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Jorge Luis Borges es una inagotable fuente de sorpresas.Sus Obras, sus pensamientos, su particular idiosincracia,en este jardín de senderos que se bifurcan

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Che, Borges,¿y el tango?

Una extraña complicidad de ironías y contradicciones envuelven la relación del escritor con el tango.

Es muy posible que la discusión sobre si a Borges le gustaba o no el tango sea tan baladí como la de si Piazzolla hacía tango o no. Bien, Piazzolla hacía tango.
Ahora es curioso el empecinamiento que muchos tienen en sostener que a Borges no le gustaba el tango. Y es muy posible que al escritor le gustaran muchas más cosas de las que era capaz de aceptar o reconocer. Pero claro, están sus declaraciones; él sostenía a diestra y siniestra que el tango no le gustaba. Y es bueno recordar que sostener que a Borges no le gustaba el tango es una manera de menoscabar su figura haciéndolo aparecer como antiargentino. Porque no hay que olvidar que “pegarle” a Borges es un deporte nacional. Porque Borges excede los límites de la literatura, porque fue polémico, pero porque lo hicieron polémico, fue irónico porque era una forma de defenderse, y porque los que solo alcanzaron la altura de sus salidas ingeniosas nunca llegaron a las cimas de su obra. Claro siempre fue más fácil preguntarle por un jugador de fútbol que por Schopenhauer.
Pero es cierto, Borges solía sostener que no le gustaba el tango; y me pregunto si lo hacía simplemente por provocar, por darle algo de que hablar a los que nada tenían que decir o contestaba lo que muchos querían oír.
Veamos. Cierta vez el locutor Antonio Carrizo al salir con Borges de los estudios de Radio Rivadavia en Buenos Aires, le preguntó:
Carrizo: Usted dice que no le gusta el tango, pero usted mismo es medio tanguero.
Borges: Oiga, soy Borges
Carrizo: Está bien, pero ese poema “Remordimiento” es un poco sensiblero y llorón.
Borges: Tiene razón, pero no me lo diga. Nunca debí haber escrito ese poema tan cerca de la muerte de mi madre.
Y es cierto, Borges era tanguero, pero no por algún poema sensiblero, sino por su obra, su concepción de un Buenos Aires hecho de arrabal, sagüanes, compadritos y toda una mitología que no tiene otro mundo que el del tango. Mucho de los relatos de Borges son tangos mudados a la literatura.
Pero mejor será desandar ese camino de negaciones borgeanas y bucear en las verdaderas opiniones de Borges sobre el tango. Veamos lo que surge de una charla entre él y Ernesto Sábato:
Borges: Yo no entiendo de música, pero Troilo me gusta. Piazzolla en cambio... Un amigo me llevó a un concierto de él en Córdoba. Tocó seis piezas. Las escuché y me dije: Me voy, como no tocan tango, hoy... Es que mi cuerpo no lo acompaña. Nunca me gustó el bandoneón. Llegó después que el piano, el violín y la flauta.
Sábato: Pero llega a tiempo para convertir al tango, como diría Santo Tomás, “lo que era antes de ser”... Ya sé que a usted el bandoneón no le gusta.
Borges: Tampoco me gusta Gardel.
Y aquí me hago la primera pregunta: ¿No será que, en realidad, a Borges le gustaba determinado tipo de tango nada más? ¿Acaso no confesaba que gustaba de Troilo? Y si así era, ¿eso invalida al tango? A mi hay tangos que no me agradan, pero eso no significa que el tango no me gusta.
Me parece indudable que, por distintas razones, a Borges le gustaba aquel tango compadrón, o compadrito, el de flauta, guitarra y violín, más cercano a su universo, (real o imaginario) más propio de su visión de un mundo que tal vez nunca vio y él reconstruyó por lo que le contaron.
En una charla con Fernando Sorrentino el escritor sostiene, entre otras cosas: “Yo de chico -me he criado en un barrio pobre, en Palermo, el barrio de Carriego-, he visto bailar con corte a los hombres en las esquinas. Porque ninguna mujer iba a bailar eso, porque sabían que era un baile infame.... Cuando supieron que eso lo bailaba la gente bien, entonces la gente se resignó y lo bailó, pero fue muy resistido por el pueblo el tango, porque lo veían como un baile de gente de mala vida. Pero era muy distinto, porque era un baile muy alegre, muy movido, con figuras... obscenas, ¿francamente, no? En París lo adecentaron mucho, lo entristecieron y después vinieron personas que se encargaron ya de cambiarlo. Por ejemplo, La cumparsita ya corresponde a ese cambio. También Gardel, que no tiene nada que ver con la manera vieja de cantar el tango.”
Y sospecho que el fondo de la cuestión no está muy lejos de esto: A Borges llegó a gustarle el tango alegre, no el nostálgico que vino después. Ese tango que estaba más cerca de sus sueños juveniles que de Pascual Contursi. Pero sigamos un poco más:
“En cuanto a los orígenes del tango, -sigue diciendo Borges- me han interesado. Yo he conversado con Saborido, con Ernesto Ponzio, he conversado con don Nicolás Paredes, que fue caudillo en Palermo, he conversado con un tío mío que era niño-bien-calavera; he conversado con gente de Montevideo, de Rosario. Y todos me han dado el mismo origen”.
Y vuelvo a las sospechas, quizás, a Borges le gustaba ese tango hecho de picardía, de esquinas, de su barrio, incluso de sus relatos.
Ahora es bien sabido de su preferencia por la milonga, que está más cerca de aquel tango compadrito y alegre que él gustaba. Aunque su trabajo “Para las seis cuerdas” lejos está de aquellas letras picaras, más bien se emparientan con aquellas milongas fatales, en las que no están ausente el cuchillo, el amor, el coraje y la muerte. Y tal vez, contradiciéndose sin querer, deja que ese trabajo llegue al disco con la voz de Edmundo Rivero y la música de Astor Piazzolla.
Recorriendo los versos de “El tango” (1964) me encuentro con un tango que es tumba de aquellos personajes que, quizás, si para Borges eran el tango:
Aunque la daga hostil o esa otra daga,
El tiempo, los perdieron en el fango,
Hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
Muerte, esos muertos viven en el tango.
En la música están, en el cordaje
De la terca guitarra trabajosa,
Que trama en la milonga venturosa
La fiesta y la inocencia del coraje
.
Y me detengo en un punto donde, es solo una pretensión, aspiro a cruzarme con el sentimiento de Borges. Es recurrente en su obra el coraje. ¿Quizás porque él no era un hombre valiente? Tal vez. Y así, constantemente, la figura del compadrito, o del compadre, del que no tiene un instante de duda a la hora de enfrentar la muerte de la mano de un cuchillo, siempre está presente en su obra. Y esos personajes, hechos a cuchillo y coraje desaparecen del tango cuando este se hace sentimental. Entonces ya es el hombre que llora por la mujer que se le fue, por el engaño, latraición de la mina. Y Borges no aceptaba eso, él pensaba como había dicho el caudillo Paredes: “un hombre que piensa cinco minutos seguidos en una mujer no es un hombre, es un manflora”..

María Esther Vázquez, privilegiada amiga de Borges, cuenta en su libro “Borges, esplendor y derrota” lo siguiente: “Al mismo tiempo que nuestro escritor afirmaba su lugar en la literatura, hacía otras cosas. Por ejemplo, aprendió a bailar el tango (¡!) y la milonga. Es probable que le hayan enseñado a Güiraldes, él tenía fama de ser un gran bailarín, lo mismo que Victoria Ocampo, con quien compartió veladas tangueras. El entusiasmo (¿?) de Borges por el tango lo llevó a componer, con el músico Octavio Portela Cantilo, uno titulado Biaba con caldo, o sea, traducido del lunfardo, “paliza con sangre”. Parece que era muy divertido y compadrón; por desgracia, se ha perdido”. Creo que sobre esto no hay nada que agregar.

En definitiva si Borges sostenía que no le gustaba el tango no le creo. Sí me resulta más verosímil que ese comentario formaba parte de la personalidad de el personaje Borges, el de las notas en las revistas, el de las respuestas a las preguntas rápidas y malintencionadas.
Estoy tan seguro que a Borges le gustaba el tango como tanto tango hay en sus obras. Y algún mensaje misterioso me dice que lo que, en definitiva, Borges rescataba de aquellos tangos están en la última estrofa de su poema “El Tango”.
.... El tango crea un turbio
Pasado irreal que de algún modo es cierto,
El recuerdo imposible de haber muerto
Peleando, en una esquina del suburbio.
Para Borges el tango era el coraje, lo que vino después, sencillamente, no le gustó·

Por Carlos Hugo Burgstaller

Fuente: TANGO Reporter

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Biografía

"Autor contemporáneo Argentino que goza de mayor fama internacional ". Hijo de Jorge Guillermo Borges profesor y escritor y de Leonor Acevedo Haedo. Nació en Buenos Aires, el 24 de Agosto de 1899. El 4 de Marzo de 1901, nace su hermana, Norah, compañera de juegos con la que no peleaba nunca y con la que compartió sus miedos infantiles. Su padre a menudo le recitaba poesías en inglés; " idioma que se alternaba en el hogar con el español por la influencia de su abuela paterna Haslam Arnet ( inglesa )" , de Swiburne y de Keats, sus preferidos. La madre Leonor, afirmaba que fue su marido quien guió a su hijo en los gustos literarios; poseían la misma inteligencia, el mismo tipo de " humour " y conversaban de literatura mano a mano, desde que Jorge fue muy joven. El chico aprendió a leer en inglés y más tarde en Castellano, pero ni él ni su hermana fueron a la escuela, después de recibir en su hogar la instrucción que le imparte una institutriz inglesa, ingresó en el cuarto grado de la escuela primaria del Estado. El inglés fue el idioma de su infancia y en 1908 tradujo " El Príncipe Feliz ", de Oscar Wilde. Viajó luego a Europa con su familia, donde visitó París y se instaló en Ginebra, Suiza, donde los niños realizarían sus estudios refugiándose de la guerra. Estuvo luego en Francia, Alemania y España donde se inició como poeta y unió al grupo de los ultraístas, cuyo movimiento difundió en la Argentina. En 1922 funda la revista " Proa ", junto con González Lanuza, Macedonio Fernández y Norah Lange. De regreso en Buenos Aires se entregó a la poesía, dentro del movimiento ultraísta porteño, y publicó su primera colección Fervor de Buenos Aires ( 1923 ) y más tarde Cuaderno de San Martín. Integró el grupo literario Martín Fierro y participó en varias revistas. Transitó luego al relato y al ensayo corto y dio a conocer su Historia Universal de la Infamia ( 1935 ), que llamó poderosamente la atención del público literario por la novedad de los ensayos y la agudeza de los razonamientos, características que habría de conservar en su prosa para siempre. Dentro de esta línea publicó más tarde dos importantes colecciones de cuentos, Ficciones ( 1944 ) y El Aleph ( 1949 ). Fue más tarde profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras y se lo designó director de la Biblioteca Nacional ese mismo año. Obtuvo el " Prix International des Editeurs " en 1961, compartido con el escritor irlandés Samuel Beckett. Viajó por Europa y América dictando cursos y conferencias en numerosas universidades e instituciones culturales del país y del extranjero. Continuó publicando cuentos, poesías y ensayos en diversas revistas y diarios, que compiló más tarde en otros volúmenes. En 1946, al asumir Perón el gobierno, elegido en elecciones realizadas en ese año, es transferido en julio por el intendente Emilio Siri de su puesto de bibliotecario al de inspector de pollos, gallinas y conejos en las ferias municipales. Se trataba de una humillante venganza por su decidida oposición al peronismo. Borges renuncia y sigue dando conferencias (siempre vigiladas por policías o pesquisas del gobierno peronista) en el Instituto de Cultura Inglesa para ganarse la vida. Borges ha sido recompensado en su país y en el extranjero con un gran número de distinciones; entre ellas podemos nombrar: el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, que fue creado especialmente para él; de la cual fue presidente desde 1950 a 1953, el Primer Premio Nacional de Literatura ( 1956 ), el Premio Alfonso Reyes de México, el Premio Interamericano de Literatura Matarazzo Sobrinho de Brasil, en 1965 el embajador de Italia le entrega la medalla de oro del IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia, en 1966 recibe de la comuna de Milán el IX Premio Internacional Madonnina, el 22 de Mayo de 1968 el embajador de Italia le entrega las insignias de la Orden del Mérito de la República Italiana en el grado de Gran Oficial, a fines de Agosto de 1976 el gobierno de Chile lo condecora con la orden al mérito Bernardo O' Higgins en el grado de Gran Cruz, en Agosto de 1979 recibe de la República de Santo Domingo el premio denominado Canoabo de oro, el 3 de Junio de 1981 recibe en Cambridge (E.E.U.U) el doctorado Honoris de la Universidad de Harvard, a fines del mismo mes se le otorga el Doctorado Honoris Causa en Letras de la Universidad de Puerto Rico, fue designado doctor " honoris " causa de la Universidad Nacional de Cuyo y de la Universidad de Michigan (E.E.U.U ), etc. Desde 1962 fue miembro de la Academia Argentina de Letras. Su nombre fue propuesto varias veces para el Premio Nobel de Literatura. Sus obras se han traducido a veintiún idiomas. Como narrador, es considerado uno de los grandes cuentistas de la literatura universal. Sus obras han influido en escritores de todas las latitudes. Trabajaron en conjunto con Adolfo Bioy Casares, bajo el nombre de Bustos Domecq. Algunas de sus obras fueron: Dos fantasías memorables (1946 ); Seis problemas para don Isidro Parodi ( 1942 ); Cuentos breves y extraordinarios ( 1955 ) y algunos más. En 1973, la Municipalidad de Buenos Aires, lo declara ciudadano ilustre.A causa de su creciente ceguera, que motivó múltiples operaciones, se le prohibe leer y escribir, órdenes que son cumplidas por su madre y amigos. Finalmente, el 14 de junio de 1986 muere a sus 87 años en Ginebra. Obras LOS CUENTOS DE BORGES Aunque la poesía de Borges es digna de elogio, su fama internacional se debe a sus cuentos y ensayos. Se ha dicho que nadie en lengua española moderna ha creado como él un estilo " tan estilo ". En efecto, su personalidad artística se respalda no sólo en una temática novedosa, sino también en una técnica y en un estilo literario propio. Sus temas son en general de procedencia libresca, en cuanto parecen suscitados por lecturas del autor, quien una vez tomado el asunto en sus manos les da una perspectiva y una derivación originales, y convierte así, esa materia erudita y muerta, en un asunto de vitalidad e interés actuales. FICCIONES DE BORGES La infatigable oriqinalidad de Jorqe Luis Borges encuentra en este libro oportunidad de amplio lucimiento. Ficciones dio lugar en su momento a la enjundiosa admiración de la crítica sobre él, poco pueden agregar estás líneas que no buscan presentar al libro, sino simplemente repetir que Ficciones es imprescindible en la actualidad para juzgar la literatura contemporánea. El crítico y humanista Roger Caillois ha pronunciado palabras definitivamente consaqratorias: "Actualmente puede decirse sin paradoja que Borges es más conocido, más admirado y, sobre todo, más estudiado en las márgenes del Sena que en las del Río de la Plata." Traducido a varios idiomas, Ficciones fue galardoneado en 1961 con el Premio Internacional otorgado a los editores de Francia, EE.UU., lnqlaterra, ltalia, Alemania y España. A la edición primitiva, Borges agregó tres cuentos: El Fin, La Secta del Fénix y El Sur. Vuelven, pues, de nuevo a manos del lector Funes el memorioso, El jardín de senderos que se bifurcan, Tlón, Ugbar, Orbis Tertius. Con cada uno de los cuentos de Ficciones podría hacerse una selección por separado que incluyera los mejores del género. Todos pertenecen a la clásica categoría de las piezas antológicas. Medido y filoso, el estilo de Borges describe con acertada rapidez, la nota humorística de Pierre Menar, autor del Quijote, o el suspenso matemático de La muerte y la brújula, o la penetrada filosofía de El Sur; sin hablar de la Biblioteca de Babel, página premonitora y lúcida del actual director de la Biblioteca Nacional. LA COSMOVISIÓN DE BORGES Hay un trasfondo filosófico en todos ellos que se refleja en su concepción peculiar del tiempo, el espacio, la muerte, el infinito, la existencia humana y el mundo. Borges toma el mundo existente y real como si fuera una alucinación o una idealización dentro de la cual vivimos, sin darnos cuenta. La muerte es para él la clave de la vida y cada uno tiene su vida personal. El destino humano es incomprensible para el ser humano, y la vida se repite con nosotros simétricamente, es un inexplicable laberinto de destinos: el destino es como otra persona que llevamos dentro de nosotros mismos. El tiempo es un eterno retorno, un regreso hacia el infinito que se repite constantemente. Borges, debe toda esta concepción a su constante lectura de los filósofos. TÉCNICA Y ESTILO Aunque Borges se inició poéticamente con temas de repercusión popular, como la ciudad de Bs.As., sus calles, patios, compadritos, etc.; parece haber renunciado a esta modalidad ya que sus cuentos son materia literaria para otro tipo de público. Se requiere una erudición particular para poder entender a fondo el simbolismo de ellos, y esta erudición no siempre está al alcance de todos. Los géneros preferidos del escritor fueron el cuento fantástico, de contenido metafísico desarrollado dentro de una estructura algo parecida a la del relato policial, el tiempo y lo intemporal, la paradoja, la naturaleza, etc. Sus cuentos como sus relatos y sus poesías, son de una arquitectura estructural muy bien pensada, lógicamente desarrollados, y escritos con una economía de recursos certeramente planeada. Nada sobra en ellos, pero nada falta. Escribe lo estrictamente necesario para decir lo que tiene que narrar, y no se excede en ningún momento. Su estilo es otra de la novedades. Se ha dicho que sus ensayos y sus cuentos constituyen una serie de problemas literarios y filosóficos que , introduce con brevedad y resuelve con gracia y elegancia. OTRAS DE SUS OBRAS SON: " Poesía y Prosa "; El hacedor ( 1960 ); Elogio de la Sombra ( 1969 ); El Oro de los Tigres ( 1972 ). " Ensayos "; Inquisiciones ( 1925 ); El tamaño de mi Esperanza ( 1926 ); Evaristo Carriego ( 1930 ); Aspectos de la Literatura Gauchesca ( 1950 ); Otras Inquisiciones ( 1952 ); Borges Oral ( 1979 ); Historia de la Eternidad ( 1936 ); Libro de los Sueños ( 1976 ); Nueve Ensayos Dantescos ( 1982 ); Prólogos ( 1975 ), y algunos más. " Ficción "; El Jardín de Senderos que se Bifurcan ( 1941 ); La muerte y la Brújula ( 1951 ); El Libro de los Seres Imaginarios ( 1968 ); El Libro de Arena ( 1975 ) y Rosa y Azul ( 1977 ).

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