influido en escritores de todas las latitudes. Trabajaron en conjunto con Adolfo Bioy Casares, bajo el nombre de Bustos Domecq. Algunas de sus obras fueron: Dos fantasías memorables (1946 ); Seis problemas para don Isidro Parodi ( 1942 ); Cuentos breves y extraordinarios ( 1955 ) y algunos más. En 1973, la Municipalidad de Buenos Aires, lo declara ciudadano ilustre.A causa de su creciente ceguera, que motivó múltiples operaciones, se le prohibe leer y escribir, órdenes que son cumplidas por su madre y amigos. Finalmente, el 14 de junio de 1986 muere a sus 87 años en Ginebra. Obras LOS CUENTOS DE BORGES Aunque la poesía de Borges es digna de elogio, su fama internacional se debe a sus cuentos y ensayos. Se ha dicho que nadie en lengua española moderna ha creado como él un estilo " tan estilo ". En efecto, su personalidad artística se respalda no sólo en una temática novedosa, sino también en una técnica y en un estilo literario propio. Sus temas son en general de procedencia libresca, en cuanto parecen suscitados por lecturas del autor, quien una vez tomado el asunto en sus manos les da una perspectiva y una derivación originales, y convierte así, esa materia erudita y muerta, en un asunto de vitalidad e interés actuales. FICCIONES DE BORGES La infatigable oriqinalidad de Jorqe Luis Borges encuentra en este libro oportunidad de amplio lucimiento. Ficciones dio lugar en su momento a la enjundiosa admiración de la crítica sobre él, poco pueden agregar estás líneas que no buscan presentar al libro, sino simplemente repetir que Ficciones es imprescindible en la actualidad para juzgar la literatura contemporánea. El crítico y humanista Roger Caillois ha pronunciado palabras definitivamente consaqratorias: "Actualmente puede decirse sin paradoja que Borges es más conocido, más admirado y, sobre todo, más estudiado en las márgenes del Sena que en las del Río de la Plata." Traducido a varios idiomas, Ficciones fue galardoneado en 1961 con el Premio Internacional otorgado a los editores de Francia, EE.UU., lnqlaterra, ltalia, Alemania y España. A la edición primitiva, Borges agregó tres cuentos: El Fin, La Secta del Fénix y El Sur. Vuelven, pues, de nuevo a manos del lector Funes el memorioso, El jardín de senderos que se bifurcan, Tlón, Ugbar, Orbis Tertius. Con cada uno de los cuentos de Ficciones podría hacerse una selección por separado que incluyera los mejores del género. Todos pertenecen a la clásica categoría de las piezas antológicas. Medido y filoso, el estilo de Borges describe con acertada rapidez, la nota humorística de Pierre Menar, autor del Quijote, o el suspenso matemático de La muerte y la brújula, o la penetrada filosofía de El Sur; sin hablar de la Biblioteca de Babel, página premonitora y lúcida del actual director de la Biblioteca Nacional. LA COSMOVISIÓN DE BORGES Hay un trasfondo filosófico en todos ellos que se refleja en su concepción peculiar del tiempo, el espacio, la muerte, el infinito, la existencia humana y el mundo. Borges toma el mundo existente y real como si fuera una alucinación o una idealización dentro de la cual vivimos, sin darnos cuenta. La muerte es para él la clave de la vida y cada uno tiene su vida personal. El destino humano es incomprensible para el ser humano, y la vida se repite con nosotros simétricamente, es un inexplicable laberinto de destinos: el destino es como otra persona que llevamos dentro de nosotros mismos. El tiempo es un eterno retorno, un regreso hacia el infinito que se repite constantemente. Borges, debe toda esta concepción a su constante lectura de los filósofos. TÉCNICA Y ESTILO Aunque Borges se inició poéticamente con temas de repercusión popular, como la ciudad de Bs.As., sus calles, patios, compadritos, etc.; parece haber renunciado a esta modalidad ya que sus cuentos son materia literaria para otro tipo de público. Se requiere una erudición particular para poder entender a fondo el simbolismo de ellos, y esta erudición no siempre está al alcance de todos. Los géneros preferidos del escritor fueron el cuento fantástico, de contenido metafísico desarrollado dentro de una estructura algo parecida a la del relato policial, el tiempo y lo intemporal, la paradoja, la naturaleza, etc. Sus cuentos como sus relatos y sus poesías, son de una arquitectura estructural muy bien pensada, lógicamente desarrollados, y escritos con una economía de recursos certeramente planeada. Nada sobra en ellos, pero nada falta. Escribe lo estrictamente necesario para decir lo que tiene que narrar, y no se excede en ningún momento. Su estilo es otra de la novedades. Se ha dicho que sus ensayos y sus cuentos constituyen una serie de problemas literarios y filosóficos que , introduce con brevedad y resuelve con gracia y elegancia. OTRAS DE SUS OBRAS SON: " Poesía y Prosa "; El hacedor ( 1960 ); Elogio de la Sombra ( 1969 ); El Oro de los Tigres ( 1972 ). " Ensayos "; Inquisiciones ( 1925 ); El tamaño de mi Esperanza ( 1926 ); Evaristo Carriego ( 1930 ); Aspectos de la Literatura Gauchesca ( 1950 ); Otras Inquisiciones ( 1952 ); Borges Oral ( 1979 ); Historia de la Eternidad ( 1936 ); Libro de los Sueños ( 1976 ); Nueve Ensayos Dantescos ( 1982 ); Prólogos ( 1975 ), y algunos más. " Ficción "; El Jardín de Senderos que se Bifurcan ( 1941 ); La muerte y la Brújula ( 1951 ); El Libro de los Seres Imaginarios ( 1968 ); El Libro de Arena ( 1975 ) y Rosa y Azul ( 1977 ).

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